América Mejía: “Mua es mi proyecto de vida... es mi esencia”

Historiadora de formación y cofundadora de Mua desde 1995, Mejía ha construido durante tres décadas un proyecto que insiste en no pertenecerle del todo, aunque pocos logran ya nombrar uno sin el otro. Ella misma bromea con que la reconocen solo como “América de Mua”

  • Actualizado: 08 de agosto de 2026 a las 00:00
América Mejía: “Mua es mi proyecto de vida... es mi esencia”

Tegucigalpa, Honduras.- Llegar a Mujeres en las Artes “Leticia de Oyuela” (Mua) es visitar una casa que se resiste al silencio. En el Barrio La Plazuela, al centro de Tegucigalpa, el retrato de Juana Pavón recibe a quien entra, incluso antes que Catrina, la cocker spaniel denominada “la encargada de Relaciones Públicas de Mua”, que se planta en la puerta justo cuando las visitas tocan el timbre.

A los pocos minutos llega América Mejía (Tegucigalpa, 1974) con una sonrisa amplia. Habla casi siempre en plural, incluso cuando se refiere a sus propios logros: “siempre es hagamos, nunca es hago”, dice, y esa costumbre del lenguaje termina siendo el retrato más fiel de quién es.

Esa vocación colectiva ordena su día a día. Entre reuniones administrativas y coordinación de equipos, reparte su tiempo con Gesto, tejiendo emociones —la marca textil que fundó junto a una amiga— y con Artesanatho, un espacio que promueve junto a otras iniciativas de salud integral y medioambiente. Nada, insiste, lo hace sola.

Así se sienta para esta entrevista, dispuesta a hablar de tres décadas al frente de Mua, pero también de lo que ese trabajo le ha costado a ella misma.

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A sus 51

años, Mejía

cursa una maestría en Cooperación al desarrollo y gestión de proyectos, y está por concluir su trabajo final de investigación

Si le quitamos el cargo, el título y la institución, ¿quién es usted a solas, en un día cualquiera?

Una persona que está pensando en el ámbito cultural artístico, en qué podemos construir, en cómo podemos vincular a la cultura y al arte. Creo que eso se va forjando, no es solo un ejercicio profesional, sino que uno lo va desarrollando, se siente, se piensa y se hace. No puedo decir que es natural, porque ha sido respondiendo a un trabajo de muchos años. Pero sí, ese sería como un día normal para mí. Fuera de todo lo demás, siempre sería pensar, querer hacer y contribuir.

¿Qué imágenes guarda de su niñez?

Soy hija de dos maestros de educación primaria, mi padre era de Ocotepeque y mi mamá de Tegucigalpa. Fui la única mujer de tres hermanos. La infancia fue como la de una niña que iba a la escuela, que jugaba, que estaba con sus hermanos.

Mi papá murió cuando yo tenía 10 años y en el poco tiempo que compartimos me dio mucho espacio para ser yo misma, acompañada también por mi mamá.

Mi vínculo más cercano era con mi papá, entonces fue una pérdida muy temprana y dolorosa. Eso le hace a uno varios cambios siendo niña.

Un registro de archivo de la muestra junto a Leticia de Oyuela y Juana Pavón, en los primeros años de la asociación cultural. (

¿Hay un momento preciso en el que la historiadora se convierte en gestora cultural o fue una acumulación de casualidades?

Estudié Historia con mi amiga, casi hermana, Josefina Álvarez. Compartíamos el mundo de preguntarnos, de conocer, de participar, y eso nos permitió tomar la decisión cuando nos invitaron a esta iniciativa. Teníamos 21 años, y a esa edad uno realmente se quiere comer el mundo.

En sus inicios, en 1995, sin tener certeza, teníamos el impulso, la actitud, tuvimos el apoyo, y decíamos “si llegamos al 2000, lo logramos”. Y aquí estamos, con 31 años.

¿Cómo era el panorama para las mujeres artistas en ese momento, y qué vacío considera que vino a llenar Mua?

Esa es la génesis de Mujeres en las Artes. Es una iniciativa donde hay cuatro mujeres, dos de ellas artistas, Josefina y yo. La pregunta, sobre todo de una de ellas, era cómo promovemos el trabajo de las mujeres artistas, dónde están las mujeres artistas, y así lo iniciamos.

