Tegucigalpa, Honduras.- La Plaza Central de Tegucigalpa fue escenario de la ceremonia de incineración de la Bandera Nacional este lunes 31 de agosto, un acto que marca el cierre protocolario previo a la conmemoración del Día de la Bandera, celebrado cada 1 de septiembre.
"Estaremos dando inicio a una solemne ceremonia de incineración de la bandera nacional de Honduras. Este es un acto que representa respeto, honor y profundo patriotismo hacia uno de los principales símbolos de nuestro país", expresó una agente de la Policía Nacional durante la transmisión del evento.
El acto coordinado por las Fuerzas Armadas de Honduras reunió a autoridades civiles y militares. Durante la ceremonia se procedió a bajar la bandera que había permanecido izada pese a su desgaste visible para luego realizar la incineración del pabellón.
Lejos de tratarse de un simple trámite, la incineración del símbolo patrio es el mecanismo oficial y respetuoso mediante el cual se retira de circulación tras cumplir su ciclo útil.
El protocolo establece que ninguna bandera con roturas, decoloración o daños severos puede terminar en la basura ni seguir ondeando en actos cívicos.
Por esa razón, el Estado hondureño reserva para estos símbolos un final distinto: una despedida con honores que busca dignificar lo que representaron durante años de servicio en instalaciones públicas, militares y educativas.
La fecha no es casual. Todos los 31 de agosto, se repite esta vigilia que antecede al 1 de septiembre, jornada en que Honduras celebra oficialmente el Día de la Bandera Nacional y da el banderazo de salida a las fiestas patrias de independencia.
El respaldo legal del procedimiento se encuentra en el artículo 251 de la Ley Constitutiva de las Fuerzas Armadas de Honduras, complementado por el reglamento de ceremonial y protocolo que rige este tipo de actos cívico-militares.
Detrás de la incineración hay un simbolismo que trasciende lo protocolario. Al quemar el pabellón en lugar de desecharlo, se evita cualquier forma de profanación y, según la tradición, las cenizas resultantes representan el regreso del pabellón "a las entrañas de la patria".