Arístides Mejía: "Me gusta estar ahí... cuando quiero sentirme cerca de mi hermana"

Entre libros, ajedrez y vino, encuentra calma. Su lugar especial: su biblioteca, donde vive el recuerdo de su hermana, Lisette. Allí asoman el dolor, la memoria y la vida que sigue...

  • Actualizado: 21 de marzo de 2026 a las 00:00
Arístides Mejía: Me gusta estar ahí... cuando quiero sentirme cerca de mi hermana

Tegucigalpa, Honduras.- Hay vidas que no caben en un titular. Vidas que, aunque han transitado por los escenarios más visibles del poder, guardan en su esencia una historia íntima, silenciosa y profundamente humana. La de Arístides Mejía es una de ellas.

A sus 65 años, este hombre nacido en Tegucigalpa no solo carga con el peso de decisiones que marcaron momentos clave del país, sino también con una memoria tejida de afectos, pérdidas, aprendizajes y convicciones que el tiempo no ha logrado diluir.

Detrás del exfuncionario, del político, del abogado, habita un niño que creció entre dos mundos: el calor de su hogar en Honduras y la distancia elegante de Ginebra, Suiza, donde vivió hasta los 11 años, descubriendo la lectura, el pensamiento y esa curiosidad insaciable por entender la vida.

Hablar con él es abrir una puerta poco habitual: la de la reflexión pausada, la del pensamiento que no busca impresionar, sino comprender. Es encontrarse con un hombre que no le teme a la autocrítica, que reconoce sus errores con la serenidad de quien ha aprendido a mirar hacia atrás sin evasivas, y que sostiene sus ideas con la firmeza de quien ha hecho de la realidad su principal punto de partida.

Pero también es descubrir al ser humano que encuentra refugio en los espacios más íntimos. En su casa —esa que ha construido a su manera— hay un lugar donde el tiempo parece detenerse: su biblioteca. No es solo un sitio de lectura. Es un lugar donde habita la memoria. Allí conviven los libros que ha reunido a lo largo de su vida con aquellos que heredó de su única hermana Lisette, una mujer profundamente culta que falleció a finales de 2025 por complicaciones de un problema renal. Desde entonces, ese espacio se ha convertido en algo más que un rincón de reflexión: en un refugio donde el recuerdo se vuelve compañía, donde el silencio tiene nombre... y donde, entre páginas, aún es posible sentirse cerca de quien ya no está.

Porque al final, lo que permanece no son los puestos, ni los aplausos, ni las controversias... sino la huella invisible que cada vida deja en quienes la rodean. Y en esa huella, sin duda, también se escribe la historia de un hombre que aprendió —a su manera— a abrirse paso.

" "No tengo la arrogancia de querer permanecer en la memoria de casi nadie".
Arístides Mejía
Lisette, hermana de Arístides, aparece a la izquierda en su casa en Suiza, durante su infancia.

Tictac con Arístides Mejía: el hombre que se resiste a perder la esperanza en su gente

Don Arístides, muchos lo conocen por su trayectoria política, pero ¿quién era Arístides de niño? ¿Qué recuerdos de su infancia todavía le hacen sonreír?
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Mi infancia fue muy dichosa porque mis padres tenían un hogar bien constituido y se entendían muy bien. Tuve solamente una hermana, lo que facilita mucho las cosas, porque le da más agilidad y más posibilidades por el factor económico de las familias.

Fue una infancia en la que una parte se desarrolló hasta los seis años en Honduras y la otra en Suiza, en Ginebra, donde mi padre trabajaba para las Naciones Unidas a título personal, y en donde forjamos una parte de nuestra educación, porque ahí fuimos a la escuela y aprendimos a leer y la cultura francesa.

Guardo recuerdos muy lindos de todo lo que significó: la relación con mis padres complacientes, la relación con mi hermana, con quien pasábamos horas jugando y platicando.

Por estar allá, no tuve la clásica crianza de Honduras, en la que normalmente uno se relaciona mucho con sus primos y con sus abuelos, y las costumbres de ir todos los domingos a comer a la casa de los abuelos.

