Un viaje al pasado: Cuando la luz llegó a las calles de las viejas Tegucigalpa y Comayagüela

Las ciudades gemelas aprendieron a vencer la noche y a reinventar su ritmo de vida, pasando de las tinieblas a los faroles que dieron vida a las veladas, el cine y calles iluminadas

  • Actualizado: 13 de enero de 2026 a las 11:22
Un viaje al pasado: Cuando la luz llegó a las calles de las viejas Tegucigalpa y Comayagüela

Tegucigalpa, Honduras.- Los faroles de gas marcaron el inicio del alumbrado público en Tegucigalpa y Comayagüela a finales del siglo XIX, transformando la vida nocturna de unas ciudades que apenas comenzaban a expandirse.

Esos aparatos que se encendían manualmente ante los ojos de los capitalinos cada noche a las 6:00 de la tarde y se apagaban al amanecer, daban paso a la iluminación.

“Esas eran las principales iluminaciones que había en las plazas, edificios públicos e incluso en las casas de las personas; se iluminaban con elementos de alumbrado doméstico como el quinqué, candiles, candelas, velas, ocotes y todo lo que se pudiera utilizar”, explica Daniela Navarrete, historiadora y doctora en Estudios Urbanos por la Escuela de Altos Estudios Sociales de París, Francia.

A la luz del sol

Navarrete subrayó que, para esa época, la iluminación era bastante limitada, lo que impactaba de forma directa en las actividades cotidianas de la población. “La gente se levantaba y se acostaba con la luz del sol. Todo empieza a cambiar con la llegada de las empresas extranjeras que traían otros avances tecnológicos de electrificación”.

En Tegucigalpa, el origen de la electrificación estuvo vinculado a la compañía minera Rosario Mining Company, ubicada en San Juancito. Posteriormente, por la cercanía con la capital y por ser accionista de la misma empresa, el entonces presidente de Honduras, Marco Aurelio Soto, invitó a ingenieros estadounidenses a trabajar en el servicio de acueductos en 1891.

Según explicó Navarrete, en 1907 a ese servicio de aguas se le agregó el de luz eléctrica, lo que dio origen a la Empresa de Agua y Luz. Esta se estableció a un costado del puente Mallol, en lo que posteriormente fue conocido como el “edificio viejo de la ENEE”.

La historiadora recordó además que ese mismo año se estableció que la electrificación de los espacios públicos no debía ser costeada directamente por la ciudadanía, sino asumida por el Estado.

Fue en esta etapa cuando comenzaron a iluminarse los principales espacios públicos de la Tegucigalpa de entonces, como calles, parques y las sedes de los poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo.

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Recordó que la planta eléctrica ubicada en el barrio La Leona es la más antigua, incluso anterior a la Empresa Agua y Luz, “recordemos que son estos ingenieros de la minera de San Juancito los que están llevando a cabo todos estos estudios, y también por cuestiones topográficas, ya que estaban alejados del principal centro urbano; el ruido y toda la conmoción que causaban estos aparatos molestaban menos”.

La subestación eléctrica de esa época se mantiene vigente de otras fuentes.

Noches más cortas

Otro dato importante que mencionó la experta es que el primer cine que se abrió en 1914 fue el Variedades, de la familia Lázarus, por lo que con esto viene un gran cambio en las costumbres y los usos.

“Es decir, la gente antes se acostaba temprano, pero ahora con la energía eléctrica van a empezar a aparecer restaurantes, además de veladas, fiestas y reuniones que se prolongan más en la noche”.

Entretenimientos como el cine en 1914 y el primer teatro de la ciudad, Manuel Bonilla, que se inaugura en 1915, todos ya perfectamente iluminados con alumbrado eléctrico, de igual forma que la Antigua Casa Presidencial, se suman a la transición.

Densificación

Para esa época la población de Tegucigalpa era bastante reducida, unas 10 mil a 15 mil personas, menciona. “Pero a partir de la década del 20, después de la guerra civil que destruyó varios puntos importantes en la ciudad, viene una especie de reconstrucción que incluyó el ensanche y la densificación de Tegucigalpa, lo que significa que había muchos espacios destinados a tareas casi agrícolas en las inmediaciones, casas o fincas que estaban en las cercanías del poblado que empiezan a ser lotificadas”, detalló la también docente de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Agregó que uno de los ejemplos es el barrio Buenos Aires, que en aquella época se le conocía como la Finca Buenos Aires, donde se empezó a construir casas de clase media para las familias profesionales de médicos y abogados, que eran las que había en aquella época.

