Tegucigalpa, Honduras.- Desde su ventana, don Nahúm Efraín Valladares Valladares contempla el edificio de HRN, la casa que lo vio nacer como locutor y crecer junto a su voz.
Cada vez que lo observa quizá recuerda al niño de 11 años que comenzó a locutar en Copitos de Nieve, guiado por María Cristina Rubio, la primera locutora de Honduras.
Allí están los recuerdos de programas, de transmisiones, de historias contadas y escuchadas por generaciones enteras.
A sus 88 años, su voz sigue firme y clara. Don Nahúm Valladares no es solo un locutor: es historiador vivo de la radio hondureña, maestro de ceremonias, periodista, ejecutivo y político. Su vida es testimonio del periodismo, la comunicación y la historia viva de Honduras.
¿Cree que la voz es un don natural o algo que se puede aprender?
El Señor me regaló eso, la voz. En mi familia había un tío, don Bautista Valladares Rodríguez, que era historiador y tenía una voz excelente. Mi padre también la tenía, pero no la había educado. Yo nací bajo el influjo de la radio, y desde pequeño estuve rodeado de ese mundo que me permitió aprender y mantener la cultura. Ahí empecé mi primera escuela de comunicación. Creo que para esto uno tiene que nacer con vocación; si no, no se puede seguir.
¿Cómo comenzó a familiarizarse con la radio en su infancia?
Vivía en el barrio La Ronda, donde se había instalado HRN en 1943. La radio era parte de la vida diaria: nos acompañaba a la escuela, al colegio, y nos enseñaba. Tenía contacto con la gente y con la cultura que nos rodeaba. Fue allí donde aprendí a comunicarme y descubrí que la vocación era fundamental para dedicarse a esto.
¿Qué le permitió destacar a tan temprana edad?
Bueno, no tenía físico, pero sí voz. Y la voz me permitió llegar a los lugares donde la juventud se reunía: en colegios, en las famosas “coca coladas”, en programas de música. También declamaba poemas y narraba cuentos de Copitos de Nieve, de Hans Christian Andersen o de Pirón, dramatizados por Cristina Rubio. Así fui aprendiendo locución, leyendo anuncios, presentando programas, hasta que en febrero de 1952 se me abrieron las puertas de HRN como locutor de turno.
¿Qué cualidades cree que debe tener un periodista?
Voluntad, decisión y dedicación. No basta el talento que Dios te dio; hay que saber a quién va dirigido tu mensaje y estudiar para cada tema. Si vas a economía, estudia economía; si vas a deporte, estudia deporte. La vida del periodista es aprendizaje constante.
¿Cuáles han sido sus mayores reconocimientos?
Fui honrado con el Micrófono de Oro en México en 1960, en una reunión con figuras de la locución de toda América. En Centroamérica, solo lo tenían José Dick McConell de Nicaragua y Leonardo Heredia de El Salvador; yo fui uno de los tres pioneros. También recibí el premio Rosario Sagastume de Ferrari del Congreso Nacional, la Orden Isabel La Católica de España, y varios galardones por mi labor en radio y televisión, incluyendo el premio Álvaro Contreras.
¿Cómo recibió la Orden Isabel La Católica de España y qué representa para usted?
Soy de los únicos siete hondureños que tienen la Orden Isabel La Católica, otorgada por el Rey Felipe. Para mí, es un reconocimiento a toda una vida dedicada a la radiodifusión y la comunicación, a ser pionero en este campo. No es algo que se lleve en el pecho, sino en el corazón.
Trayectoria
- Valladares nació el 24 de junio de 1937 en Amapala, municipio de Valle, y al año siguiente su familia se mudó a Tegucigalpa, ciudad que se convirtió en su hogar y en el escenario de su carrera.
- Desde 1949 practicó la radio en los barrios de la capital, hasta que en 1952, con apenas 15 años, ingresó oficialmente a HRN.
- Su talento lo llevó a la locución, narración deportiva, animación y radionovelas; a los 20 años presidía la Unión Nacional de Locutores de Honduras.
- Dirigió noticiarios pioneros como Telemundo y Tele-Prensa, fundó Hoy Mismo y se convirtió en maestro de ceremonias de actos oficiales, consolidando su voz como símbolo de solemnidad y continuidad institucional.
- Y a pesar que en 2019 se despidió de HRN tras más de 65 años, hoy conduce el programa Temas y Análisis en LTV (La Tribuna TV).
Sé que viene de una familia de abogados, ¿cómo enfrentó la presión familiar y la expectativa de seguir la carrera de derecho?
