Cuatro años de retrocesos

Las estrategias de las campañas políticas es seguirle vendiendo humo a un pueblo colombiano, desorientado y sediento de prosperidad económica y bienestar social.

  • Actualizado: 17 de abril de 2026 a las 17:04

Voté por el presidente Gustavo Petro y fui defensor del gobierno hasta que este cayó en las garras de la corrupción y la ineficiencia administrativa que tanto se criticó durante la campaña que lo llevó al poder. Por eso debemos aprender a ser autocríticos, y eso es lo que hace falta en un país como Colombia. El fanatismo político en los seguidores del Pacto Histórico, no los deja comprender que, en los departamentos como Cauca, Sucre, Chocó y Guajira, entre otros, son evidentes los retrocesos en materia de seguridad, desarrollo, bienestar social y prosperidad económica.

En los cuatros años del gobierno del presidente Petro, los índices de desarrollo colectivo en el Chocó marcan un retroceso en todos los niveles, y ese es un reflejo del panorama nacional. El presidente en todas sus visitas al Chocó se ha dedicado a echar discursos retóricos y no inauguró ni una sola obra de infraestructura: Todo se quedó en promesas y discursos retóricos.

De hecho, en aquel departamento se vive los mismos efectos de los tipos enfrentamientos políticos de descalificaciones entre defensores y opositores del gobierno. Ambos sectores sin propuestas audaces sobre cambios estructurales en la economía colombiana.

Ninguno de los dos sectores aporta planteamientos realistas y concretos para impulsar el desarrollo nacional más allá de las defensas de banderas políticas con descalificaciones reciprocas. En ambos sectores no existe un rumbo claro sobre una verdadera política desarrolla nacional a la luz de los nuevos cambios mundiales.

Todavía continuamos enfrascados en las anacrónicas divisiones ideológicas de izquierda y derecha, típicas del mundo político del siglo XX, pero que hoy no son las más adecuadas para explicar las nuevas realidades políticas y económicas del mundo del siglo XXI.

El péndulo del poder mundial gira de Occidente (Estados Unidos y Europa) al Oriente (Asia) y nuestra clase política colombiana se ha quedado atascada en los paradigmas políticos del siglo XX. Unos mirando hacia las decadentes economías europeas y otros mirando el sombrero deshilachado del Tío Sam. Un imperio que se derrumba y un decadente poder occidental que intenta reacomodarse con falsas aureolas de superioridad que riñen con las nuevas realidades geopolíticas globales.

Por eso cuando se escuchan y se leen los planteamientos y las propuestas de gobierno de los diferentes candidatos presidenciales y las defensas que hacen de los mismos, la clase política que los acompaña y, desde luego, las masas de seguidores de las campañas, se palpan que están llenas de fanatismos y el panorama es bastante sombrío y llenos de nubarrones. No se vislumbra un verdadero cambio en el país, sino más de lo mismo.

No se encuentran conexiones con las nuevas tendencias en los cambios mundiales, ni hojas de rutas con conexiones para donde cabalga el mundo en materia de cambios económicos y políticos. En Colombia no quedamos atrapado en el pasado y el tren de los cambios mundiales nos esta dejando en el vagón de atrás, sin infraestructuras viales y portuarias de grandes envergaduras para afrontar los nuevos retos en materia de desarrollo y comercio mundial.

Las estrategias de las campañas políticas es seguirle vendiendo humo a un pueblo colombiano, desorientado y sediento de prosperidad económica y bienestar social, pero lleno de fanatismo político. Fanatismo que en la medida que crece el furor de las campañas los seguidores caen en las garras de las trampas mediáticas de las manipulaciones de los intereses del gran capital financierista globalista y soberanista estadounidense y español y de sus emporios económicos aliados en Colombia detrás de las campañas políticas.

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