Tegucigalpa, Honduras.- Mientras decenas de rescatistas removían toneladas de tierra y roca con la esperanza de encontrar a cuatro personas desaparecidas, a pocos metros de la zona del desastre también ocurrían escenas que reflejaban la otra cara de la tragedia: la de quienes lograron salir con vida.
Elvis Posada aún recuerda el momento en que todo ocurrió. Apenas unos minutos antes del derrumbe había dejado a su hijo, Jaciel Posada, en la bodega donde trabajaba cargando contenedores.
Ya iba de regreso cuando la noticia sobre un deslizamiento en el anillo periférico llegó a sus oidos: “Yo lo vine a dejar en el carro, me acababa de ir de aquí. Él ahí estaba cargando unos contenedores. Me fui, pero cuando iba en camino miré la noticia y me regresé”, relató.
Aunque para Posadas el tiempo que pasó sin saber de su hijo fue una eternidad, la angustia se terminó rápido. A través de una llamada, el joven logró avisarle que seguía con vida.
Había quedado atrapado junto a varios compañeros dentro de una oficina que fue bloqueada por la enorme masa de tierra, pero todos permanecían ilesos.
Cerca de una hora después, Jaciel salió caminando entre los trabajadores evacuados. Su padre no pudo contener la emoción y cayó de rodillas sobre el pavimento y agradeció a Dios por haberle devuelto a su hijo sano y salvo.
La misma incertidumbre vivió Selín Fúnez, uno de los trabajadores que también quedó atrapado dentro de la oficina aislada por el derrumbe. Según recordó, alrededor de 40 personas permanecieron encerradas durante más de una hora, mientras el aire comenzaba a mezclarse con los químicos almacenados en las bodegas.
“Estábamos ahí esperando la hora de entrada de la empresa y de repente se escuchó el tremendo estruendo. Ahí había bastante espacio; lo único que nos cayó encima fueron los cables del tendido eléctrico. Salimos por la parte de atrás, con una escalera nos bajaron”, relató.
A pesar del miedo, aseguró que todos los trabajadores que permanecían junto a él lograron salir con vida: “Todos estamos bien, gracias a Dios. Lo único que una señora de la tercera edad, por su tipo de salud, la bajaron en camilla”.
Muy cerca de allí también estaba Allan Martínez, un conductor de cisterna de 50 años y residente de Las Tapias, quien por apenas unos segundos logró escapar de la tragedia.
Desde hace seis meses abastece de agua a una de las bodegas del sector. Según relató, esta mañana terminó su recorrido y se alejó apenas unos metros del lugar donde minutos después ocurrió el deslizamiento.
“Creo que eran las 7:15 o 7:20 de la mañana. Yo siempre vengo a hacer un viaje de agua ahí. Cuando acordé, me fui para donde estaba el camión y luego caminé hacia unos tanques que están más a la derecha. Ahí fue donde se escuchó aquel gran estruendo”, recordó.
Calculó que apenas transcurrieron unos siete segundos entre el momento en que decidió moverse y el instante en que el cerro colapsó.
“Fue como en siete segundos después de que me aparté de ahí que se cayó. Caminé como unos cinco o seis metros y después se vino todo eso. Un montón de polvo se miraba”, dijo.
Tras el derrumbe, el miedo aumentó cuando comenzaron a escucharse explosiones dentro de las bodegas: “Salió todo el montón de gente, pero empezó a sonar ahí donde está el incendio, como algo que quería explotar; era como químico, no sé. Empezó el incendio y de ahí se propagó todo”, narró.
“Me puse nervioso porque uno estaba aquí y el cerro estaba atrás. Si se hubiera desmoronado en cadena nos hubiera matado como a unas 30 personas.”, afirmó.
El conductor también aseguró que “muchos comentarios ya tiempos vienen diciendo que eso estaba malo, que era tierra roja y estamos en invierno, entonces había riesgo de que se cayera... y efectivamente se cayó.”
Mientras unos celebraban haber sobrevivido, del otro lado del derrumbe la realidad es completamente distinta: Familiares de las cuatro personas desaparecidas permanecen en la zona esperando noticias.
Recién ocurrió el incidente, algunos intentaban ocultar sus lágrimas detrás de unos lentes oscuros y otros caminaban de un lado a otro entre patrullas, ambulancias y maquinaria pesada.
Ninguno de ellos quiso hablar, sin embargo, el dolor de no saber si sus familiares seguían con vida se reflejaba en cada rostro. Cabe destacar que, hasta el cierre de esta publicación, aún se desconoce el paradero de estas cuatro personas.
Las primeras investigaciones apuntan precisamente a que una filtración constante de agua habría debilitado progresivamente la estructura del cerro, ubicada en el anillo periférico, hasta provocar el deslizamiento que sepultó parte de las bodegas.
Sin embargo, mientras las autoridades buscan establecer las causas exactas del colapso, decenas de familias siguen esperando la noticia que más desean escuchar: que quienes aún permanecen desaparecidos también puedan salir con vida.