El crimen contra el periodista Ángel Alfredo Villatoro
evidencia que el gobierno y la sociedad perdieron el control del país.
Así lo valora el analista Juan Ramón Martínez, quien en declaraciones a
EL HERALDO externó sentirse personalmente “adolorido y escandalizado” por este asesinato.
“Me parece que el gobierno, la sociedad y las personas hemos perdido el control del país”, expresó Martínez.
“Esta muerte, la forma en que se produce y los mensajes que nos envían en la medida de presentarnos el cadáver, vestido con una fatiga militar o policial, con calcetines rojos, implica una burla a nuestras instituciones, una burla al poder político y fundamentalmente el reconocimiento de que el país se nos ha ido de las manos y que quien lo gobierna es gente desconocida”, afirmó.
De acuerdo a su experiencia, el actual panorama es para preocuparse seriamente.
Lo que se viene no está pintado en colores rosas ni pasteles.
“Esto significa ni más ni menos un claro mensaje en que nos dicen: ustedes los hondureños no tienen capacidad para enfrentar a los delincuentes; estos nos dicen: nosotros somos superiores a sus autoridades”.
Como tercer punto, con este crimen los delincuentes advierten: “o ustedes se rinden o échense a correr y váyanse de Honduras”.
Sin embargo, dijo que los hondureños deben responder en defensa de la legalidad y la justicia.
El mensaje de burla que criminales reflejaron en el asesinato deja entredicho el rol de la cúpula policial.
“A mí me parece que ellos tienen que hacer profundas reflexiones, porque este acto los ha puesto en ridículo, el propósito es desprestigiarlos mucho más que lo que ellos se han desprestigiado a sí mismos”, apuntó el analista.
En la mira
El crimen perpetrado contra Villatoro es un
ataque a la libertad de expresión.
“A mí me parece que es evidente que estos crímenes buscan aterrorizar a los periodistas”, expresó. Por consiguiente, recomendó a los comunicadores mantenerse firmes y no dejarse aterrorizar.
Ante el repunte de la inseguridad, los periodistas están obligados a adoptar mayores cuidados.
“Creo que hay que cuidarse, pero sin exagerar, sin que se echen a correr”, dijo.
“Ya no pueden andar con cualquiera, hay que diferenciar lo que son las fuentes de lo que son las pandillas disimuladas”, recomendó.
Lo más importante es seguir cumpliendo con su deber.
“En segundo lugar, no extralimitarse; en tercer lugar, hay que abandonar la lucha ideológica y dedicarse al ejercicio profesional”, manifestó.
A su criterio, el periodista no está en la obligación de andar defendiendo políticos, presidentes, expresidentes ni candidatos, mucho menos a vinculados al crimen organizado.
“La función de los periodistas es la de proporcionar información veraz, interpretaciones confiables a los lectores, a los oyentes y a los televidentes”, dijo.
Igualmente, instó a profesionalizar el ejercicio de esta labor. “Los periodistas, al margen de sus posiciones, los preferimos vivos”, subrayó.
Advertencia
Recientemente el comisionado nacional de los Derechos Humanos, Ramón Custodio, advirtió de malos augurios para los periodistas, que un aparato organizado busca aterrorizar.
Por su lado, el precandidato liberal Mauricio Villeda denunció en fecha reciente que había un plan para asesinar a varias personas.
Al respecto, Martínez valoró estas advertencias, que una facción de hondureños, por razones ideológicas, sin suficiente análisis, se han dedicado a desacreditar.
Es más, dijo que amigos suyos anticiparon que crímenes como este acontecerían luego de que el Congreso Nacional reformara la Constitución para facilitar extraditar a otros países a hondureños
vinculados al crimen organizado.
“De alguna manera, esto debe tener algún tipo de relación”, expresó el analista.
Reaccionar
Ante el panorama sombrío, Martínez recomendó a la sociedad adoptar medidas. “Me parece que debemos empezar a reaccionar para cambiar”, manifestó.
En primer lugar recomendó eliminar “la división absurda en la que nos hemos colocado”.
“Necesitamos reencontrarnos los hondureños para que lo que nos separe no sea lo ideológico”, manifestó Martínez.
En segundo lugar, instó a unificar el sistema público, en el sentido de que está muy fragmentado y politizado.
“En otras instituciones como la policía no se respeta el orden jerárquico ni la antigüedad ni los méritos, esto debilita a las instituciones”, dijo.
En tercer lugar, recomendó mejorar el sistema educativo.
Finalmente llamó a los periodistas, autoridades y sociedad en general mantenerse con firmeza.
“Cada uno defendiéndonos, sin echarnos a correr, pero sin hablar demasiado”, expresó.
“Me parece que debemos ser prudentes, cumpliendo con nuestro deber, con la misma hidalguía, con el mismo valor y honor, pero sin llegar a excesos, mucho menos a interpretaciones absurdas e inconvenientes”, recomendó.
Es un mensaje claro para llevar a la autocensura
El asesinato de Alfredo Villatoro evidencia la debilidad del actual gobierno.
“Es un mensaje claro de quién manda realmente en Honduras, quién tiene el poder y la evidencia de que el crimen organizado está ganando la batalla al gobierno desorganizado”, dijo el analista Raúl Pineda Alvarado.
Además, lo interpreta como un desafío a la sociedad y al gobierno, que va a generar una autocensura de la prensa, la limitación del derecho a la información por parte de los ciudadanos.
Advirtió que bastará una llamada
telefónica a un periodista para amenazarlo y decirle que le puede pasar lo mismo que a Villatoro para callarlo, y así sucederá en la mayoría de los casos.
“Además pudiera, Dios no lo quiera, ser la pérdida de la libertad de prensa en Honduras, frente al terror que generan las acciones de los violentos que, pública y abiertamente, desafían al Estado”, advirtió.
Expuso que el mensaje es claro en que nadie está exento de ser tocado por la mano criminal.
“Esto obliga a dos situaciones muy prácticas: como humanos nos callamos, se callan los periodistas, como consecuencia de un temor natural; o se adopta la actitud del patriota suicida y se siguen denunciando los actos de corrupción que se dan entre los sectores que... hoy constituyen un verdadero poder fáctico en el país”, expresó. Como consecuencia, el Estado democrático pierde legitimidad y credibilidad.