Tegucigalpa, Honduras.- Piense en un recuerdo de su infancia que todavía lo haga sonreír. Probablemente no sea el día en que le dieron el juguete más caro, ni el viaje más largo.
Es casi seguro que sea un día de campo, una tarde de juegos o una noche viendo las estrellas, y eso es exactamente lo que sus hijos van a recordar de estas vacaciones. La pregunta, entonces, es si usted va a estar ahí para darles esos momentos.
Las vacaciones escolares son mucho más que días sin tareas, son una pausa real en medio de un año que no se detiene, y una oportunidad —que se repite pocas veces— para fortalecer un vínculo que la rutina diaria generalmente deja pendiente.
La máster en psicología Anjannette Gavarrete enfatiza en que los niños “suelen recordar cómo se sintieron, quién jugó con ellos, quién los escuchó, quién se rio con ellos y quién estuvo disponible emocionalmente”.
Entonces, ¿qué hacer en este tiempo de receso? La respuesta no está en llenar el calendario de actividades ni en planear unas vacaciones perfectas. Está en cosas mucho más simples: cocinar juntos, salir a caminar sin destino fijo, armar un rompecabezas, ver una película en familia o simplemente quedarse hablando antes de que los niños se duerman.
La experta insiste en que la actividad en sí importa menos de lo que creemos. “A veces 15 minutos de presencia genuina tienen más impacto que una tarde completa compartiendo el mismo espacio, pero cada quien concentrado en una pantalla”, advierte.
Además, considere que sus hijos no siempre van a decirle que necesitan más de usted. Lo van a mostrar con irritabilidad, con berrinches o buscando cualquier excusa para acercarse aunque sea “a molestar”.
La especialista recuerda que detrás de muchas de esas conductas hay una necesidad emocional que no encontró otra manera de salir, por tanto, las vacaciones son el momento para detenerse y preguntarse cómo se está sintiendo su hijo por dentro.
Uno de los errores más frecuentes en estas fechas es confundir presencia física con disponibilidad emocional. Estar en casa no es lo mismo que estar con ellos.
Otro fallo recurrente es saturar los días de compromisos sin dejar espacio para el juego espontáneo, ese que no tiene instrucciones ni objetivo, el que simplemente ocurre cuando hay tiempo y calma.
No olvide que los niños también necesitan descanso real después de un año escolar exigente, y ese descanso no se parece en nada a estar pegado a una pantalla.
Gavarrete recomienda sumar experiencias que amplíen el mundo de sus hijos, talleres de arte, deporte, actividades al aire libre, o incluso llevarlos a conocer su lugar de trabajo.
Todo lo que los haga sentir parte de algo y descubrir intereses nuevos suma. Y si puede organizarlo junto a otros niños, mejor todavía, porque aprender a compartir y cooperar fuera del entorno escolar es una habilidad que ningún libro enseña.
Usted todavía lleva consigo esa tarde de la infancia en que alguien estuvo ahí de verdad, estas vacaciones son su momento de ser ese alguien para sus hijos.
La opinión de la experta
“Los niños no necesitan padres perfectos, necesitan adultos que puedan compartir tiempo, reparar errores cuando ocurren y mostrar interés genuino por su mundo”.
Contacto:
Anjannette Gavarrete, máster en psicología.
Sitio web: clinicalamerced.hn
Para citas: +504 3172-9118