Una búsqueda de paz parece dibujarse en el rostro de los capitalinos.
Ante la convulsión social que ha enfrentado la sociedad durante todo este año que está a punto de dar su último suspiro, el anhelo de los capitalinos en esta Navidad es la unidad y que vuelva la esperanza.
Pero una esperanza que no se base en sueños e ilusiones, sino en acciones para sacar a la ciudad y al país de la dura crisis que enfrenta en todos los niveles. Esa búsqueda de paz y el desarrollo de la ciudad la han emprendido desde ya los ciudadanos renovando los lazos de la unidad familiar, retornando al hogar de sus padres y abuelos para compartir la Nochebuena.
María Rosales, una anciana de 62 años, afirma que el actual bullicio de la modernidad y las ansias de bienes materiales mantienen atrapadas a las personas en sus trabajos dejando de lado la importancia de la convivencia familiar.
'Es necesario trabajar para sobrevivir, pero no podemos vivir para trabajar, por eso yo no permito que nadie de mi familia deje de venir a la cena familiar con la excusa de que debe trabajar o está cansado porque su faena fue intensa, la familia es primero', afirma con vehemencia.
El sentimiento de doña Carmen es el que prima en el corazón de la mayoría de los capitalinos, que desde el viernes anterior desfilan por las calles para realizar las compras que les permitan organizar la velada familiar para esperar el nacimiento del hijo de Dios bajo el calor del hogar.
Pero no todo es comer y beber; los ciudadanos que se rigen bajo la fe cristiana no pierden de vista las actividades religiosas que se desarrollan en sus iglesias. Pedro Romero, un cristiano católico, afirma que lo primero para él es acudir a su iglesia. 'Nosotros empezamos el día asistiendo a la santa eucaristía', indicó.
Carlo Magno Núñez, canciller de la Iglesia Católica, asegura que esta temporada es la época para renacer en la relación con Dios.
'Este es el tiempo para que dejemos a Dios habitar en cada uno de nuestros corazones, este es el verdadero sentido de la Navidad; San José y la Virgen María no tuvieron mucho que ofrecer al Hijo de Dios, como una cuna de oro, pero tenían un corazón dispuesto, debemos darle al Señor nuestro corazón en esta Navidad', dijo.
Por su parte, Alberto Solórzano, presidente de la Confraternidad Evangélica, afirma que es necesario celebrar esta época no como lo propone el mundo hoy en día, que nos lleva a perder el verdadero sentido y enfoque; sino reavivando la relación con Jesús.
Ambos pastores coinciden en la necesidad que tiene el pueblo de renovar la virtud de la esperanza. 'Los pastores que recibieron la Buena Nueva tuvieron miedo también, pero recibieron el mensaje del cielo para no tener miedo, por eso debemos renovar la virtud de la esperanza', reiteró.
Y esa es la certeza con la que los capitalinos, en medio de problemas, de alegrías y tristezas, recibirán en sus hogares y en sus corazones al Hijo de Dios.