Selección de Grandes Crímenes: Una pesadilla americana (2/2)

Cuando se unen la bestialidad y el desinterés de los jefes, los empleados se convierten en víctimas dos veces

  • Actualizado: 15 de febrero de 2026 a las 00:00
Selección de Grandes Crímenes: Una pesadilla americana (2/2)

GRAN JURADO. Se ha dicho siempre que, justicia que se tarda no es justicia, y, cuando las sociedades quedan a merced de los delincuentes, y de las autoridades que retardan de una u otra forma la justicia, nadie está a salvo, y las leyes no son más que ciencia ficción. Esta es una realidad que ha vivido con los seres humanos desde el principio de los tiempos y que se hace más notoria cuando los fiscales duermen, cuando los jueces besan el puñal del criminal, y cuando el poder del prestigio y del dinero son más fuertes que la necesidad de justicia de las víctimas.

Por desgracia, así ha de ser siempre. Sin embargo, hay que luchar contra este mal pandémico para dar a cada quien lo que le corresponde. La pesadilla de la injusticia debe terminar. Y la pesadilla de James Roy empezó en el lugar menos esperado, donde se esforzaba cada día para ayudar a sus pacientes, por darle a su familia un presente seguro y un mejor porvenir, donde trabajaba como asistente médico en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital del Noreste de San Antonio, Texas. Era el 12 de julio de 2024. Nunca esperó que la tragedia cayera sobre él y que viniera de alguien a quien trataba de ayudar.

Este alguien era Juan Demetrio Hudson, quien fue llevado de emergencia al hospital, casi agonizante a causa de una sobredosis de sustancias ilegales. Nadie sabía que estaban atendiendo a un hombre peligroso, a un hombre con un extenso historial delictivo. Cuando lo supieron ya era demasiado tarde. Había hecho daño una vez más. Y entraba de nuevo a un hospital, en las mismas condiciones. James lo cuidaba. Era su trabajo. Primero es el paciente, por eso, cuando Demetrio Hudson abrió los ojos, él se acercó, para saber si necesitaba algo. Le habían aplicado medicamentos controlados y por esa razón debía estar en Cuidados Intensivos.

Primero, una enfermera fue asignada para atenderlo, pero Juan Demetrio es un hombre de casi dos metros de estatura, fornido y fuerte, y se sabe que, en muchas ocasiones, quienes llegan a los hospitales con sobredosis, pueden despertar con ira y actuar con violencia, lo que los vuelve un peligro para quien desea ayudarlos. Entonces llamaron a James Roy, porque su estatura era casi la misma del paciente, y, en caso de agresividad, podía ayudar a controlarlo mejor.

“¡Volvamos a la cama!” -le dijo James, de repente, al ver que Demetrio empezaba a incorporarse.

La suya no era una actitud pacífica; se veía airado, molesto, y algo había en sus ojos que puso en alerta al asistente médico. Una enfermera veía la escena, y lo que siguió no va a olvidarlo jamás. Para James, fue imposible detener al paciente. Se levantó, dejó la cama de un salto, y, sin decir palabra, se lanzó contra James Roy. Éste no pudo hacer nada para evitar su embestida, a pesar de que es experto en artes marciales. La enfermera quedó paralizada. John Demetrio estaba fuera de control, y, en aquellas condiciones, era una máquina de matar.

HISTORIAL

No hay adivinos en los hospitales ni se hacen milagros. Los médicos, enfermeras y todo el personal está allí para ayudar a salvar vidas, para luchar contra el dolor y la enfermedad. Nadie sabía que tenían entre ellos a un depredador peligroso.

Ya John Demetrious Hudson era un viejo conocido de la Policía, según consta en registros públicos oficiales. De acuerdo con los reportes de antecedentes disponibles, y explicados en el expediente de John Hudson, tiene un extenso historial criminal que viene desde el 2012, hasta ese día fatídico de julio del 2025. Lo capturaron en muchas ocasiones y lo acusaron igual número de veces en Texas y Arizona.

Además, lo habían condenado por delitos graves, llamados felonías. Era culpable de posesión ilegal de arma de fuego por un convicto, de robo de propiedad privada, de uso no autorizado de vehículo y de evasión de arresto con vehículo. Pero, ¿quién podía adivinar esto? ¿Quién podía saber con qué clase de criminal estaban tratando? Además, ¿quién podría imaginar que aquel paciente que agonizaba a causa de sobredosis y que había encontrado un buen samaritano, sería capaz de hacer tan horrible daño?

La suya era una conducta criminal grave. Pero, faltaba más. A Demetrio lo acusaron y condenaron por violencia y violencia doméstica, incluyendo agresión, con lo que le causó lesiones a un familiar y a su esposa; por violación de órdenes de protección, y por agresión contra personal hospitalario. No era su primera vez. Repetía sus actos de violencia y desprecio por la seguridad y por la vida de los demás. Y, por si fuera poco, su historial también incluye numerosos delitos menores, como posesión de marihuana, posesión de parafernalia de drogas, conducir en estado de ebriedad, conducir con licencia suspendida, portación ilegal de armas, resistencia al arresto, proporcionar información falsa a las autoridades y faltar a comparecer ante el tribunal.

