Tegucigalpa, Honduras.- Año 2006. Laura Bermúdez está frente a una pantalla viendo “Quién mató al carro eléctrico”. Quizá llegó sin demasiadas pretensiones, pero ese terminó siendo el instante que marcaría su vida hasta hoy.
Ahí decidió que quería seguir el camino de Chris Paine, la mente detrás de esa historia que impactó a una Laura que ni siquiera llegaba a los 20 años.
Pero antes del cine hubo algo más: la fotografía. Y antes de la fotografía, otra cosa: una familia que sembró la semilla del arte sin saber realmente qué planta iba a germinar.
Sentada ahora en su casa, recuerda cómo desde la niñez estuvo cerca del arte, la literatura, la psicología y la antropología, y cómo su papá y su mamá le dieron forma a un pensamiento que se forjaba desde la sensibilidad, esa que es tan necesaria cuando se ve la vida desde el prisma de un documental.
Con Laura, documentalista de referencia del cine hondureño actual, habíamos hablado antes de sus proyectos y de su primer largometraje —“Allá donde nace el sol”— tras años creciendo en el cortometraje. Pero nunca nos habíamos detenido a explorar qué hay detrás de esta directora que aspira a cosas grandes.
Dice que podría hacer cine gratis, que la pasión la acompaña desde el primer día y que, con el tiempo, el “yo” ha ido cediendo espacio al “nosotros”, desde donde —asegura— es más fácil crecer.
¿Dónde nació y quiénes formaron parte de ese núcleo familiar en el que usted se desarrolló?
Nací en Honduras, soy catracha, pero mi madre es brasileña, y por cierto, mi lengua materna es el portugués. Yo crecí en Honduras, pero muy pequeña mi madre se tuvo que regresar a Brasil para sacar su doctorado en Antropología y me llevó, entonces yo aprendí a hablar estando en Brasil. Por eso para mí Brasil es muy importante, pero yo trabajo desde Honduras y estoy muy orgullosa de ser de acá también.
Mi papá es arquitecto y mi madre es antropóloga social, entonces tengo esas dos influencias. La parte artística de mi familia paterna —no solo de mi padre—, hay una línea artística muy fuerte de escritores, de poetas; entonces tengo esas referencias. Y la parte de mi madre que es más social, la antropología, entonces esas dos cosas las uno en mi oficio ahora, que es el cine documental, que tiene que ver con arte, con personas, con reflexionar sobre el mundo, sobre la humanidad.
Y en esos primeros años, ¿qué le gustaba hacer y qué soñaba ser?
Me acuerdo la primera vez que mi hermano compró una cámara de fotografía y yo quedé: “Wow, yo quiero hacer esto”. Empecé a ver que él tomaba fotos y luego me metí al curso de fotografía del famoso Juan Pablo Martell acá en la Alianza Francesa. Y ahí me formé primero en fotografía, me parecía que era mi manera de comunicarme con el mundo, de tratar de entenderlo a través de las imágenes, y poco a poco fui descubriendo que existía el cine y el cine documental. Tuve la oportunidad de hacer un viaje de intercambio y en la ciudad que vivía en el norte de Inglaterra vi por primera vez una película documental, yo ni sabía que eso existía, y dije: “Okay, se puede hacer otro tipo de cine”. Y empezó una pasión por la fotografía, por contar historias, que fue evolucionando a querer hacer cine.
¿Considera que su mamá, específicamente, por su formación como antropóloga, influenció esa forma de ver las cosas o esa forma de querer transmitir las cosas a través de la fotografía?
Totalmente, y no solo eso, porque además ella estudió psicología. Entonces mi madre siempre fue muy buena hablando con la gente. Uno para hacer documentales tiene que saber escuchar, tiene que interesarse por la historia del otro, entonces me parece que la influencia de mi madre viene de ahí, de la psicología, la comunicación y luego la antropología. Y en el caso de mi padre es una influencia artística, porque la arquitectura tiene el tema de la estética. Eso fue una gran influencia.
¿En qué momento decide que quiere hacer cine?
En mi casa mirábamos mucho cine. Crecí viendo películas. Pero yo quería estudiar Medicina, de hecho me matriculé en Medicina. Hacía un voluntariado en el norte de Inglaterra y di con un cine que yo no conocía. Y fue una cosa que dije: “Esto es lo que quiero hacer”.
