Carlos Hernández: "Yo sentí la voz de Dios en ese momento..."

El peligro intentó frenarlo, pero una pequeña voz le devolvió el camino: "No, sigamos adelante". Y en ese instante, supo que Dios seguía guiando sus pasos...

  • Actualizado: 28 de febrero de 2026 a las 06:00
Carlos Hernández: Yo sentí la voz de Dios en ese momento...

Tegucigalpa, Honduras.- Hay niños que crecen jugando. Otros crecen soñando. Y hay algunos que crecen luchando, incluso antes de entender el peso de esa palabra. Carlos Hernández, director ejecutivo de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), fue uno de ellos.

En algún rincón de Olanchito, Yoro, mucho antes de los cargos y de los discursos, había un pequeño que, sin saberlo, ya caminaba hacia el propósito que marcaría su vida.

A los 13 años comenzó a enseñar a leer y escribir en su comunidad, no por reconocimiento, sino porque algo dentro de él le decía que ese era el camino correcto.

Su infancia estuvo marcada por la disciplina. En la puerta de la refrigeradora, un papel recordaba las tareas que debían cumplirse. No eran fáciles, pero ahí aprendió que el carácter se forma en silencio, bajo la guía firme de su madre y sus abuelos, y que rendirse nunca fue una opción.

Con los años, también conoció el miedo. Intentaron quitarle la vida, y una noche tuvo que sentarse frente a sus hijos con el peso de esa verdad. Pero fue uno de ellos quien le devolvió la fuerza, con una frase tan simple como poderosa: “No, sigamos adelante”.

Hoy, a sus 55 años de edad, entiende que todo ha valido la pena. Y si pudiera hablar con aquel infante que un día fue, solo le diría que luche, que no se detenga. Que el camino, incluso con dolor, lo llevaría exactamente a donde debía estar.

Ha sobrevivido al miedo. Ha sobrevivido a la violencia. Ha sobrevivido incluso al cáncer. Y en cada una de esas batallas, ha reafirmado la misma convicción que nació en aquel inocente niño: que vivir tiene sentido cuando se vive con propósito.

Hoy, cuando habla de Honduras, no lo hace desde el desencanto, sino desde el amor. Le duele la corrupción. Le duele la injusticia. Le duele el sufrimiento de la gente. Pero también cree. Cree en los jóvenes. Cree en la capacidad de transformar la historia. Cree que este país, a pesar de todo, sigue siendo generoso.
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¡Tictac con Carlos Hernández, el ciudadano que cree en una mejor Honduras!

Si pudiera volver a hablar con el Carlos de 13 años que daba clases de alfabetización en su comunidad, ¿qué le diría hoy?
Le diría que luche, que luche por sus sueños y por sus aspiraciones porque todo ha valido la pena.

¿Qué recuerdos guarda de su infancia que todavía influyen en el hombre que es hoy?
La disciplina, el carácter, la manera cómo me criaron. La influencia de mis abuelos. Mi abuela, de manera muy particular, mi madre y el tener que cumplir las cosas. En la puerta de la refrigeradora teníamos un papel con las tareas que debíamos hacer. Tareas que no eran fáciles. Eran muy difíciles, pero teníamos que hacerlo y que si no se hacía, había una consecuencia. También el amor al estudio y leer siempre. Y la voluntad firme de luchar para lograr lo que uno quiere.

Si dejamos a un lado los títulos, las responsabilidades y el liderazgo, ¿quién es Carlos Hernández?
Un hondureño que ama al país y que cree que otra Honduras es posible. Soy padre, esposo, hijo y cristiano, y encontré en mi fe, el impulso y la energía para luchar aún en momentos difíciles.

¿Qué le hace perder la noción del tiempo?
Ja, ja, ja, no me siento orgulloso, ja, ja, ja... pero es el trabajo. Me apasiona lo que hago.

" "Les digo a los jóvenes que luchen, porque sí pueden lograrlo. Todos podemos ser exitosos, pero hay que esforzarse"
Carlos Hernández
Carlos Hernández compartió con la periodista Sabdy Flores su lucha, sus sueños y lo que lo llena de impotencia ante la realidad del país

¿Cuál ha sido el momento más difícil de su vida... no como líder, sino como ser humano?
Cuando mi familia estuvo en riesgo, su integridad física se vio amenazada por mi trabajo.