Aunque algunos cargos fueron posteriormente desestimados, el historial general demuestra un patrón constante de conducta delictiva, violaciones legales y participación continua en procesos judiciales durante muchos años. Este hombre era un peligro, y su nueva víctima estaba a pocos pasos de él, cuidándolo para salvarle la vida. Pero, él tenía otras intenciones: dañar, destruir... Un historial documentado que demuestra el continuo y sin igual desprecio de Juan Demetrio por la ley, por las órdenes judiciales y por la seguridad de los demás.

Era un riesgo inminente de claro y presente peligro para otras personas. Y lo demostró de repente, una vez más. Saltó de la cama, había ira en su mirada, respiraba como un toro furioso y no pensaba más que en el mal; el mal que era capaz de hacer sin el menor remordimiento; el mal que también le hacía a su propia esposa, a la que golpeó con la brutalidad que solamente él conocía.

BESTIAL

La sombra de la Muerte llenaba la Unidad de Cuidados Intensivos; nadie lo había percibido. Acababa de despertar uno de sus horribles demonios y James le pidió que volviera a la cama. Todavía necesitaba cuidados. Se acercó a él, para ayudarlo, para salvarlo de sí mismo y John Demetrio no entendió razones. En un abrir y cerrar de ojos, se lanzó contra su enfermero y lo hizo con tal violencia que James no pudo reaccionar.

En un instante, abrazó a James de la cintura, lo levantó como si se tratara de una pluma y, con fuerza descomunal, lo lanzó contra la pared de vidrio de la Sala de Cuidados Intensivos. El golpe fue terrible. James rebotó; la enfermera, que lo veía todo, no supo qué hacer. James cayó al piso, su cabeza se estrelló en el suelo, y, lo que siguió después, fue todavía peor. Aquella bestia humana llamada John saltó sobre él, quien apenas se movía. Era como si hubiera perdido el conocimiento al estrellarse su cabeza contra el piso frío.

Demetrio lo inmovilizó, le agarró la cabeza con ambas manos, con ojos desorbitados, bufando como bestia furiosa, y, empezó a golpear la cabeza de su enfermero contra el piso. Una vez, dos veces, muchas veces. Los golpes secos se escuchaban desde el pasillo. La enfermera había gritado, dando la alarma, pero ¿quién sería capaz de enfrentarse a un tren descarrilado que solo es capaz de dar la muerte? Nadie. La enfermera, mucho menos. Y, quienes acudieron a su llamado, nada podían hacer. John Demetrio se había cansado de estrellar la cabeza de James contra el suelo, ahora lo estaba ahorcando. Era su fuerza tanta que los que llegaron para detenerlo sabían que James ya no tenía oportunidad. John no se detenía, hasta que llegaron los guardias de seguridad.

Fue, entonces, que quitaron a aquel hombre brutal de encima de James Roy. Tenía signos vitales. Había que llevarlo a emergencias. Mientras tanto, John lo miraba todo sin mostrar arrepentimiento. Había tanta frialdad en su mirada y tanto desprecio en su actitud, que todos tenían miedo de él. James era una más de sus víctimas. Nada le importaba. Nada lo conmovía. Y algo igual de grave era que en el hospital, veían a James como un simple paciente... ¿Es que no entendían lo que Demetrio acababa de hacerle? ¿No estaba allí el testimonio de la enfermera que lo vio todo? ¿No vieron a la víctima en el suelo, siendo atacado una y otra vez por aquel criminal despiadado? ¿Qué tenía que suceder para que James fuera verdaderamente importante para médicos y autoridades del hospital?

LA ESPOSA

Acababa de dormir a su hijo de apenas un año y meses. El teléfono sonó con fuerza. Cuando contestó, una voz, aparentemente serena, le dijo: “Aquí en el hospital pasó algo con su esposo”. Michel Gómez, con voz desesperada, preguntó: “¿Cómo así? ¿Qué le pasó a mi esposo?” “Un incidente”.

“Voy para allá ahorita mismo -dijo ella-, tengo que saber qué le pasó a mi esposo”. James estaba en una camilla, en emergencias. John estaba bajo custodia de los guardias, esperando que llegara la Policía. Había conmoción en el hospital. Uno de sus mejores empleados estaba entre la vida y la muerte. Esto, Michel todavía lo ignoraba. Como ignoraba, también, que entraba en una pesadilla que parecía no tener fin...

CONTINUARÁ LA PRÓXIMA SEMANA EN EL CASO TITULADO “LA SINIESTRA CARA DE LA JUSTICIA”.

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