Tegucigalpa, Honduras-. Detrás de cada taza de café hondureño hay una historia que comienza en la finca, atraviesa procesos cuidadosos y termina en manos de quien lo prepara y lo cuenta. En ese último eslabón de la cadena, el barismo, cada vez más mujeres están encontrando no solo un oficio, sino una oportunidad para transformar su relación con el café, con su origen y con un sector históricamente dominado por hombres.
En Honduras, la participación femenina en el barismo se ha ido abriendo camino con el paso de los años. Más allá de ser una simple bebida, el café se ha convertido en un agente de cambio que conecta el origen, los procesos y a las personas que hacen posible cada taza. A medida que la industria cafetera continúa evolucionando, resulta esencial seguir apoyando a las mujeres y garantizarles las herramientas necesarias para prosperar, no solo como un acto de justicia social, sino como una apuesta por fortalecer un sector clave para la economía del país.
En ese contexto, los campeonatos de barismo han cobrado un papel determinante. Estos espacios no solo evalúan técnica y destreza, sino que resaltan el conocimiento del origen, el respeto por los procesos y la capacidad de contar la historia del café hondureño desde la finca hasta la taza. Cada vez más mujeres participan y compiten en igualdad de condiciones, demostrando que el talento, la pasión y la sensibilidad no tienen género.
Desde que Ana Lucía Lardizábal se convirtió en 2010 en la primera mujer en ganar el Campeonato Nacional de Barismo, hasta la representación femenina en competencias más recientes como la participación de Monserrath Morazán, primera mujer en representar a Honduras en el Campeonato de Métodos de Filtrado, la presencia de mujeres en estos escenarios ha contribuido a redefinir la industria del café de especialidad en el país.
En ese camino de profesionalización y visibilidad, la formación ha sido un pilar clave para que más mujeres puedan acceder y permanecer en el barismo.
Mary Portillo: educar desde el origen
Una de las figuras clave en esta transformación es Mary Portillo, productora, catadora y barista, hija de productores y cuarta generación de una familia cafetalera. Desde pequeña, su curiosidad la llevó a preguntarse qué ocurría con el grano después de la cosecha y por qué cada etapa del proceso era determinante para la calidad final del café.
“Yo, desde que tengo uso de razón, tuve mucha curiosidad por entender cómo funciona la producción, pero más allá de eso, qué pasa con ese grano por qué la gente se esfuerza en colectarlo, lavarlo a tiempo, secarlo... siempre tuve interés en entender más allá del rubro”, relata.
Tras graduarse de la secundaria, inició su camino profesional en la Cooperativa CAPUCAS, en Copán, como auxiliar de barista. Ese primer acercamiento le permitió descubrir que el barismo no era solo un trabajo, sino una oportunidad de crecimiento vinculada directamente a su historia familiar y al sector cafetalero.
Mi paso por CAPUCAS ha sido crucial”, afirma, destacando el respaldo del gerente de la cooperativa, quien le abrió oportunidades y la impulsó a continuar formándose. “Siempre nos recordaba que debíamos seguir avanzando en el conocimiento y compartirlo con los demás”.
En 2016, Mary Portillo ganó el Campeonato Nacional de Barismo, convirtiéndose en la segunda mujer hondureña en lograrlo, y representó al país en el campeonato mundial realizado en Irlanda. En 2017, volvió a ganar la competencia nacional y representó a Honduras en Corea del Sur. En ambos escenarios, recuerda haber competido mayoritariamente con hombres, una realidad que asumió como reto y que evidenció la limitada presencia femenina en espacios de alto nivel.
Su aporte más significativo, sin embargo, se ha consolidado en el ámbito de la formación. Mary Portillo es la primera mujer en Honduras instructora con licencia internacional Q Grader y campus autorizado bajo estándares globales de la Specialty Coffee Association (SCA). Inició su formación como alumna de la SCA en 2016 y, desde 2021, se desempeña como instructora certificada, contando actualmente con una de las licencias más extendidas del país.
“Entendí que en Honduras necesitamos educadores certificados, con conocimiento avalado por instituciones internacionales, para que los alumnos tengan una carrera al mismo nivel técnico y con el mismo lenguaje profesional que cualquier barista de otro país”, explica.
Es directora de la Capucas Coffee Academy, ubicada dentro de la cooperativa CAPUCAS, en San Pedro Copán, donde se imparte formación integral en barismo, catación, métodos, café verde, análisis sensorial, sostenibilidad, uso del agua, mantenimiento de equipos y comercialización de café de especialidad. De forma paralela, impulsa el emprendimiento familiar COAGROC, marca de café, té y tisanas que opera desde 2019 de manera virtual.
A través de la academia, alrededor de 800 personas han sido capacitadas, de las cuales el 30 % son mujeres, una cifra que refleja avances, pero también los desafíos pendientes para lograr mayor equidad.
