Llegaron al Santuario movidos por la gratitud, el amor y la fe.
Cansados por la travesía del viaje desde sus lejanas comunidades, pero conscientes de que ningún sacrificio es demasiado grande para recibir la bendicios de su Madre Santísima.
Así está marcada cada historia de miles de peregrinos que abarrotaron ayer el hogar sagrado de la Morenita.
No traían consigo riquezas; ni oro, ni plata ni piedras preciosas, pero sí un rostro compungido y un corazón ansioso por rendirle tributo y veneración a Santa María de Suyapa.
Las lágrimas que corrían por las mejillas de aquellos devotos representaron el tesoro más grande, que en agradecimiento a los favores recibidos vinieron a entregar.
Sin embargo, el altar de la Morena no se quedaría sin ofrenda, pues el fruto de la tierra y el color de las flores engalanaron el pedestal.
Las velas de múltiples colores iluminaron durante horas el rostro de la Morenita más bella de Honduras.
Cabe resaltar que cada color representa un sentimiento. El blanco invoca a la protección divina, el rojo siempre representa el amor, la fe y la voluntad, el amarillo refleja la protección para los adultos y el verde llama a la prosperidad en los negocios.
Lejos del significado de sus peticiones, cada llama encendida representa en el corazón de los hondureños el más puro de los sentimientos. ¡El amor!
Así actúa la Morenita
Allá, en aquellos lugares remotos donde la energía eléctrica no llega, la luz de la Santísima Madre ilumina todos los días el pensamiento y el corazón de los fieles hijos.
Es así que con lágrimas en sus ojos, doña Cándida Artica, de 72 años, quien viajó desde la aldea La Danta del municipio de Mansaguara, en el departamento de Intibucá, exteriorizó que “dos candelas encendidas con fe le salvaron la vida”.
Según el relato de esta humilde mujer, una tuberculosis afectó su organismo durante dos años consecutivos.
Luego de permanecer aislada durante varios meses en el hospital El Tórax, en Tegucigalpa, decidió marcharse hacia su hogar.
“Estaba decidida a morir de la enfermedad... de vergüenza. Nadie quería permanecer ni un momento frente a mí”, relató.
Una madrugada, afectada por su temible padecimiento, se levantó de su cama; en su agonía sus ojos se dirigieron hacia la imagen de la Virgen María que estaba colgada en una tabla de ocote que formaba la pared de su humilde casa y le encendió dos candelas.
“Le dije, ‘Madre mía, sáname de esta enfermedad o llévame contigo’ y su mente se perdió en la oración del Santo Rosario”, contó.
Tres años han pasado desde aquella noche de gloria en su vida, y hasta hoy sus pulmones jamás han vuelto a toser.
Este milagro de sanidad ha provocado que desde el 2009, doña Cándida se traslade desde su aldea a conmemorar el aniversario de la patrona.
Especial: Virgen de Suyapa
Las ofrendas
Los halagos, ofrendas y tributos a la Virgen de Suyapa no cesaron durante todo el día.
La presentación de los primogénitos que enfrentaron problemas en el período de gestación y que durante su nacimiento fueron constantes.
Familias hasta de 50 personas llegaron al Santuario a encomendar sus vidas, acciones y los días venideros a la protección que viene de lo alto.
Además, decenas de creyentes entregaron sus talentos en poesía, música y tambores.
Los regalos de la tierra como el maíz, los frijoles, el pan, dulces y algunas frutas llegaron al altar de la Morenita.
Otros no trajeron ofrenda, pero se fueron seguros de que llevan una bendición especial para sus vidas.