Otro ensanche fue hacia la zona este de Tegucigalpa, como la colonia Palmira, pues era área plana. “Estas colonias hacia el este de Tegucigalpa son terrenos planos, eso ya se miraba desde que Marco Aurelio Soto mandó a construir el paseo Guanacaste, que llega hasta el puente del río Chiquito, y luego se construye la avenida La Paz, que en los años 60 se conecta con la avenida Los Próceres”, explicó Navarrete, autora del libro “Laboratorio urbano de las modernidades hondureñas, siglos XIX y XX”.

Recordó que todos estos puntos fuera del casco histórico de la capital empezaban a contar con todos los servicios de la modernidad: “Van a tener garajes, algo que no había en casas del centro histórico, baños internos, entre otras cosas”.

Los faroleros

Por su parte, Luis Lozano, del Centro de Arte y Cultura de la UNAH, recordó que el primer lugar en electrificarse fue San Juancito, luego Tegucigalpa, donde antes de que llegara la electricidad lo que alumbraban eran los faroles en las calles.

“Por eso es que vamos a encontrar en el censo, antes de que llegue la electrificación, el famoso oficio de los faroleros, que eran los que andaban encendiendo todos los días por toda la ciudad, recordando que en aquel momento no había tanta densidad poblacional, pero era un oficio que cuando llega el sistema de la electrificación va a desaparecer”, explicó.

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Amplió que fue en 1897 que se formó el primer contrato para que se suministrara energía eléctrica tanto a Tegucigalpa como Comayagüela con la Empresa Agua y Luz, que también manejaba el tema de agua potable para ambas ciudades.Y coincidió que efectivamente la primera planta eléctrica de la ciudad es la que está ubicada en La Leona.

“En 1897 se va a obtener la primera planta en lo que conocemos como La Leona y, por ende, los barrios alumbrados fueron La Leona, donde había familias adineradas, La Ronda y El Bosque”.En Comayagüela, recordó que fueron el barrio La Concepción, el Perpetuo Socorro y más adelante el Sipile, El Centavo y Bella Vista.

Unidad en parques

También aportó que dentro del proceso de modernidad los parques cumplieron un papel muy importante. “Eran espacios que convocaban gente para poder reunirse y compartir, donde se fueron implementando funciones de cinematógrafos públicos, presentaciones de música y culturales, ya que en aquellos momentos tener energía eléctrica era bastante costoso y las personas se abocaban a los parques donde sabían que estaba este servicio”.

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Por su parte, el abogado Jorge Valladares, quien ha vivido toda su vida en las cercanías del Parque La Leona, recuerda que este espacio fue inaugurado en 1915 y ya contaba con faroles. No usaban gas, dado que en la zona se habían instalado familias de origen europeo como la Walther y la Bellucci.

Los antiguos barrios como La Leona y Buenos Aires, de Tegucigalpa, fueron los primeros en obtener el servicio.

Además, comentó que existían tres plantas: una en el centro de la ciudad, otra en el barrio La Leona y cerca de lo que hoy es Barrio Abajo. “Entre esas tres plantas se empezaron a instalar los servicios eléctricos bajo la compañía Agua y Luz”, recordóValladares.

Vida entre luces

Es así como los barrios altos de la ciudad empiezan a modernizarse a principios del siglo XX, extendiéndose el servicio como lo conocemos ahora, como una ciudad más moderna, comercial e importante.

Tegucigalpa y Comayagüela aprendieron a vencer la noche y a reinventar su ritmo de vida, pasando del silencio temprano a las veladas, el cine, los parques iluminados y las calles que comenzaron a latir después del atardecer.

La luz no solo alumbró plazas y edificios, sino que abrió caminos a la modernidad, transformó costumbres y empujó la ciudad más allá de su casco antiguo, hacia nuevos barrios y horizontes

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Marbin López
Marbin López
Periodista

Licenciado en Periodismo, egresado de la UNAH. Periodista de la sección Metro desde 2023. Contador de historias, formado en reportajes de periodismo cultural. Creador de pódcast de poesía, apasionado por la literatura e historia de Honduras.

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