XI Estación: Jesús se llevó los pecados de muchos
Los soldados atraviesan los clavos por las manos y los pies y Jesús es clavado a la cruz.
Después de ser clavado, Jesús fue levantado cumpliendo su propia profecía: “Y si yo fuese levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de que muerte iba a morir” (Juan 12:32).
Junto a dos malhechores fue crucificado para cumplir la escritura: “…y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.
“Horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos...” (Salmos 22:16-17).
Muy pronto Jesús comenzó a tener dificultad para respirar. Esto era propio de los crucificados. El diafragma muscular que se mueve para que pueda respirar al contraer y relajar los pulmones, se queda en posición de inhalación y es casi imposible exhalar el aire tomado. La única manera es apoyándose en los clavos de los pies y en la muñecas para poder exhalar el aire y luego comenzar de nuevo.
Poco a poco le fueron faltando las fuerzas, al tiempo que los calambres aumentaban y las alternativas de elevación y descensos sucesivos hubieron de abreviarse y repetirse más a menudo, por lo cual los dolores se acrecentaban hasta lo indecible.
¿Cómo poder entender que el Hijo de Dios soportara el abandono de su Padre para ampararnos a nosotros? Es ahí donde nos decimos cual apóstol Pablo: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:33-36).
El Creador de todas las cosas estaba padeciendo por amor a su creación. Los cielos le negaban la luz y la tierra, lo más preciado y vital para todo ser humano: el agua.
“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es” (Juan 19:28-30).
Este episodio, ya estaba profetizado en las escrituras cientos de años antes “...en mi sed me dieron a beber vinagre” (Salmos 69:21).
El dolor que Jesús debe haber sentido en su garganta al beber el vinagre debe haber sido atroz. La descripción relatada en el salmo 22 es desgarradora: “He sido derramado como aguas, Y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar” (Salmos 22:14-15).
XII Estación: “No es matando que resolvemos los problemas”
El evangelio según San Juan dice: “En verdad, en verdad os digo si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el último día, porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.
Monseñor Pineda reflexionó en esta estación diciendo que “en la cruz Jesús tuvo una donación de amor que después de experimentar la soledad expresa con el grito: ‘¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?’, unida con aquel grito de ‘¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!’. Con este grito Jesús se abandona confiado en las manos de su Padre que nunca le ha abandonado. Jesús se entrega por completo como se nos entrega a nosotros por completo en la Santa Eucaristía”.
“Señor Jesús, qué equivocados estaban aquellos que se alegraron al verte morir en la cruz; creían que era el final de todo, sin embargo, era el inicio de algo nuevo”.
“Nosotros en este año de la fe, queremos renovar y queremos decir en voz alta cuál es la novedad de que mueras en la cruz, el decir que creemos en la resurrección de la carne y en la vida del mundo futuro. Te damos gracias, Señor, por nuestros sacerdotes que poniendo sus manos sobre el altar mueren contigo para generar vida en el pueblo de Dios”.
“Muchas y muchos creen que quitándole la vida a su hermano o su prójimo solucionan sus problemas, pero lejos de solucionar sus problemas los hacen más grandes porque cargan su conciencia con el pecado de ir directamente contra aquel mandamiento que dice ‘No matarás’. Y cuando alguien muere por la irresponsabilidad de su prójimo va directamente contra Dios, pero cuando alguien muere libremente, entregando su vida como el señor Jesús, va camino de la resurrección”.
XIII Estación: Hay hijos sacrificados por violencia
El Evangelio según San Juan: “Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás y María Magdalena. Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: ‘Mujer, aquí tienes a tu hijo’”.
“Luego dijo al discípulo: ‘Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la acogió en su casa”. Sobre este pasaje, el obispo Juan José Pineda llamó al pueblo a reflexionar sobre la importancia de la familia.
