Las potentes ráfagas de viento que refrescan a los habitantes de El Paraíso son aprovechadas por Óscar Paguaga y Javier Cáceres para convertirlas en energía limpia.
Paguaga se encargó de realizar el trabajo técnico del proyecto, mientras que Cáceres fabricó las estructuras metálicas que necesitaban para captar las corrientes del viento.
En la puesta en marcha del proyecto invirtieron unos 5,000 lempiras.
La vivienda de Javier, ubicada en el barrio Las Lomitas, es el lugar donde se puso a prueba el ingenio de ambos. A un costado oeste de la casa instalaron dos torres, una de seis metros de altura y otra de tres metros.
La torre más alta genera 750 watts y la otra unos 70 watts.
Para producir esta potencia, las torres requieren de una fuerza del aire de unos cinco kilómetros por hora.
La energía eléctrica que genera el viento llega a un acumulador, quien a su vez alimenta los electrodomésticos que se encuentran en el interior del inmueble.
De acuerdo con los inventores del proyecto, la energía que logran producir es suficiente para alimentar a un televisor y una computadora de escritorio por cinco horas continuas.
Costos
El costo para la construcción de la torre y el generador eólico es variable, por lo que se requiere de un estudio previo para conocer el monto final, según Javier Cáceres.
“Antes de instalar el equipo, invertía unos 1,500 lempiras en pago del servicio de energía eléctrica cada mes, pero ahora me ahorro hasta 700 lempiras”, explicó el entrevistado.
Luego de comprobar que es efectivo este sistema, Paguaga y Cáceres pretenden implementar pequeños proyectos de energía limpia en la zona oriental.
“Tuve esta visión emprendedora cuando fui a una capacitación que brindó la Comunidad Europea, donde aprendimos a crear generadores de energía a bajos costos”, contó Paguaga.
La formación que recibió el entrevistado le sirvió para trabajar en proyectos en diferentes países, entre ellos Nicaragua, Costa Rica y Cuba.
En el caso de los países centroamericanos contribuyó con la electrificación de varias comunidades fronterizas de Nicaragua, localizadas en el río Coco y la ribera del río Patuca.
“Existen varias comunidades nicaragüenses en las que trabajamos con el programa, y debido a la cercanía que estos poblados tienen con
Honduras, también se nos permitió beneficiar a varios conciudadanos”, aseguró.
En el país, aunque ha presentado propuestas, a la fecha no ha logrado captar el interés de las autoridades.
Otros sistemas
Paguaga y Cáceres además han comenzado a apostarle a la energía hídrica.
El equipo que han logrado armar funciona al ser conectado a la llave del agua potable, lo que a su vez mueve un motor que almacena la energía.
“Este método le permitirá a una familia alumbrarse durante siete horas, como mínimo, y la cantidad de aparatos con que cuenta en la casa”, explicó Cáceres.
Ante la carencia de propuestas de este tipo y la falta de apoyo estatal para impulsar un programa de expansión del invento, los dos creativos están dispuestos a impartir cursos de formación para jóvenes y adultos interesados en el tema.