Tegucigalpa, Honduras.- Eran las 9:10 de la noche cuando la música de ambientación se apagó de golpe, los músicos tomaron sus puestos en silencio y el Nacional de Ingenieros Coliseum explotó antes de que Francisco Javier Álvarez Beret (España, 1996) siquiera pisara el escenario.
Cuando lo hizo, lo hizo despacio, con esa cojera discreta que arrastra desde inicios de mayo, cuando él mismo confirmó una fractura en su peroné. Nada en su actitud, sin embargo, sugería que aquello le pesara. Caminó hacia el centro del escenario como quien llega a casa.
Así arrancó el debut en el país del cantautor sevillano, en el marco de su gira continental "Lo bello y lo roto", un nombre que anoche era casi un retrato involuntario del artista que tenían delante.
Abrió con "Si te vuelvo a llamar" y siguió con "Vuelve", dos canciones que el público conocía de memoria y cantó desde el primer acorde. La banda que lo acompaña aportó batería, teclado y bajo, mientras Beret reservaba la guitarra para los momentos que pedían más intimidad.
Su voz es uno de esos instrumentos que no necesita explicación. Raspada en los bordes y directa en el centro, es capaz de moverse entre el rap cadencioso y la balada más abierta sin perder coherencia ni calidez.
Su refrescante naturalidad —irónica en una noche tan calurosa— fue quizás lo que más sorprendió a quienes lo veían por primera vez en escena.
Antes de cada tema, el artista contaba en pocas frases de dónde venía la canción. Explicó el origen de "Porfa no te vayas", "¿Cómo va a saber de amor?", "Te echo de menos", "Desde cero" y "Superhéroes".
Su estilo es una fusión ecléctica de rap, reggae, pop y flamenco, versatilidad que le permite explorar sonidos y matices distintos sin que nada suene forzado.
En el recinto deportivo eso se notó a través de momentos donde la base rítmica se volvía más densa, casi urbana, y otros donde todo se reducía a la voz y las cuerdas, y el silencio del público era tan absoluto que se podría haber escuchado cualquier cosa.
Vestido de negro de pies a cabeza —camiseta oversized, pantalón oscuro y la pierna vendada apenas visible—, Beret mantuvo una estética despojada que no restó ni un gramo de presencia.
El setlist incluyó también material de "Lo bello y lo roto", el álbum del que se desprende esta gira. El concepto del disco gira en torno a las cicatrices que cuentan historias y a las pérdidas que nos transforman; musicalmente traza un puente entre lo crudo y lo delicado, entre el pop más contemporáneo y arreglos de corte mainstream, sin abandonar su característica melancolía. Temas como "Fran" y "Flores" tuvieron su espacio dentro de esa estructura.
A lo largo del concierto, los gritos de "¡te amo!" llegaban desde distintos rincones. También hubo piropos, ovaciones, carteles y teléfonos en alto filmando cada coro.
En determinados momentos invitó a encender las linternas, y luego a sumar palmas y coros. Honduras respondió sin dudarlo.
Beret es uno de los mayores fenómenos de la era digital en la música española, un cantautor que construyó desde su habitación y con YouTube como único escenario un seguimiento masivo gracias a sus letras directas y cargadas de emoción. Su popularidad global despegó con "Dime quién ama de verdad", cuyo estribillo se viralizó en redes durante varios años, y se consolidó con "Lo siento", el tema que lo lanzó a las listas de España y América Latina.
Hoy, canciones como "Hola, ¿qué tal?" y "Si por mí fuera" ya forman parte del repertorio que cualquiera tararea sin pensarlo —ya lo confirmamos—.
El sevillano reservó los platos fuertes para el cierre. "Ojalá", "Cupido" y "Lo siento" pusieron fin a una hora y media de show que nadie en el Coliseum pareció querer que terminara. Cuando la última nota se apagó, los aplausos tardaron en parar.
Beret salió del escenario con la misma calma con que había entrado, con la pierna rota y la voz... sin una sola fractura.