“Aquí en esta décimo tercera estación tenemos la gracia todos los años de encontrarnos con nuestra familia. Queremos darle gracias a Dios porque aquí, al pie de la cruz, nace un nuevo concepto de familia. Allí es el lugar en donde se consuma aquel momento en donde el señor Jesús dirige las palabras a su madre y le dice; ‘he ahí a tu hijo’, y diciéndole a Juan mírala y recíbela como tu madre”.
“En esta estación Jesús es bajado de la cruz, y aunque no lo dicen los Evangelios, la tradición recoge ese momento especial en que la piedad de los fieles discípulos que han bajado el Santo Cuerpo permite a la madre tenerlo por un momento en sus brazos. Es un momento en el que la Madre Santísima comparte el dolor de tantas madres en todo los tiempos, en que desgarrado el corazón acogen en sus brazos los cuerpos inertes de sus hijos sacrificados por la violencia, el odio, el vicio y la venganza”.
XIV Estación: “Amaos los unos a los otros”
El Evangelio según San Juan: “Jesús en ese diálogo íntimo con sus amigos en la última cena les dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No son ustedes los que me han elegido a mí, sino yo el que los ha elegido a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto y ese fruto sea duradero, de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se lo conceda. Lo que les mando es que se amen los unos a los otros”.
En su mensaje, el obispo Juan José Pineda expresó que Jesús ha muerto y es sepultado. Su misión como verdadero hombre ha terminado y debe iniciar su misión como verdadero Dios, debe iniciar el momento de aquellos a los que él ha llamado y formado para que vayan y den fruto. María les acompaña a la sepultura de su hijo y ahora se aleja con ellos.
La esperanza de la promesa de la resurrección para nosotros es una realidad, ilumina su dolor y la prepara para que sea luz y vida para quienes han quedado bajo su cuidado. Cada uno de ellos deberá encontrar su propio camino y decir sí a la llamada de Jesús.
En este momento de la sepultura de Jesús, el verdadero Dios acaba la hora de Jesús hombre; empieza la nueva misión de Jesús glorioso y resucitado. Ese señor glorioso que nos dice a todos nosotros, bautizados y bautizadas: Es tu hora, es tu momento, es tu misión. Ustedes que han recorrido este camino conmigo son mis discípulos, son mis misioneros, vayan por el mundo entero amándose los unos a los otros.
La sepultura de Jesús no es ningún final, es el inicio de una vida más buena, más bella, más santa y más noble”.
XV Estación: Levanta, Señor, en Honduras a los que están caídos
Jesús ha resucitado. En la última estación del vía crucis el obispo auxiliar de Tegucigalpa manifestó que ante la resurrección de Jesús todos deben alzar la voz diciendo: “Creemos en la resurrección de la carne y en la vida del mundo futuro”.
“En este momento, en el año de la fe, todos juntos en voz alta, la única meditación que podemos hacer ante la resurrección de nuestro Señor Jesús es decir todos juntos creemos en la resurrección de la carne y en la vida del mundo futuro, creemos en la resurrección de la carne y en la vida del mundo futuro”.
“Señor Jesús, tú nos dijiste que te nos adelantabas en el camino porque ibas a preparar un sitio para nosotros junto a ti y junto al Padre en el cielo, creemos Señor que siempre fuiste la verdad, creemos Señor que esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia, juntos nos gloriamos de profesar”.
“Levanta Señor de la muerte a todos aquellos hermanos y hermanas nuestras en nuestros país que están caídos, muertos en vida, hazles resurgir a una buena, bella, santa y noble vida conociéndote a ti, siguiendo tu camino”.
Pineda oró para que todos “sepan que por tu amor, tu fidelidad, tu perseverancia hasta este momento todos somos hijos de la resurrección, por eso decimos creemos en la vida del mundo futuro, creemos en la resurrección de la carne”.
Al término del vía crucis, el obispo de Tegucigalpa exhortó a la Iglesia a elevar plegarias por el papa Francisco, al tiempo que invitó a todos a seguir los llamados realizados por el nuevo pontífice de la Iglesia Católica.