Honduras

Las tortillas que alimentan a los hondureños

Un negocio familiar que comenzó con la venta de tortillas, ha expandido su oferta y sus sedes, demostrando que los productos catrachos tienen buena aceptación.

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07.04.2014

Ana amasó una idea en 2005, que de sus manos saldría el sabor que conquistaría la mesa de centenares de familias. Siete años después esa idea es una realidad, sus tortillas Catrachitas, no solo se distribuyen en Tegucigalpa, sino que llegan a varios puntos del país y, además no se limitan a tortillas, sino que a una variedad de productos elaborados a base de maíz, harina de trigo y plátanos.

El comienzo fue difícil, sacrificado y extremadamente cansado. “Empezamos dos personas, mi esposo y yo, éramos como pulpos porque hacíamos de todo. Elaborábamos las tortillas, ya que fue el primer producto que producimos, empacábamos, vendíamos, visitábamos a los clientes y después de esto teníamos que dedicarnos a los quehaceres del hogar, las tareas de nuestros hijos, solo dormíamos como tres horas diarias”, recuerda Ana Flores, la hondureña que comenzó la microempresa Tortillas Catrachitas y que hoy da empleo directo a 32 personas.

Marcando la diferencia

La empresa no fue la primera de su categoría, pero sí la que ha marcado pauta de que cuando las cosas se hacen con esmero y decisión, la recompensa es grande.

“Yo siempre he dicho que las necesidades de mercado crean empresas y las empresas se crean por la necesidades de mercado y fue cuando entramos”, relata. Tortillas Catrachitas fue la cuarta microempresa dedicada a la comercialización de este alimento y al poco tiempo Ana vio que los capitalinos necesitaban más que tortillas de harina de maíz en sus mesas.

“Teníamos aproximadamente una cuarta parte del mercado y, aunque éramos nuevos, innovamos desde el principio ofreciendo no solo un producto, sino que también le pusimos un valor agregado, nos preocupamos por dar una atención personalizada a nuestros clientes”.

Fue este último aspecto lo que permitió conocer lo que necesitaban los capitalinos en sus mesas, el tamaño y cantidad de tortillas que requerían en cada paquete y el potencial que representaba ofrecerles otros productos.

Y la microempresa avanzó.

En un inicio los mercados de venta estaban centrados en pulperías y mercaditos, “pero como nunca nos quedamos estancados en lo mismo fuimos creciendo. Nos unimos a varias cadenas de supermercados que operan en todo el país, llegamos a nivel nacional mediante las tiendas de conveniencia de las gasolineras porque ya no solo ofrecíamos lo tradicional, pues además teníamos cuatro presentaciones de tortillas de maíz, incluimos nachos, tortillas de harina de trigo, tajaditas y últimamente estamos apostando a la panadería y repostería”.

Ejemplar

Pese a los tropiezos, las satisfacciones sobresalen y es que para Ana la vida es una lucha constante, “cada día es un reto que superar”.

La microempresaria anima a quienes quieren “tirar la toalla” y vender sus micro o pequeñas empresas ante la difícil situación que atraviesa el rubro en la actualidad. “Yo me miro como que los micros y pequeños empresarios somos soldados, que no debemos abandonar el puesto de batalla”.

Para Ana, los luchadores nunca deben conformarse con poco, decir “ya produje lo de hoy y hasta aquí me quedaré, no es suficiente, hay que ver más allá, los negocios son cambiantes, debe mejorar y buscar la innovación”, recomienda la emprendedora.

“Mi secreto... confiar en Dios”, asegura al recordar un pasaje de la Biblia: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”. Entonces, medita Ana, “si él está conmigo, no necesito más que la voluntad de hacer las cosas”.