En ese momento sonaba muy etéreo, pero he sido bien obsesiva con ciertas cosas, necia, y dije: “No, me voy a dedicar a esto”. Y claro, estudié Comunicación. Y me eduqué y me tocó trabajar, de todo me tocó hacer, pero poco a poco fui especializándome en lo mío.
Tomé la decisión la primera vez que miré un documental, que de hecho se llama “Quién mató al carro eléctrico”. Ese documental me impactó, eso fue en el 2006, lo recuerdo perfectamente ese momento.
¿Y de qué manera le impactó para decir "quiero hacer documentales y no películas", por ejemplo?
Yo no conocía lo que era una película documental, porque las dos son películas, solo que una es ficción y la otra documental. La diferencia es que una parte de la realidad, también tiene personajes con curvas dramáticas y a mí eso es lo que me apasionaba.
Yo quería entender más de dónde soy, quiénes son estas otras personas, qué historias nos habitan. Eso del documental es algo que está vivo, que va surgiendo del diálogo, y es algo que es un poco impredecible también, y es lo que a mí me apasiona, porque cada documental pertenece a una curiosidad, a una preocupación que yo tengo del mundo y a mí me transforma. Entonces siento que para yo querer hacer algo que otras personas verán, primero me tiene que transformar a mí.
¿Qué sucedió entre querer hacerlo, decidir hacerlo y quedarse haciéndolo?
Es un camino de muchos desafíos, pero creo que la clave aquí es aprender a ser flexible. Yo encontré trabajos dentro del área de la comunicación, pero siempre tenía mis proyectos personales, nunca los abandoné y siempre le daba esta energía extra y la insistencia.
El hecho de perseverar y seguir y aplicar y escribir, empecé a tener apertura de espacios a nivel internacional, incluso antes que en Honduras, y el camino se fue revelando. Uno insiste, lo quiere y es una pasión, a mí me apasiona esto. Yo lo hago sin necesidad, lo haría sin dinero, es algo que hago porque lo amo. Claro, actualmente ya es un medio de vida, pero lo haría de gratis.
Entonces es tanta esa pasión, la insistencia, perseverar, tuve que hacer muchos cortos (...) Yo me busqué mis propias oportunidades, tanto en Honduras como fuera de Honduras y sí existen, sí es posible. Es un trabajo arduo, pero vale la pena, porque cuando uno está haciendo lo que quiere, todo vale la pena.
Para llegar a estos lugares, a estos escenarios, ¿qué tuvo que suceder?
Mi oficio es el cine, uno tiene que hacer cine, y ¿cómo empieza a hacer uno cine?, haciendo cortometrajes.
Me acuerdo que el Festival de EL HERALDO cumplió un papel muy lindo en ese momento, porque eso motiva. Hay un festival, estábamos haciendo un montón de cortos, uno tiene que salir y hacer su proyecto. Yo veo ahora mis primeros cortos y ya ni los muestro, pero fueron mis inicios, y uno va mejorando y mejorando.
Lo esencial es salir del umbral, porque hay mucho miedo, siento que a la gente le intimida este tema. Creo que hay que lanzarse y sacar un proyecto, un cortometraje, para mí es la única manera de empezar en Honduras.
Y ya cuando uno siente que hizo una obra que empezó aquí, que la filmamos y se convirtió en una película y lo ve una audiencia, entonces quiere seguir haciendo esto. Seguí sacando talleres, no me quedé con lo que estudié en la universidad, me fui a Brasil, conseguí muchas becas en Centroamérica para participar en talleres, conocer a otros cineastas.
El cine latinoamericano es de muy alto nivel, no nos podemos quedar con lo que hay en Honduras, aquí estamos empezando, hay mucho talento, pero para aprender hay que salir. Entonces al salir tenía otras ideas, las aplicaba.
Luego uno de mis cortos que marcó un antes y un después fue "Negra soy", ya tenía unos cinco o seis cortos que había hecho, ya había salido, y ese cortometraje tuvo un impacto increíble. Se presentó en muchos países, todo eso a uno lo motiva, y ya con un cortometraje que sale y tiene un sello de un festival grande, empieza uno el camino del financiamiento. Porque al final el cine es un arte que requiere fondos, ya con un currículo y que logré salir, con un sello internacional, se me abrieron las puertas para empezar a financiar los proyectos que estoy trabajando ahora de largometraje.
