Tictac

Un aventurero que vive desafiando riscos y montañas

Instructor del Club de Escala Deportiva Roca Teguz

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15.04.2016

Tegucigalpa, Honduras
A sus 33 años, él es más que un loco aventurero que salta de aviones, que nada con tiburones y anda escalando montañas y volcanes. No es un joven de sueños inalcanzables, por el contrario, con su título de bachiller en biología marina y su licenciatura en ecoturismo, tiene clara la ruta que seguirá en su vida y así se lo cuenta a EL HERALDO.

¿Qué es lo que más le gusta de la vida?
Viajar y hacer aventura, aprender siempre.

¿O sea que es un aventurero?
Sí, desde niño. Más o menos desde los 10 años.

¿Y cuáles han sido sus mayores atrevimientos?
Bueno, saltar de un avión, bucear con tiburones, hacer rapel (descenso por superficies verticales), hacer espeleología (exploración y estudio de las cavidades subterráneas), realizar recorridos largos en montañas, volcanes y un montón de cosas.

¿Y qué hay de su formación académica?
Soy licenciado en ecoturismo, tengo un bachillerato universitario en biología marina y especialidades en buceo, espeleología y montañismo.

¿Y actualmente qué hace?
Dirijo la empresa Roca Teguz, que es un club de escalada deportiva. Aquí hacemos bastantes actividades como expedición de cuevas, escalada en rocas, montaña, todo esto aquí en Tegucigalpa.

¿Ha tenido algún accidente alguna vez?
En 15 años no he tenido un accidente grave. Siempre hay incidentes leves como que se rompió una cuerda y se corrigió en el momento. En buceo he tenido dos impasses, uno fue cuando estaba haciendo unos monitoreos marinos y me quedé sin aire.

¿A qué profundidad máxima ha buceado?
A 32 metros. Tengo unos 68 buceos, incluyendo buceos nocturnos y buceo con tiburones, que es lo más extremo que se puede decir dentro del buceo recreativo.

¿A qué personas reconocidas en el país ha entrenado?
¡Uh! A mucha gente, como también trabajo con la Embajada Americana he atendido a diplomáticos, a equipos de los marines, gente del FBI, esos son los más sofisticados. De aquí del país he atendido a mucha gente pudiente y a otros locos amantes de la aventura.

¿A qué locos aventureros recuerda?
No puedo decirle nombres, ja, ja, ja... Mantengo a mis clientes escondidos, porque ellos pagan por una aventura y tengo que protegerlos.

¿Y cuál es el precio de una de esas aventuras?
Normalmente anda entre 35 y 60 dólares.

¿Y adónde los lleva aquí en Tegucigalpa?
Normalmente vamos aquí a Corralitos, que está dentro de la zona de amortiguamiento de la zona protegida de La Tigra. Ahí hay un circuito enorme para actividades. También está El Picacho, que es el lugar más cercano.

¿Alguna vez se le ha desbarrancado algún cliente?
En la aventura de escalada, hay varias formas de hacerla. La gente cae algunas veces, pero queda colgada, pero esto en el caso de turistas especializados. En el caso de turistas de iniciación se caen dentro del rango normal, pero nunca alguien se ha fracturado o algo así. La verdad es que los protocolos son muy exigentes, mi escuela es francesa y son muy conservadores.
¿Y dónde se especializó en este tipo de aventuras?
Primero inicié aquí en la Universidad Nacional, luego en una universidad privada y después saqué mi especialidad afuera, en México, El Salvador y Costa Rica.

¿O sea que usted no le tiene miedo a la muerte?
Ja, ja, ja…¡miedo a la muerte! La verdad que uno tiene sus límites. En El Salvador y México he llegado a grandes alturas, ahí sí he sentido miedo de morir.

¿O sea que sí le teme a la muerte?
Sí, es que soy un ser humano, es normal sentirla, es que no tener miedo sería como no tener conciencia.

¿Pero nunca la ha visto de cerca?
Una vez en una cueva sí, estábamos haciendo sifones, o sea túneles con agua, y ahí sí…

¿Y para qué hace cuevas?
Ja, ja, ja... es que es parte de la aventura. Es que dentro de las cavernas hay muchos escenarios y unos son peligrosos. ¿Por qué hacemos eso? Porque es un escenario diferente, me gusta conocer ecosistemas diferentes.

