Tegucigalpa, Honduras.- Cuando el 30 de mayo se anunció en Casa de La Ronda de Gracias, Lempira, que el poemario "Museo nacional de las almas" se había hecho merecedor al décimo Premio Nacional de Poesía Los Confines, el misterio detrás de su autor despertó el interés de una comunidad literaria que bromeaba con aquella llamada telefónica no atendida.
Menos de dos semanas después llegó el momento de conversar con Jader Javier Sánchez, quien firma sus textos como Javier Kevorkian y peca de modesto cuando se refiere a sus propias palabras, al mismo tiempo que reconoce la obra de quienes lo han inspirado en la poesía, la literatura y la filosofía, disciplinas que conjuga en su universo creativo tejido entre palabras y reflexiones.
¿Qué opiniones tiene acerca del Festival de Los Confines y de su Premio Nacional de Poesía?
Había escuchado desde hace un tiempo del Festival de Los Confines. Entiendo que tiene el premio más importante de poesía a nivel nacional. Sin embargo, mi manera de relacionarme con él fue siempre como un lector, como un espectador, porque no había tenido la oportunidad de presentar mis poemarios.
Me llama la atención la idea del festival porque pienso que tiene algo de milagro. En este mundo, cada vez más mercantil, consumista y superficial, que personas vengan desde tan lejos para encontrarse solamente por una pasión por las palabras, me sigue pareciendo un milagro.
Al enterarse de que usted se había convertido en el décimo ganador de este premio, ¿cuáles fueron sus primeras impresiones?
Yo considero que el triunfo poético no le sucede al autor, sino a los libros. Uno simplemente está ahí dándose cuenta de lo que sucede con lo que escribió.
Cuando anuncian mi nombre yo estoy profundamente dormido. Me doy cuenta de la noticia al día siguiente. Eso me alegró porque la noche noche anterior yo me había ido a la cama con la certeza de que no iba a ganar.
Es decir, mi manera de ver mi poesía, toda, sin excepción, todos los poemas que he escrito, es con cierto recato, con mucha modestia y por qué no decirlo, hasta reconozco mi estilo literario con cierta mediocridad.
¿Qué significa para usted el fallo unánime que el jurado emitió a su favor?
Cuando leí lo que el jurado pensó sobre lo que yo había escrito, me sentí satisfecho. Satisfecho en el sentido de que supuse que ellos habían entendido todo lo que yo había deseado plasmar en el poemario.
Normalmente, cuando un escritor escribe una obra, al presentarla al público esa obra deja de pertenecerle. Ese texto puede ser interpretado de una manera antojadiza por cada lector. Pero me sorprendió que el jurado tenía muy clara la intención de que el poemario trataba de no ser un poemario; jugaba con la idea de ser un museo y de que el lector no solamente era un lector, sino que era una especie de transeúnte, una persona que recorría diferentes salas y encontraba personas con las cuales podía sentirse identificado o no.
¿De qué otras formas describe la obra premiada, titulada "Museo nacional de las almas"?
"Museo nacional de las almas" es un intento de mi parte, un tanto pretencioso, de crear un poemario museo o un museo de papel. Juego con la idea de que las personas puedan atravesar cada uno de los poemas, dándose cuenta de que el museo es simplemente un espacio figurado y lo que se representan ahí son historias de carne y hueso, de personas que han sido invisibilizadas, vulneradas, torturadas.
Los personajes que aparecen en el poemario son variopintos; hablo de campesinos a los cuales les han quitado sus tierras, de mujeres víctimas de acoso, de personas que han sido calumniadas, de prostitutas, de enfermos de alcoholismo, de enfermos mentales. Hablo de todas estas piezas de la sociedad que normalmente se ponen debajo del tapete para que nadie las vea.
Entonces, lo que intenté fue darles voz, darles cuerpo, darles un espacio y siempre matizarlo todo con el enorme pico de la muerte. Muchos de mis poemas gravitan en torno a la muerte como un elemento humano que ordena el desorden que nos rodea.