¿Cuáles han sido esas experiencias más aleccionadoras de su carrera como documentalista?
Entender que el documental tiene que ver mucho con quién lo está haciendo, o sea, qué intenciones tiene, la ética al estar trabajando con seres humanos, que me tiene que importar el impacto que esto tiene en la vida de estas personas.
Ese es uno de los grandes aprendizajes, que el realizador tiene que posicionarse y manejar una dinámica en la que no haya un abuso de poder, que sea transparente, que sea ético y que no sea extractivista.
Porque a veces uno va y conoce personas y las entrevista, y uno pierde el contacto. Entonces yo, por ejemplo, cada vez que hago algo siempre regreso al lugar para mostrarlo, estas personas tienen que saber qué es lo que se está haciendo y que sea lo más recíproco, y eso es ahora parte de mi sello, que sea colaborativo.
A mí no me interesa tener el crédito así de "la directora". Yo trabajo con tanta gente, mi director de foto, el sonido, el montaje, hay tanta gente que me colabora, y siento que solamente soy una facilitadora de talentos, aparte de tener la conexión con los personajes y de creer en los temas que hago.
Para mí uno de los aprendizajes también es que yo hago temas que a mí me importan, que trascienden una curiosidad, que es una causa; me interesa porque le voy a dedicar tanta energía, tanto tiempo de mi vida a un tema que realmente necesito tener la convicción de que eso se tiene que hacer, que importa y que es ético.
Yo estoy en un rubro que si bien colinda con el entretenimiento, no estoy haciendo cine solo por entretenimiento, hago cine que quiera transformar, transcender y crear un impacto. Eso es algo que fui aprendiendo en el camino, porque no vale la pena todo este viacrucis que uno hace, con muchas renuncias, mucho trabajo extra, solo por hacer algo que yo no considero tan relevante.
Ese es un proceso de autoconocimiento y de entender un poco nuestro propósito, ¿para qué hago cine?, yo me pregunto ¿podría no hacerlo?, porque sería más fácil en mi vida, pero creo en las causas que están detrás de mis películas.
¿Cómo decide que una historia merece ser contada?
Es muy intuitivo. Cuando conocí a Jorge García, que es mi colega, codirector y protagonista de "Allá donde nace el sol", su historia de desarraigo, de búsqueda de identidad, a mí me tocó. Me interpeló además el desconocimiento que tenemos sobre la cultura garífuna en general en Honduras. Me parece insólito que además como país uno saca pecho de la parte turística, pero no conocemos, no investigamos.
Entonces me embarqué en este viaje con él porque además me tocaba a mí el tema de la identidad, de pertenecer, de dónde soy; él con esta gran conexión con sus ancestros, con su cultura, esa búsqueda que él tiene y la poesía que tiene y todo lo que yo aprendí.
Cuando me mueve algo a mí, ahí es donde tomo la decisión, es algo muy personal. Para mí tiene que tener una relevancia a nivel internacional, estamos hablando que hoy es un momento importante que las historias que sean contadas, por ejemplo, de los pueblos originarios, sean contadas incluyendo a las personas que tengan una agencia creativa, o sea, Jorge y yo creamos el guion de esta película, no lo hice solo yo. Eso a mí me parece que trasciende. Esa película va a quedar para la historia como un trabajo que se hizo de forma ética y colaborativa. Es una decisión muy personal y tiene que ver con los valores de cada cineasta.
Algunos artistas dicen "yo creo desde la incomodidad, o desde la esperanza", en su caso, ¿desde dónde crea?
La esperanza está en todos mis proyectos y también para mí es importante que tenga una crítica social, me gusta utilizar las metáforas, la poesía, me gusta además poder entrar a una audiencia desde los sentidos. Me gusta crear mundos, y no son explícitamente denuncias.
Yo no trabajo exactamente con un cine de militancia pura y dura. Mi gran aporte es crear algo que pueda uno sumergirse en una historia y conectar y generar empatía. Para mí la empatía es sumamente importante en mis películas y para eso trato de seducir a las audiencias con los elementos cinematográficos. El sonido es muy importante, me gusta mucho experimentar el lenguaje cinematográfico.
