Tegucigalpa, Honduras.- El partido Libertad y Refundación (Libre) ha entrado en una fase de convulsión interna que amenaza con dinamitar sus bases tras la estrepitosa derrota electoral de 2025.
Lo que comenzó como una tímida intención de renovación se ha transformado este fin de semana en una guerra abierta en redes sociales, donde el sector "Rixista" y los grupos bajo la unción directa de José Manuel Zelaya Rosales han cerrado filas para dejar claro que, en su estructura, no existe espacio para nuevos liderazgos que no cuenten con el aval del "familión" presidencial.
La disputa se agudizó el pasado 16 de abril, cuando el exministro de la Secretaría de Infraestructura y Transporte (SIT), Octavio Pineda, publicó una fotografía junto al exalcalde capitalino Jorge Aldana, dejando entrever sus aspiraciones presidenciales.
"Iniciamos juntos en este andar hermano Jorge Aldana y vamos hasta el final... Es Partido Libre la única esperanza de nuestro pueblo", rezaba el mensaje que desató la furia de los sectores más ortodoxos, quienes ven en cualquier alternativa a Rixi Moncada una traición al proyecto refundacional que fracasó.
Esta arremetida digital, protagonizada por exfuncionarios que aún no digieren su transición a la "llanura", evidencia que el partido no ha realizado una reflexión profunda tras haber obtenido apenas el 19% de los votos en los últimos comicios.
En lugar de autocrítica, la respuesta ha sido el ataque sistemático hacia Pineda, denotando que la soberbia de quienes se creyeron eternos en el poder sigue intacta, a pesar de haber reducido a Libre a una fuerza minoritaria.
Ataques de la "argolla"
“Durante estos años hemos conocido de cerca la trayectoria de nuestra candidata. Hoy está claro así como estuvo en el pasado: es la única capaz de cumplir el anhelo de sacar a este país de la podredumbre... Vuelve el tiempo de tomar partido entre seguir hundidos en lo mismo o abrir paso a un nuevo rumbo. Con Rixi”, publicó Russel Garay, alineándose a la narrativa que excluye cualquier competencia interna.
La descalificación no se limitó al plano local. Tras huir a México, el exconsejero del CNE, Marlon Ochoa, lanzó un dardo cargado de veneno al postear: “Por el bien de Honduras, prefiero mil veces a una candidata a quien lo que le falta es aprender a subir TikToks, que a uno al que le faltan principios y honestidad”.
Este tipo de ataques personales hacia un excompañero de gabinete y "compañero de lucha" refleja el nivel de descomposición y falta de tolerancia democrática que impera en los cuadros cercanos a Moncada.
Por su parte, Gerardo Torres, exvicecanciller, fue más allá al cuestionar la ideología y la lealtad de Pineda, acusándolo con sarcasmo de querer rebasar por la derecha a la oposición.
“Octavio tuvo una cartera multimillonaria en el gobierno de la radical Xiomara Castro... ¿Y cómo le pagó el ex Ministro?, si no fue, no cumpliendo el acuerdo y dejando botada su responsabilidad de enlace de la campaña en Francisco Morazán”, fustigó Torres, evidenciando que para la cúpula, la eficiencia administrativa de Pineda en la SIT no cuenta si no se somete a la disciplina ciega del "Rixismo".
“El mismo día que afilaban la guillotina para cortarle la cabeza a Morazán y a Ochoa le pareció el mejor día para lanzar su candidatura. ¿Qué quería, el brillo de ese filo para peinarse?”, añadió Torres en una de las críticas más ácidas de la jornada.
Incluso voces analíticas, como la del exministro José Cardona, reconocen la crisis de identidad.
Cardona describe a Pineda como un "fundador" ajeno a los "turistas revolucionarios" y a los "traficantes de viajes a Venezuela", pero no duda en señalar que su perfil "pequeño burgués" y "millennial" aterra a los sectores más radicales del partido.
“La 'división', si se permite el término, es generacional. En un país con 4 millones de votantes menores de 35 años, las masas juveniles rechazan la afinidad hacia Nicaragua y Venezuela... Octavio representa ese mantra aspiracional capitalista... Rixi, en cambio, representa los valores tradicionales de la Generación X... brújula moral que algunos interpretan como la representación del relevo del legendario gobierno del ex presidente Zelaya”, analizó Cardona, dejando en evidencia que el partido está atrapado entre el anacronismo ideológico y la necesidad de conectar con una realidad juvenil que ya no compran sus discursos de los años noventa.
Cardona incluso lanzó una dura crítica a los seguidores de Moncada: “¿Va a alejarse de los nefastos rixiboys, o al menos darles algún consejo para que por lo menos finjan ser humanos?”, cuestionó, sugiriendo que el entorno de la precandidata oficialista peca de arrogancia e insensibilidad ante la base.
A pesar de que líderes como Carlos Eduardo Reina han exhortado a un encuentro de reflexión antes de lanzar candidaturas, el canibalismo interno parece imparable.
A más de cuatro meses de la aplastante derrota electoral, Libre se muestra ante la nación no como un partido democrático, sino como una estructura donde solo se actúa bajo la "bendición" o la "orden" de su coordinador general, Manuel Zelaya Rosales.
La incapacidad de aceptar nuevos liderazgos sin estigmatizarlos como "derechistas" o "traidores" confirma que Libre no ha aprendido la lección de las urnas.
Mientras la cúpula siga aferrada a la unción de una sola figura y reprima cualquier intento de democratización interna, el partido seguirá alejándose del votante independiente y condenándose a ser una minoría estéril, prisionera de un dueño y no de una causa nacional.