Siempre

Artículo de Jorge Restrepo: Equidad

La adopción de programas de equidad es un indicador de visión de futuro, de adopción de buenas prácticas para la competitividad y de valores fundamentales del mundo de hoy

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20.09.2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Hoy, antes de sentarme a escribir este artículo, rayé unos 200 gramos de queso crema de bloque, los puse en una taza.

Piqué finamente cuatro ramas de perejil liso, previamente desinfectado. De un frasco comercial, tomé media taza de salsa napolitana y la dispuse junto con los demás ingredientes.

Mientras picaba el perejil pensé en algo que me dijo mi amigo Santiago en cierta ocasión en Bogotá, cuando estuve preparando unos tacos con él: “Siendo un niño vi en una reunión familiar en mi casa que mi tío había preparado un filet mignon. Ese día descubrí que un hombre podría cocinar”. Los valores y los antivalores se moldean con el ejemplo.

Santiago se convirtió en un apasionado cocinero, pasatiempo que lo acompaña siempre, a pesar su apretada agenda profesional. Él equilibra su vida siendo un competitivo deportista y cocinando. Esta expresión de sus capacidades y sensibilidad, ese delicioso recurso para la vida llamado “ser cocinero”, se lo debe, quizá, al buen ejemplo de su tío.

Batí en una coca dos huevos, media taza de leche, sal, pimienta, orégano y ajo en polvo. Puse aceite de oliva abundante en un gran sartén de teflón, y cuando el aceite estaba tibio derramé la mezcla con suavidad. Moví lentamente la mezcla de huevos hasta que estuvo firme pero aún cremosa. Algunas abuelas batían los huevos con leche, para lograr esa consistencia suave en los “huevos picados o revueltos”.

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En varias ocasiones observé que mi amiga Gloria de Rojas cocina los huevos revueltos en fuego bajito… buena técnica. Ella conversa y cocina, mira su jardín desde la ventana y comparte con sus visitas mientras que el “fuego lento” hace su tarea. A veces, cuando hago huevos revueltos, recuerdo las tertulias donde Gloria y su gran capacidad de escucha.

Con el mejor estilo que aprendí de un artista chino que llegó de visita a Tegucigalpa en 2003, a quien alojé por diez días en mi casa en Zamorano, amontoné los huevos ya bastante cocidos, pero aún húmedos a un lado del sartén y agregué otra cucharada de aceite de oliva para poner el perejil y dejarlo dorar un poco. Luego puse en dos montoncitos en el mismo utensilio la salsa napolitana y el queso, sobre el perejil. No los moví. En menos de un minuto, cuando el queso comenzó a derretirse, incorporé todo con un suave movimiento envolvente, logrando que el queso, la salsa y los huevos conservaran su estructura y no se deshicieran… sólo me preocupé porque el perejil estuviera esparcido en toda la mezcla. Serví caliente.

Mientras tomaba el café, y comía estos deliciosos huevos, acompañados de un rico pan, pensé cómo ese tino en la preparación, esa gracia que produce lograr en ciertas preparaciones el respeto por cada uno de los principales ingredientes del plato, es un recurso de cocineros.

Los programas de equidad de género están pasando de ser una condición potestativa de las empresas, ONG e instituciones a convertirse en una condición sine qua non.

Las organizaciones pioneras en implementar programas de equidad de género enfocados en la mujer lo hacían probablemente respondiendo a un llamado de sus consciencias, al hacerlo se encontraron con importantes sorpresas positivas que recompensaron sus esfuerzos con mejores resultados económicos. Un estudio del Peterson Institute for International Economics, en sus análisis del impacto de la diversidad de género en las empresas, en el que se registran datos de 21,980 compañías en 91 países, concluye que a mayor proporción de mujeres en posiciones de liderazgo corporativo hay mejores resultados económicos. Según este estudio, las empresas a partir de un 30% de mujeres en altos puestos ejecutivos generan un 15% más de beneficios en comparación con las empresas lideradas con menor proporción femenina.

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Hoy, la adopción de programas de equidad de género en las organizaciones es un indicador de buena gerencia. La adopción de estos programas es un indicador de visión de futuro, de adopción de buenas prácticas para la competitividad y de valores fundamentales del mundo de hoy: equidad y ética.

Susana Martínez-Restrepo, cofundadora y directora ejecutiva de CoreWoman, entrevistada por Kate Grantham acerca de su libro Measuring Women’s Economic Empowerment: Critical Lessons from South America -disponible en línea de forma gratuita-, responde: “Las mujeres enfrentan retos significativos en esferas económicas, sociales y culturales, lo que limita su acceso a mercados, trabajos de calidad, emprendimiento y estrategias de generación de ingresos. La gran pregunta entre los decisores de política, agencias de desarrollo e investigadores en el área de empoderamiento económico de las mujeres es cómo mejorar, de manera efectiva, el empoderamiento económico de las mujeres a través de estrategias de generación de ingresos, capacitación y programas sociales. Las medidas convencionales de empoderamiento económico han utilizado empleo, ingresos y educación como indicadores. Más recientemente, la comunidad de investigadores ha reconocido la importancia de estudiar dimensiones subjetivas como poder de decisión sobre compras, poder de negociación, percepción subjetiva de bienestar y libertad de elección”.

La adopción de programas de equidad de género para la mujer se debe definir en las organizaciones a partir de una decisión firme de la alta dirección y ser estratégica hasta que se complete la adopción.

Recomiendo que se cuente con objetivos de progreso que incluyan aspectos como cambio cultural, conformación de equipos de personas expertas al interior de la organización en temas de equidad, ajuste de políticas, revisión del modelo de competencias, adaptación de los programas de selección, ajuste de los planes de carrera y sucesión.

Muchas mujeres en las organizaciones no tienen consciencia del impacto que un programa de equidad de género puede traer para sus vidas y para el futuro de otras mujeres, debemos animarlas a incluir la competencia “gestión de equidad de género” como una capacidad de ellas y de sus organizaciones. Los líderes hombres de las organizaciones deben ser recalificados en programas de equidad, para que comprendan sus sesgos y todas las oportunidades que la sociedad les brinda.

Cada vez que hay una coyuntura de crisis o cambio, las personas más débiles son las más afectadas y quienes requieren atención prioritaria. Las minorías, las personas de menor ingreso y por supuesto la mujer en general.

El covid-19 es una disrupción con graves efectos para la mujer. En el portal www.generoycovid.com se puede consultar información sobre este fenómeno.

Cuando yo era niño y veía el perejil crespo, pensaba que era un árbol bebé. Recuerdo que en mi casa el perejil fresco estaba siempre en frascos con agua, cerca de una ventana. Aún veo ese color verde de los ramitos de perejil, y me dejo llevar por sus formas y sabores. El perejil salteado en aceite produce un aroma único, que uso en distintas recetas. A veces pico finamente apio, ajos y perejil. Pongo el apio y el perejil en abundante aceite de oliva caliente, a fuego bajito. Cuando siento el aroma agrego ajo y antes de que se queme retiro la mezcla, obtengo un aceite que ya a temperatura ambiente mezclo con otros ingredientes para hacer vinagretas celestiales.

Mi abuela hacía arroz con pollo, lo moldeaba en una coca untada de aceite y lo servía en platos adornado con una hojita de perejil crespo en la cima. Esto para mí era una montaña con un arbolito.

Mis coachees, Graciela, Vanessa, Sonia, Tatiana, Bianca y Nancy les dedico este artículo para invitarlas a convertirse en líderes de programas de equidad de género, actuando desde sus posiciones estratégicas en las organizaciones.