Para Mary, conocer el origen transforma la manera de ejercer el barismo. “La diferencia entre un barista que conoce el origen y uno que no, es el amor, la pasión y el respeto que le tiene al grano de café. No lo ve solo como un trabajo o un objeto que genera dinero, sino que entiende que cada grano representa el esfuerzo de familias enteras y el capital del que dependen muchos productores del país”, reflexiona. Desde su visión, el barista es el último eslabón de la cadena, pero también la cara visible del café frente al consumidor, con la responsabilidad de resaltar o dañar la calidad de un grano que ha pasado por un largo proceso.
Belkis Mejía: la nueva generación finca y taza
La historia de Belkis Mejía representa a una nueva generación de mujeres que encuentran en el barismo una forma de honrar su herencia cafetalera. Proveniente de una familia productora desde hace varias generaciones, creció entre fincas y cosechas, madrugando para el corte de café, sin imaginar que años después sería quien cataría el café de su propia familia.
Hoy, Belkis es barista y catadora, con una visión integral del café que le permite valorar cada etapa del proceso, desde la producción hasta el consumidor final. Para ella, el café tiene un profundo valor sentimental, ya que cada taza encierra sacrificios, cansancio y años de trabajo en finca.
Considera que una mayor participación de hijas de productores en el barismo y en otros eslabones de la cadena de valor permitiría transformar el sector. “Las mujeres aportamos ideas innovadoras, somos organizadas y detallistas. No debemos encasillarnos en un solo rol, también podemos participar en otros ámbitos dentro de las empresas cafetaleras”, afirma.
No obstante, reconoce que abrirse camino como mujer joven no ha sido sencillo, especialmente por la resistencia de algunos actores del sector y los altos costos de certificaciones internacionales. Aun así, proyecta su futuro con claridad, fortalecer su cafetería, consolidar una tostaduría, desarrollar su marca de café y competir a nivel nacional.
El impacto de la formación no solo se refleja en quienes enseñan, sino también en una nueva generación de hijas de productores que están encontrando en el barismo una forma de reconectar con su origen.
Formación, oportunidades y evolución en el barismo hondureño
El crecimiento del barismo femenino en Honduras ha sido acompañado por esfuerzos de formación impulsados desde distintos espacios. Instituciones como el Instituto de Formación Profesional (INFOP) y Ciudad Mujer han desarrollado programas de capacitación en barismo dirigidos a mujeres jóvenes. Estas iniciativas permitieron la formación de alrededor de 120 mujeres, entre 21 y 39 años, en 2022 y 2025 brindándoles herramientas técnicas y oportunidades de inserción laboral.
Asimismo, organizaciones como Libre Expresión han apostado por la formación de jóvenes en barismo, abriendo oportunidades para mujeres que anteriormente se desempeñaban de manera empírica en cafeterías. Un ejemplo es Gabriela Ponce, quien se formó profesionalmente a través de uno de estos programas y actualmente trabaja como barista en La Estancia, una cafetería reconocida de Tegucigalpa.
Antes de su formación, Gabriela trabajaba sin conocimientos técnicos ni comprensión profunda de la historia del café, las variedades o los métodos de preparación. El barismo se convirtió en una oportunidad laboral que le permitió estabilidad económica, especialmente tras convertirse en madre a temprana edad. Hoy, su hija cursa estudios universitarios, reflejando el impacto social que también puede generar este oficio.
Desde el Instituto Hondureño del Café (IHCAFÉ), se reconoce que la participación de mujeres en campeonatos y espacios de barismo va más allá de representar una cafetería. Karla Calidonio, jefe de Promoción y Coordinadora de CAFEXPO, señala que destacar en estos escenarios refleja la evolución del país, la relevancia del origen y la importancia de los procesos productivos. Más que una competencia, estos espacios abren una ventana para visibilizar el café hondureño y el papel de las mujeres en su cadena de valor.
La presencia de mujeres en el barismo hondureño es reflejo de una transformación más amplia del sector cafetalero. Desde las pioneras que abrieron camino, como Ana Lucía Lardizábal, hasta educadoras como Mary Portillo y jóvenes como Belkis Mejía y Gabriela Ponce, el barismo se consolida como un espacio donde las mujeres no solo participan, sino que aportan conocimiento, identidad y nuevas formas de contar el café de Honduras.
En cada competencia, en cada barra y en cada taza servida, estas mujeres están resignificando el café como una herramienta de cambio social, económico y cultural. Un cambio que inicia en la finca, se fortalece con formación y se proyecta hacia el futuro, demostrando que el talento y la pasión por el café no entienden de géneros, sino de oportunidades.
Este reportaje fue realizado con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de ¡Exprésate! en América Latina.