Recuerdo un 6 de diciembre: habían asesinado a Dionisio Díaz, quien nos impulsó muchísimo en lo que hacemos en ASJ. Era un buen amigo, una persona extraordinaria. Dos días después de su asesinato, intentaron asesinarme a mí y siguieron a mi familia. Eso fue muy duro. Ese momento marcó mi vida.

Cuando sufrimos eso, me reuní con mi familia para decirle a mis dos hijos, que entonces eran pequeños, para explicarles lo que estaba pasando... Mientras buscaba las palabras, uno de ellos se paró y dijo: "¡Qué ridículo! ¡Qué ridículo que por hacer lo bueno, te quieran matar!" y después le agregó: "¡No, sigamos adelante!". Y esa frase, de uno de mis hijos, me ha acompañado siempre. Y, claro, era la voz de un niño inocente, pero yo sentí como la voz de Dios en ese momento.

¿Quién lo abraza cuando el peso es demasiado?
¡Ehhh...! Hay varias personas: mi esposa; una llamada de mis hijos cuando me he sentido solo, confundido o con temor; mi madre, que es supercariñosa y especial; y mis amigos, un muy buen grupo que siempre está ahí.

¿Se puede ser firme sin endurecer el corazón?
Sí, claro. Yo creo que todos tenemos diferentes maneras de procesar nuestro dolor, nuestra angustia y nuestros miedos. La visión, tu fe en Dios, tus creencias, la esperanza y el tener a gente a tu alrededor... te ayudan mucho a procesar todo lo que puede ocurrir.

Si la vida de Carlos Hernández

fuera un libro, él lo titularía "Grito de victoria" porque, en sus propias palabras, fue uno de los libros que más disfrutó en su adolescencia.

El ciudadano que cree en una mejor Honduras dice que actuar bien y respetar a los demás le da fuerzas cada mañana.

¿Qué significa para usted vivir una vida con propósito?
Es creer que podés ser un instrumento para cambiar la realidad y mantener eso firme. Todos tenemos un propósito, y uno de los valores fundamentales es la disciplina. Tenés que ser muy disciplinado, perseverante y hay que esforzarse.

¿Cuál ha sido su acto de fe más grande?
Mi vida. Cuando me escapé de una acción violenta en mi contra, Dios me permitió vivir con propósito. Cuando me detectaron cáncer y, después de 18 meses, me dijeron: “estás bien”. Lo logré. Y aquí estoy, con mucha fuerza.

¿Qué disfruta hacer cuando no está trabajando?
Yo le llamo “mi terapeuta”, que es mi bicicleta. Yo practico ciclismo y, en esos momentos de dolor, de angustia, de ansiedad, de temor... agarrar mi bicicleta e irme solo a una montaña, y sentir que ya no tengo energía ni fuerzas, pero que tengo que llegar a donde yo decidí que iba a llegar, eso me da alivio. Les pongo nombres a mis bicicletas, ja, ja, ja, y eso me fascina.

Comprometido por una mejor Honduras, Carlos Hernández encuentra en el ciclismo un respiro frente a la realidad.

¿Y cómo se llama su terapeuta (su bicicleta)?
Bueno, ja, ja, ja, tengo... tengo varias, ja, ja, ja... Me da pena, pero tengo una que es tan linda. Se llama “la azulita”; es mi favorita porque es como que la conocés y te conoce, ja, ja, ja. A veces he querido cambiarla, pero me da nostalgia.

Y tengo otra que fue la última bicicleta que usó mi papá como medio de transporte, no como placer. Recuperé la bicicleta de mi papá y yo le puse “Toñito”, porque a mi papá le decían “Toño”; entonces, le tengo bastante cariño.

No todo es trabajo... Hernández siente una pasión profunda por el ciclismo. Sus bicicletas se han convertido en su refugio frente al dolor, la angustia, la ansiedad y el temor. Para él, subir a la bicicleta le brinda un alivio único, un instante de paz.

¿Qué le duele más de Honduras?
Mmhh... Hay varias cosas: la corrupción; lo que sufre la gente; la injusticia; que los niños no tengan una educación de calidad.

¿Qué le da esperanza de este país?
La juventud. Este país tiene muchos jóvenes con ganas de devorarlo todo.