¿Ha entrado a las antiguas minas de San Juancito?
Minas es una cosa y cuevas es otra. Las minas son más peligrosas porque son hechas por el hombre y se pueden destruir. A mí me gusta ser muy profesional y todo lo aprendido lo aplico por seguridad. No soy alguien que rompe reglas, siempre le digo a mis turistas, sigan las reglas y todo va a estar bien. En los deportes extremos hay reglas y hay que acatarlas.

¿Qué piensa de la vida?
Pienso que de una u otra forma, todos tenemos un papel que jugar en la vida y debemos dejar una huella positiva. Todo lo que hagamos podría ser positivo para el país, para el ambiente en que vivimos. La gente siempre me dice “¿y usted porque hace eso?” y les digo que esto es espontáneo.

¿Alguna vez alguien le ha dicho que está loco?
No falta alguien, pero lo mío no es locura, todo ha requerido un estudio y una práctica. Siempre he hecho deportes y he estudiado, yo quería ser biólogo, pero no lo logré porque en ese entonces la biología era muy cerrada, y lo que hice fue dedicarme a la parte marina, con una beca que tuve con una universidad de Inglaterra.

¿Pensó en algún momento que viviría del turismo de aventura?
Cuando era estudiante siempre sacaba turistas, pero no ganaba nada. Después empecé a trabajar y cada vez la demanda era más grande, entonces decidí armar un club, crear paquetes con destinos. Los destinos que ahora utilizo los hice con los amigos, gente especializada, no novatos. Fuimos a ver las rutas porque Honduras tiene tantos lugares.

¿Puede vivir tranquilamente realizando esta actividad?
No me da para poder vivir bien, pero sí para poder ir pasando. Algo que me gusta es que soy independiente y puedo viajar.

¿Me imagino que usted fue el hijo loco de la familia?
Sí… el loco. Mi hermana menor hace también lo que hago yo. Somos cuatro hermanos.

¿Y qué pasa que no se ha casado?
He tenido mis novias, pero no he encontrado una loca todavía. Lo que pasa es que me gusta la independencia y no he pensado estar amarrado a una relación, pero cuando lo haga, lo voy a hacer muy formal.

¿Sus amigos no lo ven raro porque no se ha casado y no tiene ni hijos?
Ja, ja, ja, cuando tenía mi novia me decían ¿y cuándo la boda? Y yo les digo “tranquilos”. Es que aquí la gente piensa en casarse sin estar preparados.

¿En este momento cuáles son sus sueños?
Tengo un montón. Siempre he pensado en crear un gimnasio gigante para promover la escalada. Es que aquí los jóvenes no tienen nada que hacer o en qué entretenerse; otro es estudiar un postgrado, viajar por Europa y tener una familia.

¿Como que se está poniendo de moda el casarse después de los 60 años?
Pero yo no puedo llegar a esa edad solo, ja, ja, ja...no me puedo comparar con unos que se han casado después de los 60 años.

¿Nunca ha soñado con escalar el Himalaya?
Nooo, conozco bastante y he estudiado tanto el montañismo, y la verdad que no me interesa. Hice media montaña en Centroamérica, que es como 5,700 metros en Guatemala, donde hay como 48 volcanes. He realizado caminadas de locos, con todo el equipo, tiendas de campaña, comida y todo y se sufre, pero ya con nieve es otra cosa, aparte que es muy caro.

¿Qué es lo que Jerry quiso ser y no pudo?
Quise ser piloto pero no pude, me dijeron que no por mi estatura, pero bueno, ahora soy feliz como un profesional del turismo de aventura.

¿De qué se arrepiente en la vida?
Me arrepiento de cosas... Yo fui cadete, estuve en la Escuela Militar, a veces me arrepentía por no haber continuado; pero ahora ya no, me da igual. Uno no puede vivir pensando en lo que pude haber sido, no, yo estoy tranquilo con lo que he aprendido. Es cierto, a veces uno dice: si me hubiera esforzado un poco más, estuviera mejor.

¿De su niñez qué recuerda?
Tuve una infancia normal, fui muy feliz, jugaba a todo en la escuela, en la casa.

¿Era peleonero cuando niño?
No, que va, era muy pasivo. Cuando estuve en los grupos de campamento fue cuando empecé a hablar más, antes no lo hacía. No tenía problemas para hablar, pero sí era un niño muy callado.

¿Dentro de diez años dónde se ve?
En mi casa como manager, dirigiendo mi empresa, con mis hijos. Yo creo que en menos tiempo tengo que empezar ese proyecto familiar.

Robert Marín García