Descansando en un valle rodeado de montañas está este municipio ubicado a 57 kilómetros de Tegucigalpa. Los primeros habitantes fueron atraídos por su fértiles tierras, propicias para la actividad agrícola. Inicialmente fue catalogado como aldea Villa de San Diego, y recibió la categoría de municipio en 1829, con el nombre de Talanga.
Posteriormente, el Congreso Nacional, bajo decreto número 112-83, le otorgó el grado de ciudad en 1983, cuando era presidente de Honduras
Roberto Suazo Córdova. Talanga colinda al norte con Cedros y Guaimaca; al sur con Tegucigalpa y San Juan de Flores y al este con Cedros.
Su feria patronal en honor a San Diego la celebran el 12 de noviembre, la parroquia principal del municipio lleva el nombre de su santo patrono.
Entre sus principales actividades comerciales está la producción de dulce y cal. El turismo no es un punto fuerte del municipio, pero cabe destacar que este lugar tiene entre sus principales atractivos el mirador Las Crucitas, el cerro que se levanta muy cerca del centro de la ciudad, y para llegar a la cima hay que subir unas 250 gradas; si sube cuando ya está cayendo la tarde la vista panorámica es mucho mejor. Además, en el barrio La Ceiba está un inmenso árbol de Ceiba que los habitantes llaman popularmente “el ceibón”, emblemático de Talanga.
Personajes
En la aldea Ojo de Agua, de Talanga nació Visitación Padilla, escritora, periodista, feminista y educadora, vino al mundo el 2 de julio de 1882. Ella fue la única mujer en la agrupación cultural El ateneo de Honduras, fundada en 1913, y encabezada por los intelectuales Froylán Turcios y Rafael Heliodoro Valle. En 1917 fundó el periódico Juan Rafael Mora. En 1924 lideró el grupo de mujeres Cultura Nacional.
Sus múltiples logros la colocan en un sitial importante en la historia de Honduras, y aún hoy, a 53 años de su muerte, sigue motivando a mujeres del país.
En Talanga también nació Alejandro Cabrera Reyes, el 26 de febrero de 1896. Cabrera participó activamente en la revolución, al lado de los liberales. En 1920, viajó a Estados Unidos, a estudiar finanzas en Filadelfia, lugar donde se quedó a vivir, y donde fue cónsul de Honduras. Además colaboró con muchas revistas hondureñas. Murió el 27 de marzo de 1957.
En este municipio también nació el poeta Óscar Amaya Armijo, el 10 de diciembre de 1949. Entre sus publicaciones están “Esperanza viva” (1995),
“Perfil del vacío” (2003) y “El prodigio de los príncipes” (2008). Estas referencias están en el “Diccionario de literatos hondureños”, del escritor José González.
Manos laboriosas de Talanga
Uno de los sectores comerciales del municipio es la carpintería y el tallado en madera. En el caso de la carpintería, el rubro ofrece diferentes opciones tanto para los talangeños como para la gente de afuera. Aunque este sector ha decaído en los últimos años, y de ser una industria que ofrecía productos diversos, ha quedado solo como un trabajo por encargo, según comentó Marvin Henríquez, que trabaja como tapicero en el taller “La F y F”.
Si de tallado se trata el trabajo de don Rubén Salinas Madrid no puede pasar inadvertido, ya que prácticamente es el único tallador de tiempo completo en Talanga.
Sus creaciones en madera las distribuye en Tegucigalpa, San Pedro Sula y Roatán, y sus 25 años de experiencia en el oficio le han dado renombre entre los carpinteros, que llevan hasta su taller puertas, ventanas, baúles y todo tipo de productos para que les haga tallados de mucha calidad.
“En este trabajo es muy poco lo que se gana, porque aquí casi no hay mucho comercio de esto, en Honduras no vale nada, pero en otros países sí”, dijo don Rubén.
El artista de la madera comentó que le gusta hacer mapas con paisajes, “también me gusta hacer corazones porque llevan textos bíblicos, me gusta hacer biblias, porque uno está trabajando, ganando y evangelizando a la gente al mismo tiempo”.
A consideración de nuestro entrevistado, el tallado en madera es uno de los oficios más difíciles, ya que en primer lugar quien lo ejerce tiene que aprender a afilar fierros, a dibujar, a tallar en diferentes maderas, “el aprendizaje de esto es más profundo y requiere de creatividad y mucho cuidado en los detalles... el que aprende esto debe tener paciencia, nunca deja de aprender”.
Hace tres años don Rubén se tomó el tiempo para enseñarle a tallar en madera a su hijo Abraham, el muchacho de 22 años de edad que acompaña a su padre todos los días en esta labor que es el sustento de la familia. Si usted quiere algún producto de tallado en madera, o pedidos especiales, puede comunicarse con don Rubén al 2775-7636.