En esa década, los noventa, también hay un repunte del movimiento feminista, de las organizaciones de mujeres y de sociedad civil, y eso nos permitió instalarnos.

  • Amuleto
  • Lleva siempre consigo unas pulseras con la frase “inhalo y exhalo”, que le sirven de recordatorio antes de una reunión importante o un momento de tensión.

Los proyectos surgen a partir de necesidades y realidades. En nuestro caso, era el momento de presentar todo lo que había sobre las mujeres artistas, por eso trabajamos lo que llamábamos pruebas de estudio, casi dos eventos al mes dedicados a la literatura, la danza, el teatro, las artes visuales, las artesanías, el cine.

Eso nos fue conformando e identificando que ya no solo era promoverlas por lo que ya tenían producido, sino entrar a otra etapa, producir artísticamente, evidenciar a las mujeres artistas, registrarlas.

En estos más de treinta años de trayectoria, ¿ha visto a mujeres que han abandonado su carrera como artistas por estas limitaciones? ¿Qué le ha quedado de esas historias?

Una de las limitantes que como mujeres tenemos es nuestra propia condición, se es artista, se es madre, se es profesional de un área, se responde a un trabajo. El ser artista no le quita a una mujer su condición de mujer. Eso limita que las mujeres puedan dedicar tiempo a crear sus obras, a profesionalizarse en las áreas artísticas, porque tienen que cumplir jornada laboral y atender el hogar. Esa es una limitante para las mujeres en diferentes ámbitos, también en el de las artistas.

Para Mejía, quien funge como directora ejecutiva de Mua, la credibilidad es el activo más importante que ha construido.

Además, muchas veces no dimensionamos todos los aportes y contribuciones que dan las mujeres artistas, ni el pensamiento que aportan. Y hay una cuestión de que muchas artistas no están en los espacios de toma de decisión, siempre sos actriz, pero no dramaturga, estás en una orquesta, pero no sos directora de orquesta.

Son espacios que en algunas áreas han sido netamente masculinos, aunque en el país eso ha ido cambiando, por ejemplo en el cine, donde ya tenemos directoras y productoras. Ahí hay un nivel de reconocimiento.

Jóvenes impulsan el arte a través del voluntariado

De todas las mujeres que han pasado por Mua a través de estas décadas, ¿hay alguna historia en particular que la haya marcado?

Mua se llama “Leticia de Oyuela” en honor a esta historiadora y promotora que acompañó la primera década de Mujeres en las Artes, abriendo esos espacios. Que la organización llevara su nombre es un reconocimiento en vida.

A nivel personal, Juana Pavón, como esa poeta de la ciudad, no solo por su historia de vida sino por su pensamiento, uno lee un poema de ella y dice la realidad, es vigente, pudo haberlo escrito en los ochenta. Es una mujer respetada en Mua, trabajamos con ella, la acompañamos en su tiempo de enfermedad.

También está Sandra Herrera, de las artes escénicas, que ha hecho producciones que se salen de lo esperado del teatro y la danza, con un trabajo interdisciplinario, y que además ha estado en la gestión cultural. Y en las artes visuales, Regina Aguilar o Xenia Mejía, mujeres que son referentes para las nuevas generaciones. Hay muchas más.

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  • Actualmente lee a la ensayista Irene Vallejo y a la historiadora del arte Linda Nochlin, cuyo trabajo alimenta una investigación propia sobre las condiciones sociales de la mujer artista.

¿Qué sacrificó por estar al frente de la organización?

Creo que un espacio de tiempo más familiar. Mua es mi proyecto de vida, le he dedicado mucho tiempo, y hay espacios que pudieron quedar vacíos, sobre todo el familiar. Pero después de 31 años no me veo en otro trabajo, para mí es mi esencia, ya solo dicen “América de Mua”.

¿Ha tenido algún momento en su vida en que ha querido soltarlo todo? ¿Qué la hizo quedarse?

Soltarlo, no. Nunca he querido soltar Mua, más bien he asumido compromisos materiales, por ejemplo esta casa. Hay personal en el equipo que llevamos más de 23, 25 años, y yo 31, Josefina también, y decidimos comprar esta casa e hipotecarnos, fue una decisión colectiva.

