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Bullying escolar ¿cómo prevenirlo?

Uno de los retos más grandes en el sistema educativo es garantizar la seguridad y la convivencia estudiantil que disminuya el acoso escolar.
14.01.2016

Tegucigalpa, Honduras

En Honduras ya se emitió la primera condena por caso de Bullying, en ese sentido las autoridades educativas se encuentran en alerta ante este flagelo que día con día afecta a cientos de estudiantes de los distintos grados académicos.

En ese sentido, uno de los retos más grandes en el sistema educativo es garantizar la seguridad y la convivencia estudiantil que ayude a un mejor rendimiento no solo académico, sino emocional y social de los estudiantes.

Pero, ¿cómo detectamos, atendemos y prevenimos el acoso escolar?

¿Cómo detectarlo?

El malestar de una persona que es víctima de acoso escolar puede manifestarse de múltiples formas: menor rendimiento escolar, consumo de alcohol y/o drogas, enfermedades psicosomáticas (por ejemplo, siente dolor de estómago o cabeza cuando está a punto de llegar a la escuela), cambio en actitudes y comportamiento (se irrita con facilidad, pocas veces se le ve feliz, no concilia el sueño, tiene pesadillas, se orina en la cama, lastima a sus hermanos o a los animales domésticos, muestra un nulo o escaso interés por las actividades escolares y recreativas, así como por los problemas de los demás, etc.).

Identificar si nuestros hijos, hermanos o amigos son acosados en sus escuelas no siempre es fácil, aquí sólo hemos dado algunos ejemplos que lamentablemente se presentan en dichas situaciones; por ello, al sentir que algo los mantiene constantemente preocupados, tristes y/o molestos, debemos dialogar al respecto; al principio quizá no recibamos una respuesta clara y contundente sobre aquello que les afecta, por ejemplo, tal vez se muestren renuentes a explicar el origen de sus heridas, ropa o artículos dañados, ante esto es necesario actuar con mucha paciencia, empatía y comprensión (no te desesperes, tampoco amenaces o manipules para que te cuenten lo sucedido, demuestra confianza en su testimonio y en sus capacidades para afrontar asertivamente tan dolorosa situación).

Para acabar con el acoso escolar es sumamente importante solidarizarse con quien es violentado, lo cual implica escucharle y no banalizar los sentimientos de culpa, inseguridad e impotencia que le han provocado las agresiones, es decir, no podemos dar cabida a un “no es para tanto” y, mucho menos, a un “son sólo bromas de niños, aguántate, ya pasará”.

¿Cómo atenderlo?

Una vez que se tiene pleno conocimiento de la situación de acoso (qué ocurre, en qué momentos y espacios, quiénes están implicados directamente o como testigos) hay que evitar dramatismos, alterarse, buscar culpables y fraguar venganzas; en vez de esto debemos mostrar tranquilidad y prudencia, pues éstas son fundamentales en la búsqueda y construcción de soluciones.

Lo anterior no significa negar nuestro enojo e indignación, sino mantener un estado emocional que nos permita definir las mejores pautas de acción para eliminar la situación de violencia. Cabe mencionar que, sin importar su edad, en la búsqueda de soluciones no debemos excluir a la persona agredida, su opinión siempre tiene que ser tomada como relevante.

Para combatir el acoso escolar es indispensable:

Romper el silencio y denunciar. Debemos comunicar a los profesores y las autoridades institucionales lo que está sucediendo, sobre todo si la víctima no está en posibilidad de hacerlo por sí misma (ya sea porque fue amenazada, tiene miedo, es un infante de corta edad, etc.); como familiares debemos apoyar a los niños y jóvenes en su denuncia y como compañeros de escuela tampoco debemos quedarnos callados, pues eso nos hace cómplices de los agresores.

– Actuar de forma colaborativa. Ante una situación de acoso escolar, no debemos creer que los únicos involucrados son el “agresor” y la “víctima”; los profesores, las autoridades educativas, los padres de familia y los compañeros de clase tenemos que asumir la responsabilidad de erradicar este mal de nuestras instituciones educativas.

No debemos permitir que profesores y autoridades escolares se deslinden de las situaciones de acoso escolar dejándolas en manos de los padres de familia o, menos aún, de los niños y jóvenes que agreden y son agredidos. Por el contrario, junto con ellos es preciso valorar las medidas a adoptar.

Tales medidas jamás han de suponer para la persona acosada la renuncia a sus derechos: cambiarse de escuela o renunciar a la misma no deben ser una opción.

¿Cómo prevenirlo?

Para construir relaciones de respeto, tolerancia y solidaridad en la escuela debemos fomentar dentro y fuera de ella:

– La confianza en uno mismo y en los demás;

– La aceptación de todo aquello que nos hace diferentes (la raza, el nivel socioeconómico, el género, etc.);

– El cumplimiento de las normas de conducta que permiten una sana convivencia; y

– La oposición a toda forma de violencia y situación de abuso e injusticia.

No está de más mencionar que si actuamos conforme a estos valores, será mucho más fácil inculcarlos a nuestros hijos.

Ley

Desde mediados del 2014 en Honduras se aprobó la ley anti-bullying que se encargará de velar por la integridad física y emocional de la niñez, conforme a lo establecido en el Código de la Niñez y la Adolescencia, Código Penal, Código Civil, Ley Fundamental de Educación, Estatuto del Docente.

Eso significa que la ley contempla castigos para todos los actores (incluyendo los padres de los agresores), para que nadie evada su responsabilidad de garantizar el respeto fiel de los derechos de los niños.