Después de toda una vida luchando por la justicia, ¿qué ha aprendido sobre el ser humano?
Que todos somos capaces de lo malo y de lo bueno, y todos podemos ser lo peor o lo mejor. Esto dependerá mucho del ambiente, de las relaciones, del carácter y de las oportunidades.

¿Honduras le debe una disculpa a su gente honesta?
Somos parte de una cultura que, lamentablemente, a veces potencia los antivalores; entonces, le rendimos culto a la imagen, a la apariencia, al que habla bonito... Y si le debemos una disculpa es al que, de repente, no se ve tan bien ni tiene una imagen, pero es el que lucha con mayor fuerza para transformar al país, y son la mayoría. Y yo creo que eso debe inspirarnos. Hay tanta gente extraordinaria...

¿Cómo le gustaría ser recordado?
Je, je, je... Yo creo que todos queremos que nos recuerden por lo bueno. Me gustaría que me recuerdaran como un luchador por la justicia y la verdad. Sería lindo; ojalá que pase, ja, ja, ja.

Su sencillez y humildad se perciben hasta en los gestos más pequeños, como el amor por los animales.

¿Qué quiere que sus hijos entiendan de su lucha?
Más que modelo de una profesión, quiero que mis hijos sean modelos de carácter, ideales y sueños. Que tomen lo bueno de mí y se queden con eso. Que procuren hacer el bien y marcar la diferencia en un mundo que necesita gente que denuncie y señale lo que no está bien.

¿Estamos más cerca de la justicia o de la resignación?
¡Eeeehhh...! ¡Wow! Yo creo en la justicia y siento que estoy cerca de eso. Eso me impulsa a seguir haciendo lo que hago desde que tenía 13 años. No podemos resignarnos; debemos luchar y avanzar.

¿Qué nos está faltando como sociedad?
Coherencia. Falta de integridad. Muchas veces hablamos bonito, pero actuamos mal. Muchas veces hay incoherencia entre nuestra vida privada y la pública. Queremos aparentar tener cuando no tenemos. Hay que ser auténticos, íntegros y tener una sola vida.

Siempre procura conversar con los demás, conocer su realidad y encontrar formas de brindarles apoyo.

¿Qué le diría a los jóvenes que sienten impotencia ante la realidad del país?
Que luchen, porque sí lo pueden lograr. Yo vine a la ciudad con 300 lempiras y una maleta más llena de sueños que de otra cosa, sin conocer a nadie en la ciudad, y aquí estoy. Y claro, aguanté hambre, ja, ja, ja, y a veces tenía que irme caminando de la Kennedy a la universidad. Todos podemos ser exitosos en la vida, pero debemos poner de nuestro esfuerzo.

Si pudiera dejarle una frase grabada al país, ¿cuál sería?
Honduras ha sido generoso. Este país merece lo mejor de nosotros, porque ha sido generoso en medio de todo.

Y finalmente, ¿qué le sigue dando fuerzas para levantarse cada mañana?
Cada día en mi agenda es una mezcla de cosas, ja, ja, ja. El querer hacer las cosas bien, el respetar a la gente.

Lo que cree, lo que sueña, lo que es...
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Una palabra que defina su vida: Perseverancia.
Algo que pocas personas saben de usted: Que mis bicicletas tienen nombre.
¿Qué miedo todavía lo acompaña?: El fracaso.
Una decisión que volvería a tomar: Mi niñez difícil.
Una esperanza: Un mejor país.
Un lugar en Honduras que ama: Disfruto las montañas y el mar.
Una decisión que cambió su vida: Casarme y ser papá.
La justicia es: Bienestar.
Honduras es: Lo mejor.
¿Qué le duele más: la injusticia o la indiferencia?: La injusticia.
Carlos Hernández es: Un hondureño que lucha por un mejor país.

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Sabdy Flores
Sabdy Flores
Periodista y community manager

Licenciada en Periodismo por la UNAH y parte de EL HERALDO desde 2018. Con amplia experiencia en el manejo de redes sociales y estrategias digitales, ha consolidado una carrera marcada por la innovación y el impacto social. En 2020 recibió un reconocimiento por su contribución a la comunicación orientada a la niñez, adolescencia y juventud.

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