Eso terminó como en el 2020, y ahora ya no tomaría ese tipo de decisión, porque uno ve que va pasando el tiempo y que asumir esos compromisos implica posibilidades que uno ya no tiene, ni como persona ni en el trabajo.

Pero soltarlo, no. En Mua, con las personas con quienes creamos, pienso que la gestión cultural nunca se hace sola. Todo lo que logramos es a través de lo colectivo, porque es la fuerza, el pensamiento y la visión de los demás lo que aporta a un trabajo que se llama Mua.

La directora de Mua con parte del equipo.

¿A qué le tiene miedo actualmente?

Traicionarme a mí misma. Una vez me dijeron que algo que tengo, no con la sociedad completa pero sí con las personas que se relacionan conmigo, es un espacio de credibilidad. No es que vayamos a lograrlo todo, pero sabemos que tenemos ese espacio de credibilidad, y a eso le tendría miedo, a traicionarlo.

Y como persona, no perder la capacidad de sorprenderme, del asombro, ni la de crear, ni la de decir que esto es colectivo, esto es trabajar con las personas más cercanas.

Mua: tres décadas de arte, memoria y transformación social

¿Ha llorado por Mua?

Un montón de veces. Sobre todo porque hay momentos que con las producciones a uno le mueven. Pero también me toca saber de dónde se van a sacar los recursos, y hemos estado en varios momentos, como cuando decidimos lo de la casa, en que pensar en cerrar Mua era para mí un miedo, no lo quería. Ahí lloré, sí lloraba.

Cuando veo todos los resultados y veo a las personas en su humanidad, eso me preocupa. Sí tengo momentos de estrés, han ido disminuyendo, pero sí. Y sobre todo porque uno sabe cómo van las cosas y que lo puede lograr.

Ahorita estamos buscando financiamiento, buscando recursos, y veo claro por dónde vamos, pero lo material es necesario. Ahí sí me preocupo, y sí, he llorado por Mua.

Si Mua tuviera que cerrar mañana, ¿qué de usted quedaría intacto?

La necesidad de crear. Desde niña siempre andaba diciendo “creemos tal cosa, hagamos tal cosa”. Eso no se me ha quitado, y por eso estoy también en otros espacios ahora haciendo eso. Eso sería algo que quedaría intacto.

  • Pasatiempo favorito
  • Practica natación de forma regular, no de manera competitiva. Dice que le apasiona esa sensación de moverse entre dos ambientes, bajo el agua y respirando fuera de ella.

Si el Estado le diera carta blanca para hacer una sola cosa por la cultura y el arte en Honduras, ¿qué haría?

Después de tantos años uno siempre dice que hace falta política cultural, política pública, pero no se aterriza. Después de varias experiencias interlocutando con lo público y lo privado, creo que mejoraría las condiciones de las personas artistas y de las trabajadoras de la cultura, que haya no solo fondos, sino que mejore la precariedad laboral, la seguridad social, los incentivos y el fomento.

Casualmente hay una política de condición del artista aprobada el año pasado (...) le daría impulso a eso. Hay que crear, producir y presentar arte, pero ahora hay que mejorar también la condición del sujeto que hace ese arte.

Si tuviera que cofundar Mua desde cero, sabiendo todo lo que sabe ahora, ¿qué haría diferente?

Creo que a la hora de elaborar los proyectos, los elaboraría mejor en presupuesto. Desde el sector artístico cultural siempre decimos que sí podemos hacerlo, que colaboramos, y no reconocemos ni valoramos económicamente nuestro trabajo.

Eso lo haría diferente, las negociaciones con las propuestas. Me gustaría que hubiera más incidencia, no solo decir que queremos más arte, sino cómo lograrlo, invertir más tiempo en eso y tener un panorama más amplio, no tan limitado. Tener una mirada de bosque, no solo de árbol.

¿Qué le diría a su yo de 1995?

Le diría que estoy agradecida con la vida, que he sido una persona privilegiada.

¿Cómo le gustaría ser recordada?

Que me recuerden con esa capacidad de crear, de establecer vínculos afectivos, de cercanía, que me preocupé porque fuera un tema colectivo, una visión colectiva del hacer. Así me gustaría que me recordaran.

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Cinthya Bardales
Cinthya Bardales
Cinthya Bardales

Licenciada en Periodismo por la UNAH. Creadora de contenido impreso y digital, orientada a lifestyle, acontecer social y cultural.

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