Tegucigalpa, Honduras.- En medio de la solemnidad del Domingo de Ramos, la tradición de las alfombras vuelve cada año a la avenida Miguel de Cervantes, en Tegucigalpa, donde decenas de fieles recogen el aserrín usado para adornar el paso de las procesiones.
Este gesto, cargado de simbolismo, se mantiene vigente entre quienes consideran que el material adquiere un valor especial tras el paso de las imágenes religiosas que representan la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén.
Para muchos creyentes, el aserrín queda asociado a una expresión de fe por haber formado parte del recorrido procesional en el que se recuerda uno de los momentos más significativos del calendario cristiano.
La práctica consiste en guardar pequeñas porciones del material para reutilizarlas meses después, sobre todo en la elaboración de nacimientos o pesebres durante la Navidad, una costumbre que enlaza dos celebraciones centrales de la tradición religiosa.
Juan Carlos Martínez, párroco de la Catedral Metropolitana San Miguel Arcángel, explicó que esta práctica responde más a la devoción popular que a un mandato litúrgico formal de la Iglesia.
“Algunas personas lo que hacen es guardarlo para utilizarlo en el pesebre o nacimiento”, contó.
Además, detalló que el uso del aserrín no se limita únicamente al Domingo de Ramos, sino que también ocurre durante el Viernes Santo, particularmente en la procesión del Santo Entierro, donde las alfombras vuelven a ser protagonistas.
Estas alfombras, elaboradas con aserrín tratado y otros materiales, representan escenas bíblicas y símbolos religiosos, convirtiéndose en una expresión artística y espiritual que atrae tanto a fieles como a visitantes.
En cuanto al significado específico del aserrín, el párroco explicó que desde la perspectiva de la iglesia, este no posee un valor sagrado en sí mismo, sino que su importancia radica en la fe de cada persona.
“En sí no recoge un significado, pero depende de cada persona en su devoción”, puntualizó.