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Monserrate, símbolo cultural de Bogotá, Colombia

El cerro mirador de la capital colombiana, ubicado a 3,152 metros sobre el nivel del mar, es uno de los lugares más visitados de la ciudad
22.01.2024

BOGOTÁ, COLOMBIA.- La advertencia del conductor del Uber sobre la leyenda de que si una pareja sube al cerro de Monserrate corre el riesgo de separarse y que si lo hacen dos amigos regresan enamorados, no detiene a los miles de personas que visitan a diario este símbolo cultural de la capital colombiana, ubicado a 3,152 metros sobre el nivel del mar.

La temperatura comenzaba a descender, pero nada detenía el paso de decenas de turistas que hacían fila para comprar un boleto que les permitiera abordar el teleférico que los llevaría hasta el santuario.

Mientras, decenas de vendedores ofrecían velas, flores y amuletos para que pudieran pedir o pagar por favores recibidos al Señor de Monserrate. “Lleve la suya, pida por su pareja, por sus hijos”, gritaban a todo pulmón.

El viaje de cuatro minutos en el teleférico es una experiencia única.
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El ascenso

La aventura inicia en la fila para subir al teleférico. Ahí lo que se vive es una experiencia multicultural. Turistas de diversas nacionalidades cuentan de dónde vienen, qué los llevó a Bogotá y qué esperan encontrar arriba, en una algarabía que definitivamente solo se puede vivir en Latinoamérica.

La fila para abordar se hace en una empinada hilera de gradas. Sin importar la edad, los visitantes entran a cada cabina hasta que esta tiene el peso establecido, es decir unas 40 almas que están ansiosas de vivir la experiencia maravillosa de poder apreciar la ciudad desde el cielo.

60,000 personassuben al mes al cerro de Monserrate. Según datos de la alcaldía al menos el 71 por ciento de los visitantes son extranjeros. La mayor afluencia es en los días festivos.

“Ustedes de dónde son”, dijo una dominicana a la que llamaremos doña María. Y ese fue el comienzo de una plática que duró hasta que el grupo de 40 personas logró abordar la cabina del teleférico, luego de varios minutos de espera que parecieron eternos por el frío de entre 10 y 11 grados centígrados.

El recorrido en ese espacio apretado duró unos cuatro minutos. Ver las copas de los árboles al ras de la mano y una maravillosa vista de la ciudad que empezaba a ser inundada por los rayos del sol del atardecer fue una experiencia impactante, sin importar la altura que provoca un poco de mareo.

El teleférico a Monserrate fue inaugurado el 27 de septiembre de 1955 y recorre 820 metros entre la estación de la circunvalar con calle 26 hasta los 3.152 metros, en la estación sobre el cerro.

Pero no es la única forma de llegar, está una hilera de gradas empinadas que retan la capacidad física del visitante y el Funicular, que son coches sobre rieles que desafían la pendiente del cerro. El servicio fue inaugurado en octubre de 1926 y en 2023 los coches se modernizaron con techo de vidrio para que los turistas no se pierdan nada del recorrido.

Una panorámica de la urbe de Bogotá, desde la cabina del teleférico.

La Ermita

Al llegar a la cima, la primera vista es el templo que alberga al Señor Caído de Monserrate, más conocido como Señor de Monserrate. Ahí, por un sendero empedrado transitan a diario centenares de peregrinos nacionales y extranjeros que llegan a agradecer por favores recibidos, atraídos un momento de paz o solo siguiendo la frase de los locales: “si no visita Monserrate es como si no hubiera venido a Bogotá”.

Ya en la ermita que data de 1650, en un camarín especial, el visitante se encuentra con la venerable imagen del “Santo Cristo Caído a los azotes y clavado en la cruz”, que pareciera es el testigo silencioso de la enorme peregrinación diaria de sus devotos.

Esta devoción por el santo, que fue encargado en 1656, superó en el patronazgo de la ermita a la Virgen Morena de Montserrat, que inicialmente era la patrona del templo cuando este fue construido.

Los visitantes encuentran el templo y una hilera de restaurantes y tiendas de souvenirs que ofrecen toda clase de productos.
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Paseo familiar

Más abajo después de bajar las gradas del templo hay una hilera de restaurantes que ofrecen gastronomía típica e internacional y un mirador para disfrutar de una vista de la capital colombiana.

Frente a la iglesia están unas letras enormes de Bogotá y el famoso mirador donde los turistas aprovechan para captar el atardecer, la ciudad de noche o simplemente hacerse un par de fotografías familiares, en la medida en la que la baja temperatura de 10 grados que cala hasta los huesos, les permita.

Pero nadie puede irse del lugar sin subir un poco más allá templo. Ahí le espera una hilera de merenderos al aire libre que ofrecen platillos tradicionales como las arepas, que fue imposible probarlas porque el lugar ya estaba cerrado. Y más allá hay al menos una decena tiendas de artesanías que ofrecen desde café, chocolate, licores típicos, hasta detalles en cuero, vidrio y madera, con figuras en miniatura del cerro y el templo.

Ahí con su clásico “si señora”, los vendedores cuentan historias, explican sobre la calidad del café colombiano del que están orgullosos, los productos de cuero conocidos a nivel internacional y hasta ofrecen productos como un “aguardientico” para el frío, un frío que es disipado por el calor humano y la amabilidad, esa que incita a regresar a la inmensidad de Bogotá y a su Cerro de Monserrate.

La exquisita gastronomía del lugar es otra atracción.