Yo no me quedo exactamente con la forma tradicional de lo que consideramos documentales, que fue con lo que crecimos, que son con entrevistas y seguimiento de personajes, a mí me gusta más experimentar, y con mis colegas, con mis cómplices creativos que son mis protagonistas, empezar a entrar en el mundo interno. Entonces me gusta hacer películas que profundicen en los mundos internos de los protagonistas.
¿Cuáles son los principales retos creativos y logísticos que ha enfrentado como documentalista?
A mí me pasa que usualmente escojo lugares con retos logísticos muy fuertes. Yo he filmado en los lugares más complejos de filmar porque no hay electricidad, porque no hay una estructura.
En donde filmamos "Allá donde nace el sol" no había un hospedaje, que es en la parte de Iriona (Colón), pero a mí ese desafío es lo que me gusta, porque nos quedamos en las casas de las mismas personas.
Entonces en el tema de los retos logísticos a mis colegas de sonido y fotografía les teníamos que llevar baterías, a veces con la batería de un carro, por el tipo de cine que yo hago que no es muy urbano. Pero en esos lugares que además son inhóspitos, como la selva, hay unas historias tan espectaculares que no conocemos y eso es lo que a mí me motiva, encontrar una Honduras, y encontrarla, encontrarla, o sea, hablar con la gente de ahí y ser parte de un conjunto, me puedo aguantar cualquier tipo de reto (...), esto es parte de la diversión para mí.
¿Hay historias que evita contar?
Evito contar historias de héroes o de heroínas, en el sentido que siento que el ser humano hay que complejizarlo. Evito realmente también enamorarme de ciertos personajes de los que no pueda contar sus partes oscuras. Evito eso porque el ser humano es un ser complejo. Evito hacer historias que puedan solamente tener un fin panfletario, yo no hago un cine panfletario. Creo en la independencia, en la autonomía de la creatividad y esos serían mis grandes límites. Usualmente me gustan las personas que creen que no tienen algo que contar y sí lo tienen.
Y en eso de desentrañar al ser humano, ¿qué es lo más complejo?
El dolor y los traumas, y cómo entender y profundizar de una manera que no revictimice nuestra historia y quiénes somos. Entonces lo más complejo es lograr tener una mirada ética, sabemos que es con otra persona, que es su vida la que nos está dando a los cineastas, ¿cómo cuidamos a esa persona también?, el cuidado para mí debe ser clave en una producción documental.
Antes no se hablaba de esos temas, las personas hacían las películas y las presentaban; yo no puedo no estar en contacto con las personas con las que trabajo, y eso lo hace más complejo, porque es más fácil solo llegar, filmar y nos vamos. Entonces, uno crea relaciones que tiene que además alimentar, pero para mí ese es el camino.
¿Cómo podría definir el momento actual de su carrera y cómo lo contrasta con sus inicios?
Antes para mí era muy importante la cantidad, era hacer y hacer. Ahora soy muy selectiva con los proyectos, porque les dedico mi 100%.
Todo ese trabajo que va más allá de la película, esto es nuevo; toda esa campaña de impacto que acompañan las películas, el querer acompañar a estos protagonistas en sus misiones de vida.
Entonces, para mí está mucho más sólida, sé exactamente a qué le quiero dedicar mi energía, en qué temas estoy trabajando. Yo trabajo el tema de identidad, de pertenencia, estoy muy interesada en descolonizar las narrativas, en entender cómo la colonización ha influido en cómo nos entendemos.
Y algo muy importante es que he empezado en los últimos cinco años a trabajar de parte de las audiencias. También exhibo películas, me puse al otro lado y eso me ha cambiado completamente la perspectiva, porque uno como director solo piensa en su película, y hasta cierto punto es como una obsesión que se puede volver egoísta, porque es mi película, quiero que vean mi película.
Y ahora con Tercer Cine, que presento películas de todas partes del mundo, entiendo que además tiene que haber una gran variedad de películas, que mi película no es lo más importante, hay miles y que lo más importante es el momento del público, y eso lo descubrí hace poco, que mi momento favorito es el momento en que se presenta y además que disfruto igual presentar películas de otros cineastas que admiro.
