Una tarjeta de felicitación y una carta escrita de su puño y letra que expresa buenos deseos son el regalo que la capitalina Rosa María Vásquez le envió en ocasión de la Navidad a su amigo Josué Benítez, hasta Estados Unidos.
Allá en el frío país del norte en menos de una semana, cuando la correspondencia llegue será un motivo más de algarabía para el catracho que lleva dos décadas lejos de casa.
En el texto claro y legible escrito sobre el papel, Josué sentirá el cálido y fraternal abrazo de alguien que lo quiere y extraña.
'Yo bien le podría hacer una llamada por teléfono a mi amigo o enviarle un e-mail y felicitarlo, pero no es lo mismo que yo le compré una tarjetita, le escribí una carta y se la mandé a Estados Unidos', expresó la dama, mientras depositaba el sobre en el buzón del correo.
Vieja costumbre
Ni la tecnología más avanzada, junto con todas las bondades que pueda ofrecer la Internet o el más sofisticado celular, puede sustituir la correspondencia tradicional.
En esta época de fiesta en que se celebra el acontecimiento que ha marcado la historia de la humanidad, el nacimiento del Hijo de Dios, los hondureños y particularmente los capitalinos conservan la vieja tradición de enviar tarjetas, cartas y paquetes a sus amigos y seres queridos dentro y fuera del país.
Y es que las cartas escritas de puño y letra del remitente y una tarjeta elaborada a mano nunca podrían ser reemplazadas por una postal virtual o e-mail, aunque tarden milésimas de segundos en llegar a cualquier parte del mundo.
Las oficinas del Correo de Honduras (Honducor) han sido desde siempre el canal que los capitalinos utilizan para hacer llegar sus misivas dentro y fuera del país.
Según Edry Santizo, gerente de Planificación de Honducor, durante la temporada navideña no menos de 700 personas al día llegan a las diferentes oficinas en busca del servicio de correspondencia, ya sea a la oficina principal ubicada al final del Paseo Liquidámbar, en la Kennedy o en el aeropuerto Toncontín.
En el Correo Nacional se hacen envíos ya sea a través del servicio expreso, entrega inmediata u ordinario; el costo dependerá del peso o el lugar a donde vaya la carta.
'Es importante reconocer que no se ha terminado la cultura de escribir, enviar tarjetas en estas épocas... no solo hay capitalinos sino que extranjeros que envían su correspondencia manuscrita', explicó Santizo.
Es muy difícil que, más allá de las fronteras patrias, los compatriotas dejen de valorar estos detalles que sus mismos familiares les envían.
A través del correo los capitalinos tienen la oportunidad de enviar no solo cartas, sino también varios productos que van desde ropa, medicinas y comestibles.
Esta es la razón por la que Alicia Trejo aprovechó para enviarle a su hija Eloidina Melara hasta Madrid, España, los bolillos, dulce de panela, canela, clavos de olor y pasas para que prepare las torrejas; además de algunos ingredientes para los nacatamales.
Y para que no se olvide de su tierra le manda un poncho típico de lana que le compró en Valle de Ángeles.
'Mi hija vive en España desde hace cinco años, y yo sé que no es lo mismo pasar lejos de la familia. Ella me ha dicho que extraña las torrejas, los nacatamales, y por eso le estoy enviando las cositas para que los prepare allá y se acuerde de su tierra y de su gente', manifestó Trejo.
Pasará el tiempo y por mucho que se imponga la era tecnológica, difícil será que los capitalinos dejen de utilizar los servicios del correo.
Un ejemplo de ello es doña Rosa Angélica Cerrato, una anciana de 86 años que pese al frío llegó muy temprano a depositar cartas para sus familiares en el exterior.