¿Qué pretende que un lector encuentre en su poesía?
Lo que yo he deseado, a fin de cuentas, muy pocas veces lo he podido lograr.
El escritor escribe, pero es el lector quien decide cuál es el verdadero significado de las palabras. He ganado otros concursos, con otros poemarios, y lo que he intentado hacer en cada oportunidad es crear una voz poética genuina que pueda, en la medida de lo posible, modificar el abismo.
No tengo nada en contra de la poesía confesionalista o de la poesía más lúdica o positiva, pero me sentí llamado, no sé por quién, a escribir una poesía con un tono más desencantado, más crudo, que se parezca más a la realidad en la cual vivimos. Toda mi obra está permeada por interrogantes filosóficas.
¿De qué manera dialogan la filosofía y la poesía en su trabajo creativo?
Yo creo que la filosofía y la poesía no son ramas tan distanciadas como nos lo han hecho creer. Ambas nacen del asombro. Entonces, persisten en ellas las enormes preguntas sobre la muerte, la vida, la identidad, la justicia, el sufrimiento. Nos invitan a mover los cimientos de lo que nosotros creemos y aceptamos como verdad.
Yo lo que pienso es que la poesía y la filosofía están hermanadas, ambas tratan de pensar la realidad de maneras diferentes. La filosofía trata de responder a las grandes preguntas existenciales a través de conceptos de sistemas filosóficos. En cambio, la poesía no intenta responder nada; trata mas bien de agravar estas preguntas, intensificarlas, a través de un matiz estético.
¿Qué filósofos y poetas han influido en la construcción de su obra y de su forma de ver la vida?
Todos. Hay un versículo, creo que lo dice Pablo: "de lo bueno y de lo malo, toma lo que te conviene". Digamos, todo lo que ha pasado por mis ojos y por mis manos, de alguna manera, ha contribuido a este filtro estético que tengo de ver la realidad.
Sin embargo, si me toca enumerar a unos cuantos como poeta, tendría que mencionar a Jorge Luis Borges. Cuando yo lo leí por primera vez, tuve una sensación corporal única. Luego, me sorprendí cuando supe que él en una conferencia dijo que la buena poesía no solamente se siente con la mente, sino que al leer un buen verso que te toca, hay toda una reacción corporal, porque eso fue exactamente lo que yo sentí cuando conocí la poesía borgeana.
Me gusta mucho la filosofía de Kierkegaard, me gusta mucho la filosofía de Foucault. Curiosamente, Foucault, hablando de Borges, tiene una frase memorable que dice "Borges es la prueba de que la perfección literaria existe."
Y, bueno, si a mí me lo preguntan, "¿De dónde me nace el valor de escribir?" Yo escribo, en primer lugar, porque Borges murió y porque nada de lo que yo escriba va a decepcionarlo.
¿Qué llegó primero a su vida, la filosofía o la poesía? ¿Cuál era inherente al futuro que le esperaba?
Llegaron al mismo tiempo. Cuando yo estaba en clases de filosofía, recuerdo que a veces mis opiniones no eran extraídas de textos filosóficos tradicionales, sino que, de repente, citaba algún literato, algún cuentista, algún poeta.
Muchos profesores tomaban a bien estos comentarios porque entendían que el ejercicio literario también es reflexión. Otros trataban de que yo fuera más riguroso y que me apegara más a los textos que me recomendaban.
Creo que hasta el día de hoy mi manera de ver la filosofía y mi manera de ver la poesía son paralelas. Hay una sinonimia entre ambas. Hay una línea muy difusa que las divide y yo no voy a ser quien diga: "Esto es poesía, esto es literatura, esto es esto es filosofía."
¿Le preocupa que las nuevas generaciones lean cada vez menos poesía o filosofía?