¿Cómo describiría su hogar cuando era pequeño?
El hecho de que mis padres fueran librepensadores y estimularan el conocimiento, la vida intelectual y la libre discusión ayudaba mucho a una gran apertura en la manera de ser y pensar. Eran muy respetuosos de eso y muy enfáticos en apoyarnos en iniciativas relacionadas con nuestra formación, pero no solo una formación orientada a la especialización, sino también a la cultura general, lo cual fue bastante enriquecedor.

Tuvimos la suerte de contar con un hogar muy estable. Recibí instrucción en la religión católica y, allá en Suiza, hice mi primera comunión. Mi papá gustaba mucho de la filosofía, y desde pequeño hablábamos de eso.

El abogado compartió con EL HERALDO una fotografía de sus padres y su hogar estable.

¿Cuál es su lugar favorito de la casa? ¿Será la biblioteca?
Tengo una biblioteca compuesta en dos partes: una que siempre ha sido mía y otra que incorporé recientemente, formada por los libros que heredé de mi hermana Lisette, quien falleció a finales del año pasado (2025) debido a complicaciones de un problema renal.

Mi hermana también era una gran lectora, una mujer muy culta y médico. Incorporar su biblioteca acá es un recuerdo imperecedero, y por eso me gusta estar ahí, cuando quiero sentirme cerca de mi hermana y dedicar un momento a la reflexión. La biblioteca es un lugar muy especial.

¿Cuál fue su primer sueño profesional?
Influido por mi madre, primero estudié Medicina —¡ja, ja, ja!—, pero pronto me di cuenta que no era mi vocación. Quería ser politólogo o filósofo, pero decidí regresar a Honduras —yo estaba estudiando en Costa Rica— para participar en la vida política de mi país. Opté por estudiar Derecho, que me gusta muchísimo, especialmente la filosofía del derecho, la doctrina, y el derecho constitucional y electoral.

Todos enfrentamos momentos que nos marcan profundamente. ¿Cuál ha sido uno de los instantes más difíciles que le ha tocado vivir, no como figura pública, sino como ser humano?
Algunas veces he sufrido por problemas de salud de mis hijos y, en otras ocasiones, por la pérdida de personas cercanas. Falleció mi padre y, recientemente, mi hermana. Esos han sido momentos muy duros.

Al estar involucrado en la política nacional, también sufro por las cosas que le pasan al país.

Don Arístides Mejía es padre de tres hijos: Tito Azier, Gioconda y Arista.

Cuando la vida golpea fuerte, cada persona busca y encuentra su manera de levantarse. ¿Qué le ha ayudado a usted a mantenerse firme en los momentos difíciles?
Mi carácter me ha ayudado mucho, porque me considero fundamentalmente una persona realista. No me gusta la ilusión. Filosóficamente soy contra toda ilusión. Soy optimista, y tengo la suerte de tener un temperamento equilibrado. No padezco de depresiones, no padezco de nada que me estristezca fácilmente. También soy estoico, porque creo que lo que no está en mis manos no me debe hacer sufrir.

¿Qué situación personal le enseñó la lección más dura de su vida, hasta el momento?
Enfermedades de mis hijos, particularmente de una de mis hijas. Fue una situación dura que me afectó y que se ha ido superando con el tiempo.

¿Qué es aquello de lo que más se arrepiente en su vida profesional o política? Ese error que cometió y que pocas veces o nunca ha admitido
En mi vida profesional, como abogado, quizá no haber tenido la constancia de mantener, fundamentalmente, el trabajo de mi profesión y de dejar alternativo la parte política, porque en realidad me gusta más la política que el Derecho.

En la política siempre se cometen muchos errores. Estuve en contra de la forma en cómo se terminó con el problema de 2009, que era un caso de desetabilización. Como buen demócrata, estuve en contra del golpe de Estado; también creo que pequé de ingenuidad, porque apoyé a un líder que creí víctima en ese momento, pero que después resultó ser él mismo una persona autoritaria. Ese error le costó muy caro al país.

¡Un verdadero catador!

Gran amante del vino, y la viticultura, se define como una persona vivaz.

