Dicen que madre solo hay una y en la mayoría de los casos es verdad.
Hoy, a pocas horas de conmemorarse el día dedicado a estos seres tan bondadosos que son capaces de entregar todo por sus hijos, le traemos la historia de dos mujeres que son madres ejemplares y empresarias exitosas en cada una de las actividades a que se dedican.
Ellas tiene varios aspectos en común: son jóvenes, talentosas, elegantes y emprendedoras.
Alia Kafati es una reconocida joven de la sociedad capitalina que es parte de la junta directiva de Infracnovi y colaboradora de la Fundación Arca de Honduras. Graduada de psicología infantil con una maestría en educación de infantes, está casada y es madre de dos hermosos niños.
Alia confiesa que en un futuro le gustaría incursionar en la política para cambiar algunas cosas en su querido país ya que, según sus palabras, “merece un destino mejor”.
Nuestra otra entrevistada es Griselda Varela, licenciada en ballet clásico en la Escuela de Bellas Artes de México, pero también tiene estudios de ballet infantil del centro educativo Siluetas de Guatemala.
Es la propietaria de Pavlova, estudio fundado en 1986 con el propósito de incentivar a los pequeños a incursionar en el arte clásico.
Por sus instalaciones han pasado cientos de jovencitos que hoy destacan en el arte nacional.
A continuación les mostramos cómo se desarrolla la vida de estas dos mujeres que cumplen a cabalidad sus responsabilidades como profesionales y en el hogar y que sobresalen como seres humanos y, por supuesto, como madres.
“Mi primer hijo es un milagro y el segundo es un regalo divino”
Es una guapa y espigada mujer de cabellera larga con una mirada seductora, pero lo más sobresaliente de Alia Kafati de Castillo no son sus atributos físicos sino su calidad humana, su sencillez, su facilidad por desprenderse de las cosas materiales para ayudar a los necesitados y sobre todo su amor y dedicación incondicional por sus hijos.
Tiene dos hermosos retoños: Felipe y Christian Castillo, quienes según ella son el motor de su vida junto a su esposo. Ella nos recibió en la intimidad de su residencia, que parece ser una extensión de su empresa Gymboree, institución que brinda estimulación temprana a infantes.
Entre juguetes de sus hijos y los objetos preferidos de ella y su marido, su casa es, según Alia, el refugio perfecto para ser feliz.
Al comentar sobre su papel como madre, afirma que quizá su experiencia fue un tanto diferente al resto de mamás porque a escasos tres días de nacido a su primer hijo, Felipe, le realizaron varios exámenes y le diagnosticaron una rara enfermedad congénita la cual poco a poco consumiría su vida.
Sumado a lo anterior, los médicos que la atendieron en ese momento le dijeron que tampoco podría ser madre nuevamente. Esto la destrozó.
Pero tuvo tanta fe en Dios que a las tres semanas a su pequeño le realizaron nuevos análisis y milagrosamente el problema de salud había desaparecido.
Todo transcurría normalmente, pero siempre la afectaba esa noticia de no poder ser madre nuevamente y lo inesperado sucedió, antes de culminar la dieta de los cuarenta días sintió molestias en su organismo y se sometió a unos análisis y el resultado fue que estaba otra vez embarazada.
Por eso ella asegura que su primer retoño es un milagro porque solo Dios lo pudo sanar, y su segundo hijo Christian es un regalo que el Divino Creador le quiso dar. Su vida transcurre entre Gymboree y los cuidados y atenciones a sus pequeños y a su esposo, a quienes dedica toda la mañana.
Pese a que tiene personal que la apoya, ella misma prefiere darles de comer a sus hijos, bañarlos y jugar con ellos un rato.
Por la tarde, se convierte en toda una empresaria que atiende a las madres con sus pequeños en Gymboree.
Lejos de ver esta actividad como un trabajo, Alia la disfruta porque en sus jornadas de trabajo con los demás niños incorpora a los suyos para brindarles los estímulos necesarios a través del juego.
Dios quiso premiarme con ser madre en dos ocasiones. Mis hijos son mi mayor orgullo y la razón por la que lucho siempre
En la vida de Griselda Varela hay muchas cosas importantes, pero sin duda alguna el pilar de esa fortaleza y dinamismo que la caracteriza son sus dos hijos: Denis Marcello y Luciana Fiallos Varela. Para ella la mujer es un ser privilegiado que tiene en sus manos la habilidad de traer al mundo vida.
“En las dos ocasiones en las que nuestro Creador me ha bendecido con el hecho de ser mamá ha sido una felicidad indescriptible. Agradezco infinitamente que por suerte yo no tuve que sobrellevar con mis hijos ninguna enfermedad, pero creo que si me hubiese tocado nunca hubiese renegado por ello, porque pienso que esas son pruebas que Dios nos pone para demostrarnos cuan fuerte puede ser la mujer y admiro a esas madres que sí han vivido una situación difícil con sus hijos”.
“Yo vivo agradeciéndole a Dios el darme el don de ser mamá. Puedo asegurar que mi mayor orgullo es ver a mis dos pequeños destacar en varias disciplinas. Pienso que cualquier sacrificio que uno puede hacer por sus hijos en la vida es compensado con verlos crecer y ser felices”.
Griselda confiesa mientras le coloca unas calentadoras a su pequeña Luciana en los tobillos como parte de su indumentaria para que reciba sus clases de ballet que su rutina diaria comienza muy temprano.
Por la mañana se encarga de levantar a sus hijos para ir a la escuela. Mientras ellos terminan de arreglarse ella misma les prepara su merienda y almuerzo.
“Denis Marcello va a clases de pintura, luego piano y por último natación, y mi Lucianita lleva una rutina similar pues ella también recibe piano y clases de natación, además de aprender ballet en mi academia Pavlova. En verdad son varias actividades simultáneas que ellos llevan, pero son tan dinámicos que yo no puedo cortarles las alas y me multiplico para estar presente en cada una de sus tareas. Soy madre a tiempo completo y me dedico también a mi otra pasión que es bailar. Mis dos pequeños son parte importante en las presentaciones de Pavlova, pero no porque sean mis hijos sino porque ellos se han ganado ese puesto. Son mi orgullo y me emociono hasta las lágrimas cada vez que los veo en escena”.