El incómodo éxodo turístico a El Salvador

¿Cuál es el atractivo salvadoreño? En primer lugar, la envidiable seguridad pública que propicia un viaje familiar, y la percepción de orden. Costos más bajos en hoteles y restaurantes. La cercanía”.

  • Actualizado: 08 de octubre de 2026 a las 20:46

Las aduanas de Honduras estaban imposibles, repletas. Miles y miles de compatriotas decidieron ir a pasar el lluvioso feriado Morazánico a El Salvador, causando un incómodo sarpullido entre las autoridades nacionales, que casi todos señalan con el dedo por estos nueve meses de gobierno.

Las cifras certifican la exasperante realidad: combustibles más caros que nunca, alimentos impagables, electricidad privatizada y más costosa, desempleo agrandado, imparable depreciación del lempira, aumento exagerado de asesinatos, más asaltos a diario, represas vacías y hasta más accidentes en carreteras. Como si los hondureños rompieron un espejo o derramaron la sal.

Entretanto, en el Congreso Nacional se dedican a legislar para los “socios” y a repartir el dinero como campaña política; el resto del tiempo, los diputados —empezando por quien lo maneja, el fundamentalista Tomás Zambrano— se dedican a volar candela contra los adversarios. El odio y la descalificación es el debate habitual entre los “honorables” legisladores de todos los partidos.

El Poder Ejecutivo casi ni se nota, porque sus funciones las ha absorbido el Legislativo: allá es donde llega todo mundo para pedir o quejarse. Bueno, los ministerios ni siquiera fueron capaces de organizar una campaña que motivara el turismo interno y el Instituto de Migración, a pesar de que les dejaron los equipos y el personal, exhibe su incompetencia y mediocridad.

Dicen las autoridades que esta semana salieron para El Salvador 58 mil hondureños, seguro mal contados, porque les avergüenza decir la verdad. Quieren justificarse con la venida de salvadoreños durante sus Fiestas Agostinas, pero, en realidad, son entre 15 y 20 mil visitantes, nada que ver.

¿Cuál es el atractivo salvadoreño? En primer lugar, la envidiable seguridad pública que propicia un viaje familiar y la percepción de orden. Costos más bajos en hoteles y restaurantes. La cercanía, por supuesto. La revitalización turística de San Salvador, desde la iluminación del casco histórico, la espectacular biblioteca que les donó China y ahora el imponente mausoleo para el hondureño Francisco Morazán. ¡Qué cosas!, ¿no?

Una digresión: la marca Nayib Bukele, su exitosa estrategia de comunicación, la imagen fresca, juvenil y decidida logran simpatías en varios países, incluido Honduras, así que muchos van allá para experimentar ese modelo del que tanto se habla. La popularidad del presidente es brutal: 94 %, según CID Gallup; 90 %, midió TResearch; 90 %, para Mitofsky; y 85,5 %, dice hasta el diario opositor La Prensa Gráfica.

Aquí no hay funcionarios lúcidos que organicen megaproyectos culturales que mejoren la imagen del país como lo hace El Salvador: el Miss Universo, el súper concierto de Shakira o las bandas británicas Def Leppard, Iron Maiden o el italiano Andrea Bocelli; un torneo mundial de surf o partidos de fútbol internacionales. Son otro rollo.

Te gustó este artículo, compártelo
Últimas Noticias