Tegucigalpa, Homduras.- Cuando las pantallas se encendieron y las imágenes de la cooperación española recorrieron el salón, la canciller Mireya Agüero lo resumió sin necesidad de discurso: la relación entre ambos países, dijo, “no requiere palabras”.
La Embajada de España en Honduras celebró el lunes 12 de octubre, la recepción por el Día de la Fiesta Nacional de España, una cita que reunió a miembros del cuerpo diplomático, autoridades civiles y militares, representantes de la sociedad civil, empresarios, prensa y a la comunidad española residente en el país.
La canciller Agüero abrió el turno de discursos calificando a España como “un aliado de primer orden, de amistad entrañable”. Recordó los valores que comparten ambas naciones, como el pluralismo, la tolerancia y la convivencia, y destacó el apoyo español frente a la sequía en el corredor seco, la labor del Centro Cultural de España en Tegucigalpa y el interés del Gobierno del presidente Nasry Asfura por intensificar los lazos diplomáticos, atraer inversión española y ampliar el intercambio comercial.
Anunció además que Honduras estará presente en la próxima Cumbre Iberoamericana, que se celebrará en Madrid en noviembre, y que el país será sede de esa cita en 2028, una responsabilidad que, afirmó, se asume “con profundo orgullo”.
Por su parte, el embajador de España, Guillermo Escribano Manzano, agradeció la numerosa asistencia, pese a tratarse de un lunes posterior a la Semana Morazánica, y puso el rostro humano en el centro de su mensaje. “Es una cuestión de personas”. Rindió homenaje a los migrantes que sostienen “día a día el puente atlántico” entre ambas naciones, en referencia a los más de 200 000 hondureños que forman hoy una comunidad en continuo crecimiento en España.
Una fecha con devoción compartida
El 12 de octubre es también el día de la Virgen del Pilar, y el embajador, que se declaró “medio maño” por sus raíces aragonesas, envió una felicitación especial a las Pilares, a los aragoneses y a los miembros de la Guardia Civil, cuya patrona es esta advocación.
La ceremonia concluyó con un brindis por los jefes de Estado de ambos países, el presidente Asfura y el rey Felipe VI, por las familias, los pueblos y “la paz en el mundo”.