Honduras

Ingeniosa educación con juguetes

Marcia Pineda inició a elaborar juguetes didácticos con trocitos de madera cuando estaba embarazada. Hoy su tienda ha crecido y siempre está en busca de nuevas ideas. Ella es un ejemplo de compromiso con la educación.

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07.04.2014

Detrás de estos juguetes está la espera de una madre, la ilusión de un primer encuentro con el fruto de su vientre y la esperanza de darle lo mejor, desarrollando su potencial.

Marcia Pineda, la emprendedora que dio vida a juguetes Mati, hace 19 años, relata la historia que precede a esta empresa catracha que se especializa en elaborar material didáctico. “Surgió por la necesidad que yo tuve como mamá. Estaba embarazada de mi hija mayor y necesitaba hacerle estimulación intrauterina”, recuerda Marcia.

Pero ninguna tienda tenía lo que ella necesitaba, entonces decidió hacer ella misma ese tipo de juguetes y aprovechando que en esa época su esposo tenía una fábrica de muebles y desechaba toda la madera que sobraba, puso manos a la obra.

“Empecé sacando trocitos y pintándolo de diversos colores. El sonido producido al rozar la madera hacía que la bebé se moviera, era la estimulación que necesitaba”. Ese resultado agradó a Marcia.

Con el tiempo, a los cuadritos multicolores, que fueron los primeros ejemplares de los juguetes didácticos Mati y que ahora son comercializados en la tienda Akitoy’s, se le unieron figuras de dinosaurios.

Al nacer la bebé, la joven mamá iba de paseo a Valle de ángeles, donde encontró a otras madres que gustaban de este arte para que sus bebés jugaran con aquellos trocitos de colores y le pedían que elaborara más.

“Descubrí la carencia que hay en el mercado en el espacio educativo, fundamentalmente de este tipo de recursos”, destaca la emprendedora. Luego, la mamá se convirtió en artesana y logró que los juguetes didácticos fueran comercializados vendidos en los pabellones artesanales de Valle de ángeles.

Paso a paso

Han pasado casi dos décadas desde ese inicio y según la emprendedora, hoy por hoy, luego de varios atrasos y tropiezos, los juguetes elaborados en Mati se encuentran en La Esperanza, Islas de la Bahía, La Mosquitia y Francisco Morazán, por mencionar algunos lugares.

Diez personas laboran hombro a hombro con Marcia y su trabajo es la muestra de que lo nacional es reconocido y valorado y, pese a las épocas bajas, siempre ponen mucho empeño en lo que hacen.

Para cumplir con los requerimientos de un público tan exigente, como lo son los niños, Marcia se ha involucrado en la pedagogía, en temas ambientales y la protección a la niñez y el respeto a las leyes. “Usamos pinturas no tóxicas, sin plomo ni ningún componente dañino. También tenemos muchos productos a base de agua”. Además, comentó, “siempre estamos pendientes de las últimas tendencias”, indica al agregar que participa en los ferias de juguetes, como la de La Feria Internacional del Juguete de Nürnberg.

Actualmente los clientes más fuertes de la juguetería Akitoy’s son Organizaciones no Gubernamentales, para quienes se diseñan paquetes metodológicos que se adaptan a requerimientos de estas entidades.

También hay escuelas y kínderes donde estos juguetes forman parte del diario vivir de los niños. Otro grupo adquiere los productos a través de internet.

Expertos en calidad

Esta pequeña empresa tiene a los más expertos para ejercer el control de calidad, pues quienes dan el visto bueno a los nuevos productos que se lanzarán al mercado son los escolares o niños del kínder de El Chimbo, el sitio donde está el taller.

“Aunque a nosotros nos parezca bonito un juguete al final, cuando abrimos las puertas de Akitoy’s para que los niños del kínder den su visto bueno, ellos deciden si los diseños de los juguetes, así como los colores, les gustan o no”.

Y según la empresaria, los pequeños son un público muy exigente y cuando un diseño no les gusta, simplemente lo dejan de lado.

Afirma que cada pieza es una obra de arte que muestra la capacidad de resaltar lo nuestro, lo catracho. En vez de una manzana se destaca una fruta hondureña; un banano. Esto para “asentar esta idea y este sentido de pertenencia nuestro, que podemos hacer cosas. No importa si tengo que esperar diez años más, no me importa ser grande, me importa ser eficiente, funcional y lo estamos haciendo por los niños”, asegura.

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