He hecho más de 200 proyecciones gratuitas en todas partes en los últimos cinco años con Tercer Cine, que es un cine móvil. Y me he vuelto a enamorar del cine como una forma de vida. Creo en el cine, no solamente en el cine que estoy haciendo, sino en el cine que estamos haciendo en Latinoamérica y en muchas partes del mundo.
Entonces se ha expandido mi universo, a no solo estar pensando en lo que yo hago sino en admirar y en reconocer el trabajo de otros colegas, en Honduras, en Centroamérica, en Latinoamérica y en el mundo, porque eso me hace a mí mejor persona y siento que nos hace una comunidad de personas que tenemos acceso.
El cine nos permite viajar, encontrar mundos que no los podemos vivir. Eso ha cambiado mucho en mi carrera, no solo quiero ser directora, creo mucho en la gestión de todo un ecosistema.
También el trabajo que hago en la Colectiva de Cineastas Hondureñas, ha marcado mi vida. Ya son ocho años que estamos organizadas las mujeres cineastas, en colaborar y no competir, sino crecer juntas, eso a mí me ha transformado y no estaba al inicio de mi carrera. Al inicio solo era yo: quiero crecer, quiero estar en festivales, y ahora me interesa crear una comunidad porque además solo así va a ser sostenible esto. Y mi contribución es una contribución, no es la contribución.
Yo sueño con ver una cinematografía nacional con muchas películas, y las mías van a ser una parte de. En los últimos años ya no me interesa la cantidad, me interesa la calidad, me interesa tener momentos de conexión y de comunión con las películas y las audiencias del mundo.
¿Qué considera permanece invariable en usted a pesar del tiempo?
La pasión que uno siente. Juntar gente creativa y hacerlo es una adrenalina que está desde el día 1. El cine es mágico, es una energía, no es algo concreto, es intangible, es una energía que se manifiesta en imágenes y sonido, en algo que es un archivo, no lo podemos tocar. A mí esa magia me continúa acompañando desde el día 1.
Cuéntenos en qué etapa está su primer largometraje "Allá donde nace el sol", ¿qué siente respecto a este último hijo que va a tener?
Puedo decir que es un parto enorme de 10 años, que he creado junto a Jorge García y Servio Tulio Mateo, que es el productor. La película ya está terminada, estamos en la fase de créditos y ahorita vamos a una etapa muy importante, nos invitaron a Cannes. Vamos a ir a presentar la película para buscar un estreno internacional.
Estamos muy satisfechos con el reconocimiento que ya estamos teniendo y creemos que nuestra película va a tener un recorrido internacional potente, pero también es muy importante que va a presentarse aquí y va a ser una gira por las comunidades garífunas, queremos presentarlo en los lugares que hayan diásporas. Una de las metas con con Jorge es de conectar África y Latinoamérica, esas diásporas que nos unen.
Esto empieza, terminamos la película, pero el camino de la película va a empezar ahora, esta película va a nacer este año. Es muy emocionante estar en este proceso que ya es un nivel más profesional, de industria, ya con ese nivel que yo soñaba, soñaba con estar en este momento y realmente es un trabajo colectivo, es un trabajo duro, pero lo estamos logrando. Así que espero que el próximo año podamos estrenarla en Honduras.
¿Qué es lo más complicado de salir de lo nacional? ¿Cuáles son esas fortalezas y temores que se experimentan en un proceso así?
Yo siempre me pongo nerviosa. Sabemos que nuestra película tiene un valor universal, el tema de la humanidad de querer pertenecer, de eso trata la película.
Y tenemos un valor artístico y de producción audiovisual muy alto, gracias al trabajo enorme que hicimos como equipo en la investigación, en el rodaje con mis colegas talentosos, tanto en la fotografía, que es César Hernández; en el sonido, que es Homer Mora, gente muy talentosa que ha trabajado conmigo. Tenemos una película de muy alto nivel. Eso a mí me genera una seguridad porque ya hemos pasado por otros pequeños escenarios. Este es decisivo.