Usted presidió el extinto Tribunal Supremo Electoral (TSE), un órgano clave en la democracia hondureña. ¿Qué entendió sobre el país y su gente al estar en esa posición?
Sobre Honduras, lamentablemente he aprendido que el subdesarrollo se debe al atraso de la cultura política y de la historia del pueblo, de donde surgen sus líderes. Tenemos malos líderes porque la gente no tiene la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo en ese tipo de cosas. Cuando los pueblos tienen mayor cultura política, son más exigentes y se dejan engañar menos.
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¿Qué lo motiva hoy a seguir siendo una voz crítica y activa en el país?
Me motiva mucho la conciencia, sobre todo cuando esta actúa como acicate, porque uno sabe que las cosas se están haciendo mal o en perjuicio de algo, y que podrían hacerse mejor.

Arístides Mejía disfruta del ajedrez, la lectura y los viajes. Es un apasionado del buen cine y siente especial atracción por las grandes ciudades y museos.

¿Qué situación lo ha hecho sentirse más orgulloso de ser hondureño
Me hace sentir orgulloso ver que un pueblo sufrido y empobrecido conserva la esperanza, el buen carácter y la calidez que caracteriza al hondureño. Eso me hace sentir orgulloso y me demuestra que el hondureño, en realidad, es imbatible. Y si el hondureño es imbatible, tengo la esperanza de que algún día salgamos adelante como país.

¿Qué cree que aún falta en Honduras para que las nuevas generaciones puedan soñar con un país mejor?
Lo que hace falta es que ellos (las nuevas generaciones) tomen las riendas de su destino en sus manos, porque las generaciones que les antecedieron —unas sí, otras no— contribuyeron al desarrollo, pero la mayoría no ha ayudado.

¿Cómo le gustaría que lo recuerden quienes lo conocen y quienes solo han visto su faceta pública?
Después de muerto no me preocupa demasiado. No tengo la arrogancia de querer permanecer en la memoria de casi nadie, ni pienso en la inmortalidad que algunos buscan. Solo quiero que, por supuesto, mis cercanos no sufran por mi ausencia.

Mirando todo lo que ha vivido, ¿qué cree que es lo verdaderamente importante al final de la vida?
Es haberse abierto paso. Es tener la satisfacción de haber realizado las cosas sin mayores trabas y de haber superado los obstáculos para alcanzar los propósitos. En ese sentido, me siento satisfecho con todo lo que he hecho... podría morirme hoy mismo.

Tiene gusto por la cocina

"Me gusta cocinar, cocino todos los días", confiesa. Entre carcajadas, asegura que tiene varias especialidades. Agrega que le gusta mucho la cocina mediterránea o del norte de Francia y también la latinoamericana. Disfruta cocinar pastas, carnes y mariscos.

Lo que cree, lo que sueña, lo que es...

Un sueño que aún persigue: Hacer un libro.
Un rincón de Honduras que lo conmueve: Las montañas.
Arístides Mejía es: Un hombre con afán de vivir la vida, porque la vida vale la pena vivirla.
Algo que pocos saben de usted: Que también me gusta la soledad.
Un miedo que aprendió a enfrentar: Como decían los antiguos galos, el miedo de que el cielo me caiga sobre la cabeza.
Un lugar que lo hace sentirse en casa: Cualquier lugar donde pueda sentirme cómodo y en buena plática.
Una palabra que lo define: Hombre con unidad y propósito.
¿Qué lo sigue motivando cada día? La vida misma. El sentido de la vida. Los placeres de la vida. Los hijos, que son muy importantes en mi vida.
¿Qué significa Honduras para usted? Un país que tiene futuro si entiende que está inserto dentro de una masa similar que se llama Latinoamérica, con un destino común, para tener un peso específico dentro del concierto del mundo.

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Sabdy Flores
Sabdy Flores
Periodista y community manager

Licenciada en Periodismo por la UNAH y parte de EL HERALDO desde 2018. Con amplia experiencia en el manejo de redes sociales y estrategias digitales, ha consolidado una carrera marcada por la innovación y el impacto social. En 2020 recibió un reconocimiento por su contribución a la comunicación orientada a la niñez, adolescencia y juventud.

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