Randall Sinner y la memoria de los hilos

En "38/50", Randall Sinner transforma un símbolo de unidad nacional en una materia que evoca las tensiones entre soberanía, justicia y violencia estatal

  • Actualizado: 26 de octubre de 2026 a las 12:14
Randall Sinner y la memoria de los hilos

Tegucigalpa, Honduras.- Una bandera es un tejido al que una nación confía la representación de su historia, su territorio, su identidad y su soberanía. Sus colores evocan pertenencia, protección y unidad.

Sin embargo, bajo esa imagen se esconde una trama de hilos, costuras y uniones. En "38/50", el artista estadounidense Randall Sinner dirige la mirada hacia esa materia y la convierte en el centro de una investigación sobre la pena capital y el poder del Estado.

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Durante aproximadamente una década, Sinner recorrió los 38 estados de Estados Unidos que para entonces aplicaban la pena de muerte. Frente a edificios oficiales deshizo las banderas, reunió sus hilos y los transformó en cuerdas.

El gesto altera la forma del emblema y modifica nuestra relación con él. La bandera deja de presentarse como una superficie íntegra y revela las fibras que la constituyen. Sus restos conservan la memoria de su procedencia mientras adquieren una forma nueva.

En esa transformación reside una de las tensiones más sugerentes del proyecto. Una cuerda puede unir, sostener y proteger; también puede inmovilizar y someter. En el contexto de una investigación sobre la pena capital, esta ambivalencia adquiere una resonancia particular.

Las cuerdas evocan la coerción física y la capacidad del poder para disponer del cuerpo humano, mientras su procedencia remite a un símbolo de unidad y soberanía nacional.

Sinner construye así una tensión entre la promesa de protección que encarna la bandera y la potestad punitiva del Estado. La pena capital representa una de las expresiones extremas de esa potestad, pues convierte la autoridad jurídica en una decisión irreversible sobre la vida.

Las cuerdas no necesitan reproducir literalmente una escena de ejecución para activar esa asociación porque su forma, su materialidad y su origen bastan para introducir una inquietud en la lectura del símbolo.

El título, "38/50", condensa la investigación en una relación numérica. Treinta y ocho estados dentro de los cincuenta que conforman Estados Unidos.

La cifra remite a una distribución territorial de la pena de muerte y convierte el recorrido del artista en una estructura que puede contemplarse en conjunto. Cada bandera procede de un lugar concreto, pero la transformación de todas ellas construye una reflexión que trasciende las fronteras estatales.

La exposición, inaugurada el 20 de octubre en el Instituto Hondureño de Cultura Hispánica y curada por Darwin Andino y Lester Rodríguez, permite encontrarse con esa operación a través de sus materiales y sus huellas.

Las cuerdas reúnen físicamente los restos de los emblemas y hacen perceptible el tránsito entre la unidad original y la nueva forma. El gesto permanece abierto a la mirada del espectador, que puede recorrer sus pliegues y reconocer en ellos la tensión entre pertenencia y coerción, protección y dominio.

Tras la muerte de Sinner, ocurrida en febrero de 2026, su decisión de donar el archivo a Honduras abre otro capítulo en la historia del proyecto. Conservar ese legado significa mantener disponibles las huellas de una investigación que interroga los límites del poder y las formas en que una sociedad representa su autoridad.

Nuestra expectativa es que aquí "38/50" pueda entrar en diálogo con otras experiencias y debates sobre autoridad, memoria y representación política.

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