Después de la tradicional alborada para honrar al son de mariachi a la Madre de todos los hondureños, el candor de los cantos de alabanza resonó ayer durante horas en el Santuario de Suyapa.
Millones de feligreses acompañaron a la abogada de los fieles en el cielo durante la celebración del 266 aniversario del hallazgo de la milagrosa imagen de la “Morenita”.
El santuario, con capacidad para albergar a 10 mil personas, resultó insuficiente para cobijar a los cerca de 2.5 millones de devotos que se congregaron bajo el manto sagrado de la Patrona.
Y es que en cada mirada cargada de fervor de los fieles se esconde una historia de encuentro con el poder milagroso de la virgen intercesora ante Dios por sus hijos.
Enfermos que proclaman su sanidad, hombres y mujeres que recuperaron la fortaleza para luchar en medio de las tempestades y emigrantes que retornaron a su hogar por obra divina son algunos de los encuentros personales con la “Morenita”.
Entre la multitud sobresalían muestras de fe y agradecimiento desmedido, personas que de rodillas se abrían paso en medio del mar de gente.
Asimismo, hermosos ramos de flores y velas fueron llevados al altar de la patrona nacional como ofrendas.
Mientras que otros creyentes decidieron llevarse un “pedacito” del corazón de la Morena con la bendición de cuadros, escapularios, rosarios y réplicas de la imagen de la Patrona, objetos que se trasformaron en signos de fe alzados al cielo en señal de veneración.
Solo Santa María de Suyapa tiene ese poder de convocatoria para postrar de rodillas a toda una nación en un mismo sentimiento de comunión con Dios.
Ese poder se vio reflejado en el lleno total en las cinco eucaristías que se celebraron en el Santuario y el desplazamiento constante de millones de peregrinos en los alrededores de la aldea Suyapa.
Especial: Virgen de Suyapa
Instantes de gracia
Sin duda alguna, el mayor regalo para quienes cruzaron largas distancias para venerar a la Virgencita fue el encuentro personal frente a frente con la madre celestial.
Las enormes filas no fueron un obstáculo para que un mar de peregrinos se vieran reflejados en los piadosos ojos de la amada “Suyapita”.
Hasta por cinco horas soportaron los inclementes rayos del sol que irradiaron el Santuario para entregar sus plegarias frente a frente a la reina de corazones.
Rostros empapados en llanto, manos temblorosas al tocar el cristal que resguarda la imagen de la Virgen y besos cargados de amor fueron algunas de las reacciones que arrancó la diminuta imagen .
“Cómo no voy a amarla y venerarla si ella rescató de la muerte a mi madre, ayudó a mi hijo a cruzar la frontera sin ninguna novedad y me mantienen a mí sano, pese a mis 85 años”, proclamó German Alemán, un devoto que se desplazó a la capital desde La Esperanza, Intibucá.
Como don German, miles llegaron para agradecer por los favores recibidos y otros a solicitar la mediación de la Virgen en situaciones que sobrepasan las capacidades humanas y solo pueden lograrse por medio de un milagro.
Con esa pena de la impotencia se postró ante la Virgen Mabel Raudales junto a su hija de 7 años Mabel Raudales, quien sufre de leucemia.
“Yo sé que ella como madre comprende mi dolor, porque ella al igual que yo vio a su hijo padecer, confío en su poder y a ella le entrego la vida de mi princesa”, manifestó con la voz quebrantada por el llanto.
De madre a madre, también Ada Meléndez solicitó protección a la “Morenita” para su hija Ana Gabriela Ramos, quien viajó a Estados Unidos y está detenida en el país del norte de donde será deportada en los próximos días.
“Le ruego a la Virgen que me la traiga con bien y que aquí se le presente una oportunidad de trabajo para que no se vuelva a arriesgar, porque le tengo fe vine desde Cofradía, Cortés, para decirle mi súplica de frente”, dijo entre lágrimas.
Retorno a casa
Los miles de peregrinos que acamparon durante días en los jardines del Santuario retornaron a su hogar luego de tener un nuevo encuentro con la Virgen.
Cargados con sus maletas y con una renovada fe y esperanza por haber recibido al bendición de su Madre celestial, regresaron a sus lugares de origen.
Desde las primeras horas de la madrugada se despidieron de su intercesora, “ya la acompañamos un año más, así que retornamos a Marcala, La Paz, con el corazón y la fe renovada”, dijo Julián Orellana.