Vamos a hacer un "pitch" y vamos los tres. Vamos Jorge, Servio y yo. Lo vamos a presentar ante los grandes jugadores de las empresas, la industria internacional que va a Cannes: programadores, compradores, televisoras. Estamos ahorita preparándonos con un fragmento y también cómo lo vamos a decir, cómo nos vamos a presentar. Es emocionante, es asustador porque Cannes tiene el mercado más grande del mundo del cine, y somos novatos, esta es nuestra primera película, pero estoy segura que lo que sea que logremos, ya estar ahí es bastante.
Y luego volver aquí, al cine nacional, ¿lo van a presentar en salas?
Claro que sí, nosotros vamos a hacer un estreno limitado en salas porque sabemos que no es un perfil de taquilla, o sea, no nos interesa ese tipo. Claro, queremos que la gente vaya, pero sabemos que no es ese perfil masivo. Queremos que se presente en universidades, escuelas, en comunidades fuera de Tegucigalpa y hacer una buena gira con la película.
¿Cómo valora el crecimiento que ha tenido o la aceptación que ha tenido el cine nacional en la última década?
Es impresionante lo que está pasando ahorita, tiene que ver primero con que hay una política pública. Tenemos Ley de Cine desde finales del 2019. Tenemos las primeras películas ya creadas con coproducción internacional, como "Eva" de William Reyes, producida por mi colega Ana Martins. Acaban de filmar otra película, hay fondos, hay gente muy talentosa haciendo cine.
Yo siento que hay un gran trabajo para llegar a las audiencias, porque tenemos que reconquistarlas, que conozcan estas historias y que se apasionen por lo que estamos haciendo. Hay una producción que ha incrementado el nivel de cine que se está haciendo, es algo que yo nunca me lo imaginé.
Ahora hay muchas personas haciendo documentales, haciendo cortos, haciendo sus proyectos y es muy lindo lo que estamos viviendo, es el nuevo cine hondureño, y en los próximos años se van a ver estos frutos de todo el trabajo que se ha hecho desde las asociaciones, desde el Instituto de Cine.
¿Qué decisiones considera es necesario tomar para que el cine en Honduras trascienda y se desarrolle?
Primero tenemos que mantener la Ley de Cine, el fondo de cine para seguir impulsando proyectos. Creo que es muy importante que haya un programa de formación, porque Honduras tiene una Ley de Cine, pero no tiene una carrera de cine, es importante impulsar un programa de formación accesible y gratuito y que sea descentralizado en Honduras.
Tiene que haber más formación cinematográfica, más festivales, más muestras, un festival nacional de cine, y tenemos que estar más conectados con lo que se está haciendo afuera en Centroamérica.
Eso es un trabajo desde una política pública fortalecida, que es lo que estamos buscando el gremio, el sector, todas las asociaciones, eso es lo que queremos. Queremos que además se tomen decisiones que sean sostenibles, que haya trabajo, que haya una regularidad de producciones para que podamos tener gente formándose constantemente.
Ahora el reto es enorme porque es continuar haciendo proyectos que tengan un impacto tanto internacional como nacional, pero también trabajar en que sea un ecosistema que tenga todas las partes: la formación, la producción, la exhibición, promoción y circulación de todos nuestros proyectos.
Tenemos un gran trabajo que hacer, en nuestro caso desde el sector, yo represento como presidente a la Colectiva de Cineastas Hondureñas, pero también pertenezco a Linterna Mágica y al AHPCA (Asociación Hondureña de Productoras de Cine y Audiovisuales), que son las asociaciones de empresas productoras, y la Asociación de Cineastas Hondureños, queremos fortalecer nuestro sector porque además genera empleo y, sobre todo, genera identidad. Trabajamos con los imaginarios, las historias cambian mentalidades, entonces es un sector que además a un país le da memoria histórica, le da esperanza, le da conocimiento. Es un sector que queremos fortalecer porque todos salimos beneficiados, audiencias y cineastas.
Quizá en este momento por ahí en algún rincón de Honduras hay alguien pensando que quiere hacer cine, si pudiera decirle una sola cosa a esa persona para que se lance a esa aventura, ¿qué le diría?
Hay que perder el miedo, agarrar una cámara, un celular, un par de amigos apasionados y contar historias. Y así empezar y mostrar esa historia. Los humanos contamos historias, antes era alrededor de una fogata, eso está innato en nosotros. Hay que aprender el lenguaje audiovisual, hacerlo, pero hay que perder el miedo.