Tegucigalpa

Denuncian abusos en el servicio ejecutivo

Desde pasajeros hacinados hasta la omisión al descuento de la tercera edad son los reclamos que hace la ciudadanía contra este transporte. 50 conductores sancionados por anomalías.

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18.10.2013

A pesar de su avanzada edad, don German Sánchez se moviliza todos los días a distintos puntos de la capital para realizar mandados personales.

Las colonias Las Torres y San Francisco, así como el centro de la ciudad, son los principales destinos de este hombre que roza los 65 años y que usa diariamente el servicio ejecutivo para transportarse.

Don German -a quien la edad no le ha quitado el porte elegante, el lenguaje refinado y la infaltable agenda negra bajo su brazo- acompaña su viaje con una amena lectura.

Pero su rutina es interrumpida por el estruendoso y abrupto sonido que sale del estéreo del rapidito y que hace que retumben sus gastados oídos y se estremezcan sus finas canas.

De repente, el cobrador le grita agresivamente “¡córrase, maistro!”, mientras ingresan más personas, sin medir el nivel de hacinamiento que provoca.

“Se han superado varios aspectos con la llegada de los buses ejecutivos, pero todavía falta capacitar a los motoristas en el trato de los pasajeros”, se quejó el capitalino.

El malestar de don German lo comparten miles de ciudadanos víctimas de los abusos que se cometen en las unidades denominadas rápidas.

Infracciones

La inclusión de las unidades ejecutivas en el transporte urbano en enero de 2011 suponía un valor agregado.

Mayor velocidad, comodidad y seguridad eran las premisas que pregonaban las autoridades de Transporte y la dirigencia para cobrar 10 lempiras de pasaje, que en la actualidad se mantiene en once lempiras.

No obstante, EL HERALDO comprobó que estas comodidades pasaron de la norma al mito para muchos usuarios.

Para el caso, en la presente semana el lente fotográfico de este rotativo captó el “hacinamiento” que vivieron los usuarios de la unidad R568, de la ruta Ulloa-Centro, al momento que transitaba por la colonia El Carrizal.

Este hecho no es un caso aislado. En diferente día y durante la tarde -cuando se supone que la afluencia de pasajeros es baja-, también se capturó a la unidad con registro 22 de la ruta La Esperanza-Tiloarque-Centro con decenas de usuarios de pie.

Un bus debe cancelar 200 lempiras por cada pasajero parado, pero ninguno de los vehículos que comete esta infracción ha sido sancionado.

La Dirección General de Transporte (DGT) también ha impuesto otros requisitos que deben cumplir los conductores del servicio rápido para confort del ciudadano.

Los buses deben circular con aire acondicionado y las ventas cerradas, además de estar libres de polarizado. El equipo de sonido o “el televisor” no puede llevar un volumen elevado.

Como este transporte lleva barras electrónicas que marcan el ingreso y la salida de pasajeros, es prohibido apoyarse de cobradores.

Las personas mayores de 60 años gozan del descuento de tercera edad en el pasaje, por lo que solo deben pagar 7.50 lempiras.

Sin embargo, cientos de conductores pasan por alto las disposiciones anteriores ante la vista ciega de las autoridades de turno, se quejan los usuarios.

EL HERALDO intentó entrevistar a Blas Ramos, director de la DGT, para conocer la reacción en torno a esta problemática, pero hasta el cierre no había brindado declaraciones.

Percepción negativa

Los estudios sobre transporte realizados en la capital terminan de pintar el oscuro panorama del rubro.

El diagnóstico del Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) establece que el 45 por ciento de los capitalinos tiene una percepción negativa del transporte urbano, tanto del servicio regular como ejecutivo.

En el análisis se valoró el estado de las unidades, cumplimiento del recorrido, ocupación de las unidades, frecuencia, seguridad, tarifa, tiempo de viaje y el trato del conductor.

El usuario valoró cada punto anterior como positivo, regular o negativo.

Tanto es el inconformismo de los usuarios que ninguno de los indicadores supera el 36 por ciento en la percepción positiva.

La seguridad es el parámetro peor evaluado, pues el 80 por ciento lo calificó como negativo. Le sigue la tarifa cobrada, con un 45 por ciento.

El 43 por ciento se siente insatisfecho con el trato del conductor, el 42 por ciento con la frecuencia de las unidades y el 41 con la ocupación (cantidad de pasajeros).

El sexto lugar lo comparten el estado de las unidades y el tiempo de viaje, ambos con un 40 por ciento.

Apenas el 27 por ciento cree que no se cumple con el recorrido adecuado.

Reconocen anomalías

Jorge Lanza, dirigente del transporte urbano, reconoció los abusos que se presentan en el servicio ejecutivo.

“Debemos cumplir los requisitos, pero sí hay anomalías, de una u otra forma en los autobuses”, confirmó Lanza.

Sin embargo, explicó que el rubro está tomando una serie de medidas para exigirles a los operadores un comportamiento adecuado.

“Tenemos 50 conductores sancionados sin goce de sueldo por ocho días, por no cumplir las reglas. Si son reincidentes, serán cesados permanentemente”, advirtió.

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