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Niños rebeldes y sin control

Disciplinar y ejercer la autoridad con los hijos no es tarea fácil. Expertas nos orientan sobre
cómo actuar ante su conducta

27.02.2014

Hoy en día ambos padres trabajan, cuando llegan a casa desean disfrutar de la compañía de sus hijos, en paz y tranquilidad, pero la realidad muchas veces es diferente. Llegan y se encuentran en medio de un campo de batalla, donde su nivel de tolerancia y paciencia se bate con el explosivo deseo de reprender con severidad cuando las palabras no controlan la situación. Según expertos, el que los papás ya no ejerzan con sus hijos la autoridad, como lo hacían antes, ha provocado que los niños de ahora sean berrinchudos, agresivos, caprichosos y con poca tolerancia a la frustración.
“Muchos padres referente
al tema
pueden llegar a sentir, que ya están cansados que no hay salida, pero todo es cuestión de trabajarlo a base de ensayo y error”, agrega la sicóloga Pamela Morales de Handal. “Recordemos que cada niño es distinto, y si tienen hermanitos, hay que evitar las comparaciones. A unos es posible que les funcione el castigo “time out” (tiempo fuera) y para otros es probable que no. Se trata de ir buscando que es lo adecuado para el niño”.

¿Premio, castigo o negociación?

No existe un momento perfecto para premiar a los hijos por un logro o para castigarlos ante una falla, porque en lugar de hacerles un bien, puede ser contraproducente para todos.

Un simple castigo nunca es buena opción ante un mal comportamiento o una falla, así lo explica la psicóloga escolar Josefina Mercado Méndez. “Lo primero que debemos hacer es cuestionarlo para averiguar el por qué de su comportamiento, para que él mismo se responsabilice de su conducta.
“El castigo en ese sentido sería que él asumiera las consecuencias, por ejemplo, si no hizo la tarea, entonces tendrá el doble de trabajo, porque tendrá que hacer la tarea que le faltó y la de hoy, lo que significa que deberá sacrificar su horario para ver tele o salir a jugar”.



Los limites

El castigo se da cuando se trata de poner límites claros:

1
Los niños pequeños necesitan recibir recompensas y castigos por todos sus comportamientos.

2

La mayoría de estas
conductas inadecuadas son una forma de reclamar la atención de los mayores.

3
Conviene darse cuenta de cómo muchas veces a través del llanto, los gritos o el negarse a obedecer, consiguen ser atendidos o salirse con la suya.
4
Lo mejor es ignorar ese llamado de atención en ciertos casos. A no ser que tal vez están realizando una conducta peligrosa, ahí necesita de tu atención inmediata.

Atención y elogios

1
Muchas veces solo se atienden
a las malas conductas, esto hace
que el niño perciba que la única manera de recibir atención es comportándose mal.

2
Las conductas positivas normalmente pasan desapercibidas, ya que damos por hecho que es la obligación del niño comportarse de esa forma, explica la sicóloga Pamela de Handal.

3
La forma de reforzar al niño puede ser prestando atención a sus comportamientos positivos, alabándole dándole algún pequeño premio o mediante el contacto físico como una palmadita en la espalda.
4
El modo más eficaz de formar una buena conducta es moldearla con elogios. Para lorgrarlo, debe hacerse a menudo. Solo recuerda, sin refuezos no hay aprendizaje.

LA VOZ EXPERTA

EL CASTIGO
1.
El castigo elegido debe ser realmente eficaz, debe disminuir la probabilidad de que la
se repita. Si mandamos al niño a su cuarto por haber pegado a su hermana, y en la habitación ha estado jugando con sus juguetes, cuando salga no le habrá importado nada el castigo y le volverá a pegar.

2.
Deben ser educativos. A la vez
que castigamos la mala conducta, debemos enseñar la correcta.

3. Para que el castigo sea eficaz, tiene que aplicarse inmediatamente después de la conducta inadecuada. No puede dejarse para mas tarde

Pamela Morales de Handal

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