Mi carrera empezó a sentirse una vez que me desligué mucho de la cuestión paternalista. Mi padre quería que yo fuera abogado, siguiendo la línea de la familia Valladares. Mi abuelo, don Leandro Valladares, fue uno de los primeros codificadores de Honduras en 1906. Pero mi pasión siempre fue la comunicación.
Me disgusté con mi padre en 1954, tuve que salirme de casa y viajar a La Ceiba para trabajar en la radio y estudiar. Mi madre siempre me apoyó; nunca tuve problemas con ella. Ella detenía a mi padre para que no fuera contra mí. Mi madre me apoyó hasta el día de su muerte. La vida es para aprender, no para cruzarse de brazos. Empecé trabajando con papel y lápiz, luego una grabadora, después cassette, y ahora con la tecnología como iPad. Pero uno debe aprender y marchar con la evolución.
Usted también fue político y funcionario público. ¿Cómo recuerda esa etapa?
Fui diputado en dos periodos, durante los gobiernos de Rafael Leonardo Callejas y Carlos Roberto Reina. Los congresos que yo conocí eran con respeto y distinción, como los que manejaron Efraín Bu Girón, Carlos Montoya, Rodolfo Iría Navas y Pineda Ponce. Fui primer secretario del Congreso Nacional y manejé la Comisión de Ética. También trabajé en el Consejo Nacional de Estado (Conace) durante el gobierno de Juan Alberto Melgar Castro, donde aprendí sobre la Constitución y la ley orgánica de los partidos. La política la abordé con respeto y sin pelearme con nadie; mantenía buena relación con presidentes y Fuerzas Armadas, incluso durante regímenes militares.
Fue maestro de ceremonias en casi todas las tomas de posesión presidenciales. ¿Cómo vivió esa experiencia?
Participé en todas las tomas de posesión hasta el segundo mandato de Juan Orlando Hernández, donde no pude asistir por enfermedad. Fui fumador y eso me afectó los bronquios; por eso me declaré enfermo y pedí a Carlos Roberto que designara a León Paredes Ardizabal para manejar la ceremonia, aunque yo seguía dirigiendo desde al lado. Cada ceremonia requiere precisión. Por ejemplo, en la toma de posesión de Carlos Roberto Reina, se cometieron errores protocolarios porque León Paredes no conocía la ordenanza militar. Fue necesario convocar al Congreso al día siguiente para juramentar a los designados. Todo esto lo aprendí de mi maestro Jorge Cuello, hijo de Augusto Cuello, autor de la letra del Himno Nacional. Jorge me enseñó el rigor del protocolo, la ordenanza militar, y cómo dirigir ceremonias de alto nivel.
¿Tuvo algún vicio que dañó su salud?
Fui fumador empedernido, hasta dos cajetillas al día, y eso dañó mis bronquios. Para la segunda toma de posesión de Juan Orlando Hernández me declaré enfermo. Tuve que dejar de fumar para cuidar mi vida y mi voz.
¿Cuál cree que es el papel de los medios de comunicación hoy?
El comunicador debe ser aportante. En mi programa trato de orientar a la gente en educación, salud y civismo. Tenemos problemas en hospitales, compras deficientes en medicina y burocracia inútil. La radio y la televisión no solo informan, también pueden educar y guiar a la población para enfrentar desafíos.
Si no hubiera sido periodista, ¿qué hubiera hecho?
Tal vez hubiera seguido el camino que mi padre me indicó, la abogacía. Me gusta mucho la cuestión de las leyes, respetarlas y entender que un país se mueve porque tiene marco legal y moral. La comunicación me permitió aprender de la vida y servir a la sociedad de otra manera.
¿Qué opina sobre la situación actual del país y la juventud?
La humanidad está viviendo momentos difíciles: crimen organizado, conflictos internacionales, enfermedades, educación deficiente. Satanizamos a la infancia y adolescencia, pero la culpa está en los planes educativos. La juventud debe fomentar estudio, dedicación, patriotismo y civismo. La pobreza extrema genera miseria física y espiritual, y eso impacta a toda la sociedad.
¿Qué mensaje le daría a los jóvenes?
Que dediquen amor a la patria, que cuiden el legado de sus padres y sus hijos. Si no lo hacemos, la sociedad se degenera y cae en manos del crimen y la desesperación. La juventud debe estudiar, ser disciplinada, patriotica, cívica y trabajar para un futuro mejor.
¿Cómo quisiera que lo recordaran las futuras generaciones?
Como alguien que dedicó su vida a la comunicación, al servicio de la sociedad, y que dejó enseñanzas sobre ética, patriotismo y civismo.