Los encargados de velar por la soberanía nacional por cielo, mar y tierra hicieron un alto en sus delicadas funciones para sumarse a los miles de peregrinos que doblan rodillas ante Santa María de Suyapa, patrona de Honduras.
Los elementos de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, Ejército, Aérea y Naval, fueron los responsables de la eucaristía en el séptimo día de la novena en honor a la Morenita.
El acto religioso celebrado bajo el lema 'María la que intercede al Señor por sus hijos' fue presidida por el vicario del Santuario de Suyapa, Víctor Ruiz, y concelebrada por el capellán de las FF AA, Luis Aníbal Montoya, y el presbítero Felipe Jímenez.
Durante la misa los soldados y oficiales de la institución castrense se despojaron de sus armas, rangos y autoridades para solicitar a su protectora que abogue por ellos.
Entre sus plegarias destacaron las súplicas por los soldados caídos en batalla, los mutilados en el cumplimiento de su deber y sobre todo porque guíe sus pasos en la delicada función que asumieron hace tres meses con la operación Relámpago: velar por la seguridad de la ciudadanía.
Desde el 14 de julio de 1969 la virgen de Suyapa se convirtió en la capitana general de la milicia hondureña.
El evento congregó en el santuario al presidente de la República, Porfirio Lobo Sosa, como comandante general de las Fuerzas Armadas, y sus diferentes secretarios de Estado, algunos regidores municipales, miembros del cuerpo diplomático acreditados en el país y representantes de la sociedad civil. La ausente del evento fue la Policía Nacional, que tradicionalmente rinde tributo a la Virgen en conjunto con las diferentes unidades militares.
Reflexión
El sacerdote Víctor Ruiz incitó a los miembros del Ejército a seguir los pasos de su capitana en cada uno de sus actos, llevando como estandarte la prudencia, humildad y sabiduría que caracterizó a la Virgen.
'Esta pequeña imagen de 6.5 centímetros tiene un poder de convocatoria de millones por toda la bendición que nos ha dado y muestra de ello es la fe y devoción que ustedes le profesan al nombrarla su capitana general', aseguró.
El presbítero exhortó a la junta de comandantes y cada uno de los soldados a honrar la cabeza que les dirige, Santa María de Suyapa, conservando en su corazón los dones de la obediencia y fidelidad a Dios.
Por su parte el capellán de la institución Armada, Luis Aníbal Montoya, solicitó a los ministros presentes que no dejen que el presidente de la República, Porfirio Lobo, camine en muletas en la dirección del país.
'Ustedes son los brazos y piernas del mandatario. Sí ustedes cojean, él lo hará. Son el equipo de trabajo que él escogió con mucha esperanza en su trabajo, no queremos un presidente en muletas y de ustedes depende mantenerlo en pie', aseveró.
El capellán solicitó al presidente ser más agresivo en su plan de trabajo, pues le recordó que falta mucho por hacer para desarrollar el país.
En ese sentido, Marlon Pascua, ministro de Defensa, le pidió a la Virgen que en estos momento de tentaciones en que la maldad quiere imperar en el país ayude a unir a la familia hondureña para que todos juntos combatan este mal. 'Le pedimos a la virgen que nos ayude a buscar justicia no solo para los que atentan contra la seguridad de los ciudadanos, sino justicia para poder dar a los más desposeídos todo lo que precisan', afirmó.
Tributos
Durante la eucaristía, el coro de la fuerza Aérea entonó las alabanzas para la Morenita.
En representación de cada uno de los miembros de la milicia catracha, los comandantes generales y elementos del estado Mayor Conjunto, Fuerza aérea, Naval, el Ejército y la Secretaría de Defensa llevaron a los pies de la Morenita sus ofrendas.
Los soldados presentaron sus herramientas de trabajo, los oficiales presentaron su kepi (sombrero que tienen los generales) en un símbolo de obediencia a la virgen.
Pascua, junto a su esposa, presentó la luz en señal de solicitar a la Morenita que ilumine sus pasos.
Entretanto, el presidente Lobo Sosa y su esposa Rosa Elena de Lobo llevaron hasta el altar el pan y el vino, símbolos del sacrifico que Jesucristo ofrendó para salvar a la humanidad.