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Autores del arte hondureño

Alex Galo, Darío Rivera y Adonay Navarro, tres artistas que no se han puesto límites y han hecho de la escultura su oficio permanente.

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07.04.2013

En Honduras “los escultores se cuentan con los dedos de la mano”, expresó el crítico de arte Carlos Lanza.

No obstante, los que hay son artistas que han mantenido viva la escultura nacional, y entre ellos destacan tres jóvenes exponentes: Alex Galo, Darío Rivera y Adonay Navarro.

La escultura “es un trabajo que no todos los artistas quieren hacer. Quienes han sido sistemáticos, apasionados y se han entregado al género, lo han cultivado, lo han mantenido vivo y han hecho una profesión de fe de su oficio son Darío y Adonay... si en Honduras hay escultura es por ellos”, dijo Lanza, quien agregó en referencia a Alex Galo que él es “el filósofo de la escultura, porque las conceptualizaciones que lleva a cabo son tan complejas como tan compleja es la materialidad con la que las ejecuta”.

Es por ello que hoy Vida le presenta una parte del gran trabajo de estos tres artistas plásticos, quienes coinciden en un punto muy importante: que el artista no tiene limitaciones y puede trabajar con lo que tiene a la mano, y hasta el material menos “noble” tiene sus potencialidades, solo falta descubrirlas. “El artista no debe estar llorando porque no tiene material, hay que producir como sea”, dijo Galo.

La vida natural y humana en la obra del escultor Darío Rivera

“Mis primeros pasos en el arte fueron cuando estaba en la escuela”, expresó el escultor Darío Rivera, quien además comentó que no quería estudiar, “yo quería trabajar”. No obstante, su madre buscó la manera de que fuera un profesional, “así es como llegué a Bellas Artes, pensando que solo iba a dibujar, y estando ahí me doy cuenta de que uno lleva otras clases, y pensé ‘¡no, qué barbaridad, qué pasó!’”.

Pero las clases de arte que recibía lo motivaron a salir adelante con todas las demás y ser un profesional. Desde que estaba en la Escuela inició un proceso de creación constante, sus recreos no eran en el patio sino en el taller de escultura, “ahí creaba obras que en clases no me permitían”. Cuando estaba en último año ganó la Bienal de Escultura del IHCI, y al salir tenía esculturas suficientes como para montar su primera exposición individual, y así lo hizo. Rivera creció en el campo, y le llamaba la atención cómo surgía la vida en la naturaleza, y especialmente observaba las raíces de los árboles, “entonces mis primeros trabajos tenían que ver mucho con las raíces de los árboles, hacía cuerpos humanos cuyas extremidades superiores e inferiores eran raíces”.

Con el pasar de los años el artista ha ido madurando y depurando su obra, “el tema ya no solo tiene que ver con lo exterior de la naturaleza, sino con el interior del ser humano, ya no represento tanto al humano o la naturaleza por fuera, sino que he ahondado más en los temas y represento al ser humano por dentro, sus pensamientos e ideales”. El haber trabajado no con los materiales y herramientas que quería sino con los que tenía a la mano le permitió conocer todo tipo de materiales, “por ende he aprendido a dominar cada uno de ellos, porque cada material tiene su particularidad, su propio lenguaje y su propio recorrido”.

El crítico de arte Carlos Lanza expresó que la escultura de Darío “es casi perfecta”.

El escultor le da varias lecturas a su obra, “me gusta jugar con el pensamiento de las personas, con la materia y con las formas, yo disfruto cuando hago una obra de arte por eso, porque para mí es como un juego intelectual”.

Galo y su escultura que se queda en el alma

Alex Galo no tardó mucho en descubrir su vocación de artista, y a los 14 años ya recibía cursos con el pintor Rony Castillo, después ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes de donde egresó hace 22 años.

La obra de Galo, a consideración del crítico de arte Carlos Lanza, al espectador “se le queda en el alma”. El escultor muestra una gran predilección hacia el barro, con el que ha creado obras con una gran expresividad, estéticamente impecables y conceptualmente ricas. Al hacer una escultura Galo prefiere irse directamente al material, “enfrentarme con él me permite descubrir cosas, y la expresividad misma del barro me permite trabajar sin diseño en el caso de la escultura”. Para el artista la escultura, a diferencia de la pintura, rompe límites espaciales, y permite “involucrar al observador en torno y dentro de la escultura, entonces es diferente el planteamiento”.

Alex tiene como objetivo en su obra que el concepto no solo quede en la inmediatez, sino que sea poseedor de meta-relatos. En su obra tiene preferencia por la representación del perro flaco y “aguacatero”, que al final es solo una excusa porque este podría estar ligado al ser humano o a la problemática social, “entonces los componentes conceptuales de la escultura son estos, una línea estética que debe ser preponderante, nunca descuidar el tema estético porque por más que quiera decir cosas si las digo mal en términos de elaboración entonces no estoy haciendo nada, y mejor me dedico a otra cosa que no sea arte”. En relación a la sociedad, Galo alimenta su obra de lo que le rodea y vive, “me enriquezco de lo que hay aquí, porque sí hay riqueza. La pobreza es una gran riqueza, los problemas son una gran riqueza, no los queremos, pero creo que me sentiría peor pintando bodegones o pintando florecitas”.

“El día que un artista deja de buscar su obra muere”

“La escultura siempre ha tenido sus limitaciones, y ha estado al margen de la pintura”, expresó Adonay Navarro. No obstante, él es uno de los artistas que se ha mantenido constante y ha hecho de la escultura su oficio permanente.

Su obra siempre ha estado enfocada en la naturaleza. Al inicio le inquietaba el tema de la deforestación, después los temas indigenistas, especialmente los lencas, ahora su obra es una crítica hacia la minería a cielo abierto.

El escultor expresó que en este momento su trabajo está en un periodo de transición, y la serie Fossilis Modernus es una muestra de ello. “Mi búsqueda como artista a nivel personal es la tranquilidad, busco la paz, y la obra debe ser eso...

Estoy tratando de llevar mi obra a espacios no comunes, pero eso lleva tiempo”, expresó Adonay, quien considera que cuando un artista deja de buscar y experimentar “ese día su obra muere, deja de evolucionar”.

El escultor es de los que no se limitan ante la “falta” de materiales u oportunidades, “no hay limitaciones para nada, material aquí sobra, un pedazo de árbol o de madera en cualquier esquina se consigue, ¿y con qué lo tallo? Antes de llegar a Bellas Artes yo tallaba madera con un cuchillo. Para trabajar terracota lo que se ocupan son las manos y un pedazo de barro”.

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