Tegucigalpa, Honduras.- El Congreso Nacional volvió a transformarse este jueves en un escenario donde la solemnidad brilla por su ausencia y el espectáculo desplaza al debate de altura.
Lo que debía ser una jornada de análisis jurídico sobre el destino de las autoridades electorales, se convirtió en un nuevo episodio de la ya tradicional “insurrección legislativa”, dejando a la población con una mezcla de indignación y asombro ante el comportamiento de quienes, irónicamente, ostentan el título de padres de la patria.
La cita, pactada para las 11:00 de la mañana, no fue más que una sugerencia en el reloj parlamentario. No fue sino hasta las 2:00 de la tarde que el repique de la campana anunció el inicio de la sesión, y apenas veinte minutos después, el secretario comenzó la lectura de un informe que, según el presidente Tomás Zambrano, tiene el grosor de una enciclopedia: 184 páginas que amenazan con extenderse por al menos cinco horas de lectura ininterrumpida.
Apenas se pronunciaron las primeras palabras del dictamen, la bancada del Partido Libertad y Refundación (Libre) activó su protocolo de protesta.
En un despliegue de creatividad técnica, los diputados convirtieron simples folders amarillos de oficina en improvisadas pancartas de resistencia.
Con consignas como “No a la dictadura”, “Fuera la Racha” y “No al juicio politizado”, los legisladores se apostaron frente a la junta directiva, creando una muralla humana que obligó al resguardo inmediato de una valla de guardias de seguridad.
El ambiente sonoro no fue menos caótico. Al ritmo de pitos ensordecedores que recordaban más un partido de fútbol que una sesión soberana, los diputados de Libre intentaron silenciar la lectura del secretario. Sin embargo, la protesta no solo fue ruidosa, sino también digital: en una muestra de "insurrección moderna", casi todos los parlamentarios de izquierda sostenían sus teléfonos móviles, realizando transmisiones en vivo para sus seguidores, narrando su propia versión de los hechos y denunciando lo que consideran un atropello a la institucionalidad.
Mientras el frente del hemiciclo era un hervidero de gritos y pitidos, el contraste en las curules del oficialismo es casi sepulcral.
Los diputados nacionalistas y liberales observaban la escena con una mezcla de resignación y aburrimiento; algunos revisaban sus propios celulares, otros intentaban leer el informe entre el ruido, y la mayoría simplemente se limitaba a contemplar el nuevo “zafarrancho” de sus colegas, como quien ve una película que ya ha visto demasiadas veces.A pesar del estruendo y la parálisis visual, la lectura del informe avanza, como un barco navegando en una tormenta de pitos.
Pero luego de casi un hora de zafarrancho los diputados de Libre se retiraron del hemiciclo, para luego uno por uno regresar y sentarse en su curul para cargar energías y posteriormente volver a sus acciones de protesta.
Se espera que, tras agotar las 184 páginas, el magistrado Mario Morazán haga su entrada al pleno para ejercer su defensa, siendo el único de los señalados que ha mostrado disposición de encarar a los diputados.
Al final de esta maratónica y accidentada jornada, el pleno deberá decidir si procede con la destitución de los cuatro funcionarios, en una votación que definirá si el sistema electoral sale fortalecido o si este espectáculo fue solo el preludio de una crisis mayor.