Definitivamente. Las nuevas generaciones son víctimas de un mundo tecnológico que no está diseñado para crear individuos más funcionales o más inteligentes, sino para crear individuos que obedezcan y que se adapten a un estatus quo.
Uno de los grandes retos que tiene nuestro país, para hablar desde algo más cercano, es mostrarles a los jóvenes que en la literatura puede haber felicidad, sabiduría, una manera precaria de ordenar esa realidad que los rebasa y que les puede parecer caótica.
Hay en la literatura una especie de guía, una especie de camino que lleva hacia adónde no sabemos, pero que estoy seguro que ningún individuo va a pasar por un libro y va a quedar indiferente.
Cuando yo estaba en cuarto grado, recuerdo que en la escuela nos hicieron escribir. Yo escribí algo sobre Cabañas. Y desde entonces me hicieron creer que yo había escrito algo muy valioso, algo importante. Y luego seguí escribiendo, y escribiendo, y el malentendido de que yo escribo bien ha llegado hasta la fecha, hasta el día de hoy.
¿Hay un compromiso especial en los docentes?
De hecho, pienso que una de las claves es formar a los docentes para que puedan reconocer en sus estudiantes espíritus ávidos de conocimiento como almas que necesitan de la poesía para saber cómo vivir mejor. Y aquí quiero puntualizar una idea.
Yo creo que la poesía no es solamente una forma de refinamiento cultural, sino que es una necesidad biológica. Si nuestro sistema educativo la entendiera así tendríamos cada vez más jóvenes familiarizados con el ambiente artístico; menos jóvenes en las calles, menos jóvenes en las maras, menos jóvenes en las pandillas y de repente ¿por qué no? tendríamos a un joven filósofo o poeta que no causaría ningún daño.
Hay un poeta, Hulderlin, que ha sido estudiado por muchos filósofos y que tiene una frase que a mí me encanta. Dice que el hombre es un mendigo cuando razona y un Dios cuando sueña. Entonces, creo que tiene que ver con eso. Hay algo en el discurso racional que no lo está diciendo todo.
¿Confirma su asistencia al Festival de Los Confines 2027 para recibir su premio?
Claro, estoy muy emocionado por este evento. Yo creo que más allá del galardón en sí, me interesa mucho que las demás personas puedan leer lo que escribí.
Es como... ese espacio íntimo que yo tuve a la hora de escribir los poemas en silencio, en secreto, con muchas dudas, con muchas correcciones, se hace público. Pienso que no está mal, de repente, ofrecerte a los demás, por lo menos literariamente
Considero que hay una diferencia entre ganar un concurso de poesía y merecer ganar un concurso de poesía. Yo creo que lo he ganado y que simplemente he tenido mucha suerte.
Después de este reconocimiento, ¿qué sigue?
Yo creo que lo más importante para el día de mañana y los años subsiguientes es sobrevivir, cosa que no es sencilla en este país. Pero tengo algunos proyectos poéticos.
Me gustaría experimentar con ciertas voces, es decir, con ciertos géneros literarios que normalmente no suelen combinarse. Que la poesía encuentre una nueva manera de expresarse, quizás al mezclarla con el género ensayístico, con reflexiones estéticas, con una poesía prosaica. Me gustaría jugar. Todo lo que he hecho hasta el día de hoy es jugar con las palabras y pienso seguir haciéndolo.
Perfil
Jader Javier Sánchez Hernández. Tegucigalpa, 1991. Poeta y profesor de Filosofía en la UNAH. Ha sido galardonado con el primer lugar de poesía en la tercera edición del Concurso Nacional de Poesía y Cuento Rigoberto Paredes (2018). Ganador del primer lugar en el Certamen Nacional de Poesía en el marco de los Juegos Florales de San Marcos de Ocotepeque (2018) y dos veces ganador del primer lugar de poesía en los Juegos Florales de Santa Rosa de Copan (2019), (2025). En 2026 ha sido el ganador del Premio Nacional de Poesía Los Confines.