Tegucigalpa, Honduras.- La desinformación electoral no termina cuando se cuenta el último voto. En las dos primeras entregas, EH Verifica y LA PRENSA Verifica mostraron el pico del 30 de noviembre de 2025 y el repertorio que se disfrazó de evidencia.
Esta tercera parte retrata el clima que quedó después: la hostilidad aumentó con fuerza en el periodo postelectoral, y esa emoción elevó la predisposición a creer y compartir narrativas falsas y engañosas.
El registro documentó 61 contenidos de discurso de odio que fueron publicados en redes sociales entre el 10 de octubre y el 30 de diciembre de 2025. De ese total, 10 ocurrieron antes o el mismo 30 de noviembre, mientras 51 aparecieron después.
El dato central es contundente: 83.6% del odio registrado se ubicó tras la elección. Comparado con el tramo previo, el volumen posterior fue 5.1 veces mayor, equivalente a un incremento del 410% en registros.
Dónde se concentró
La circulación del odio se concentró en Facebook, con 37 contenidos (60.7%), y en X, con 20 (32.8%). TikTok registró 4 (6.6%). El patrón sugiere dos dinámicas distintas: Facebook favorece la difusión en comunidades donde la repetición normaliza la hostilidad; X amplifica la confrontación pública y la disputa por narrativas.
David Bolaños, editor del medio de comunicación Doble Check, de Costa Rica, reflexionó sobre el terreno fértil que representan las redes sociales para que el discurso de odio encuentre refugio y aceptación.
"El discurso violento, de ataque y de conspiración va a surgir independientemente de los resultados de las elecciones, porque esas ya son las condiciones a las que nos lleva el discurso político que predomina en los países" expresó.
En cuanto al formato, dominó la imagen: 36 contenidos (59%). El texto apareció en 13 casos (21.3%) y el video en 12 (19.7%). En redes, la imagen funciona como golpe emocional: no explica, etiqueta; no argumenta, ridiculiza; no demuestra, empuja a reaccionar.
La investigación también identificó que el fenómeno no se limitó a cuentas individuales. Los usuarios concentraron 25 contenidos (41.0%), pero los perfiles oficial/funcionario aportaron 12 (19.7%) y los grupos públicos 9 (14.8%).
También aparecen pseudomedios (5; 8.2%). Cuando la hostilidad proviene de perfiles con apariencia de autoridad o de canales que simulan información, el mensaje tiende a ganar legitimidad y velocidad.
Bolaños señaló que esta técnica, o “maña repetida”, como la llamó textualmente, lleva años detectándose y se ha fortalecido, en parte porque incluso políticos replican el contenido de este tipo de perfiles.
"La herramienta más usual en la difusión de desinformación es precisamente aparentar algo que no es, y existen un montón de cuentas que fingen ser medios de comunicación y tener una reputación comprobable", opinó.
Emoción y severidad: el combustible
El formato narrativo dominante fue el insulto (20 casos; 32.8%). Luego aparecen el llamado a la acción y la difamación (13 casos cada uno; 21.3%), además de memes (10; 16.4%) y amenazas (2; 3.3%).
Esto importa porque el odio no solo degrada el debate: también orienta conductas, presiona identidades y empuja a ver al adversario como enemigo.
Las emociones predominantes refuerzan la alerta. La burla fue la más frecuente (18; 29.5%), seguida por indignación (15; 24.6%) e ira (14; 23.0%). Indignación e ira sumaron 47.5% del total.
En términos prácticos, ese combo reduce el umbral crítico: cuando el público está enojado, comparte más rápido y verifica menos.
Para Francis López, coordinadora de la maestría de Ciencias Políticas y Gestión Electoral de la Universidad José Cecilio del Valle (UJCV), la crítica y los señalamientos personales para atacar a actores políticos constituyen una tendencia de larga data en la política.
"El discurso de odio es un reflejo de la cultura hondureña”, comentó.
Los grupos más afectados fueron partidos políticos y funcionarios, con 15 casos cada uno (24.6% y 24.6%). Los candidatos presidenciales concentraron 9 (14.8%). En conjunto, casi la mitad del fenómeno se dirigió a partidos y funcionarios (49.2%), un golpe directo al corazón de la legitimidad democrática.
En severidad, el panorama fue tenso: 23 contenidos fueron clasificados como severos (37.7%) y 20 como moderados (32.8%). La suma de moderado y severo alcanzó 70.5%. Además, 13 contenidos (21.3%) incluyeron incitación a la violencia, un umbral que va más allá de la agresión retórica.
El exmagistrado del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Denis Gómez, consideró que el discurso de odio se difunde con mayor facilidad en las nuevas plataformas digitales, lo que dificulta su control; por ello, propuso regular su uso en la Ley Electoral.
"El discurso de odio ahora tomó otras dimensiones y se trasladó a otras plataformas, que pueden ser de menor costo y de mayor difusión. Pero a mayor difusión hay menor control”, enfatizó.
“En ese punto, creo que también surge la necesidad de establecer una adición a la ley electoral que regule el uso de estas plataformas”, planteó.
Además, el catedrático de la maestría en Ciencias Políticas de la UJCV recomendó fortalecer las competencias tecnológicas y educar a la población para que desarrolle criterio propio, evite la desinformación y aprenda de lo ocurrido en las elecciones generales de 2025.
"Estamos en la era digital y en la necesidad de capacitarnos en las competencias digitales que la nueva normalidad exige. Pero en ese propósito también está la necesidad de educar a la población para que, efectivamente, tenga mayor criterio y evite la misinformación y la desinformación”, exhortó.
Así cierra la serie: el 30 de noviembre fue la ventana más vulnerable; la mentira se vistió de prueba para entrar sin fricción; y, después, el odio creció y endureció el clima emocional donde la sospecha se vuelve normal. Cuando esa combinación se instala, el daño no depende de un solo bulo: depende del ambiente que deja.