Madrid, España.- Honduras puso por primera vez cifras, patrones y evidencia a un fenómeno que suele discutirse a partir de anécdotas: la desinformación electoral.
Ese hito llegó este lunes 2 de marzo en Madrid, cuando EH Verifica —el servicio contra la desinformación de EL HERALDO— presentó en la Universidad Complutense de Madrid el primer informe científico hondureño que documenta cómo se movieron mentiras, encuestas falsas y discurso de odio antes, durante y después de las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025.
La presentación se realizó en el V Congreso Internacional sobre Ciberseguridad y Supervisión Digital de la Desinformación, un foro que colocó el caso hondureño en una conversación internacional sobre la integridad del debate público en tiempos de redes sociales.
El informe fue elaborado por EH Verifica en coordinación con la Universidad José Cecilio del Valle (UJCV), con la guía del Observatorio de la Desinformación de la Complutense y el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
En el evento participaron las consejeras del Consejo Nacional Electoral (CNE) Ana Paola Hall —presidenta— y Cossette López —vocal—; Francis López, coordinadora de la maestría de Ciencias Políticas y Gestión Electoral de la UJCV; Carlos Girón, editor en jefe de EH Verifica; autoridades de la Complutense y del Observatorio, además de representantes de organismos electorales de otros países.
El trabajo, además, fue desarrollado por el equipo de EH Verifica integrado por Daniel Girón, José Quezada y Paola Ávila, junto con estudiantes de Periodismo de la UJCV: Perla Ordóñez, Aslhey Carranza, Alejandro Urbina y Cristian Sierra, y con alumnos de la maestría de Ciencias Políticas y Gestión Electoral de esa universidad.
Partició también Stephany Pineda, profesora de Periodismo y Diseño Gráfico de la UJCV.
La colaboración buscó una meta doble: medir el problema con metodología y, al mismo tiempo, formar capacidades locales para entenderlo y enfrentarlo.
La base de datos levantada por el monitoreo documenta tres fenómenos que se entrelazan en el espacio digital durante el ciclo electoral hondureño de 2025: desinformación electoral, encuestas falsas y discurso de odio.
Lejos de operar por separado, el informe sostiene que estos elementos se alimentan entre sí: la desinformación aporta “piezas” que simulan prueba; las encuestas falsas funcionan como atajo cuando el público demanda certezas rápidas; y el odio actúa como acelerador emocional que empuja a creer y compartir sin verificar.
El día D
l hallazgo más contundente aparece en la jornada electoral. El domingo 30 de noviembre de 2025 se concentró el mayor pico de sensibilidad informativa: ese día se registraron 12 incidentes de desinformación electoral (12 de 96; 12.5%) y 11 encuestas falsas (11 de 12; 91.7%), además de un contenido de discurso de odio fechado el mismo día.
El patrón coincide con un momento crítico: la ciudadanía busca certezas inmediatas, y cualquier contenido con apariencia de “última hora” tiene más probabilidad de circular sin filtros.
¿Y qué encontró el informe en ese flujo? Que la desinformación se presentó, sobre todo, con forma de evidencia.
Entre los 96 incidentes documentados, los formatos más frecuentes fueron contenido sacado de contexto (25 casos), deepfakes (17) y citas falsas (16).
Les siguieron “hechos falsos” (13), suplantación (8) y manipulación digital (5). El objetivo común, según el análisis, fue reducir la fricción crítica: si parece video real, comunicado, captura de una medición o frase atribuida a una figura conocida, el público tiende a otorgarle credibilidad más rápido.
La intención predominante también muestra una estrategia: más de cuatro de cada diez incidentes estuvieron orientados a distorsionar (39 de 96; 40.6%), es decir, a alterar la interpretación de hechos, imágenes o declaraciones para inducir otra lectura.
Luego aparecen piezas que buscaron desacreditar (18; 18.8%), dividir (13; 13.5%) y distraer (11; 11.5%). También se documentaron contenidos para desalentar (10; 10.4%) y, en menor medida, descartar (4; 4.2%).
En la práctica, el núcleo no fue solo “inventar” una falsedad: fue reencuadrar la realidad electoral para que se lea con desconfianza, sospecha o antagonismo.
Los blancos ayudan a entender el daño potencial. Los principales destinatarios del ataque o la distorsión fueron candidatos políticos (37; 38.5%) y actores políticos (22; 22.9%): juntos suman 61.4% de los incidentes.
Luego aparecen instituciones del Estado (15; 15.6%), un objetivo especialmente sensible porque su credibilidad sostiene el arbitraje y la aceptación de resultados.
También hubo piezas contra partidos, Gobierno, figuras públicas y casos puntuales contra un periodista y una institución internacional.
En plataformas, el fenómeno tuvo dos motores principales: TikTok concentró 42 incidentes (43.8%) y Facebook 41 (42.7%). X (7), WhatsApp (5) y Threads (1) aparecen como canales secundarios.
Esa distribución sugiere una mezcla de lógicas: viralidad audiovisual y consumo rápido por un lado; y circulación comunitaria y reenvío social por otro.
El informe dimensiona el impacto con un dato agregado: la desinformación electoral acumuló 6,233,034 visualizaciones y 16,597 compartidos, para un total de 6,249,631 interacciones de exposición y difusión.
Son métricas distintas, pero juntas describen un problema claro: el consumo existió a gran escala, y el reenvío multiplicó el alcance en momentos críticos.
Después de las urnas
Uno de los giros más preocupantes aparece tras la elección. En la base de discurso de odio se registraron 61 contenidos entre el 10 de octubre y el 30 de diciembre de 2025.
De ese total, 51 ocurrieron después del 30 de noviembre: 83.6% del fenómeno quedó concentrado en el periodo postelectoral inmediato.
Comparado con el tramo previo (10 contenidos), el volumen posterior fue 5.1 veces mayor, equivalente a un incremento del 410% en registros.
La lectura es directa: el odio no se reduce al “calor” de campaña; se intensifica cuando el país entra en una disputa por interpretación de resultados, legitimidad y responsabilidades.
Y ahí, el informe sostiene que el odio opera como combustible: fija marcos emocionales —burla, resentimiento, indignación e ira— que vuelven más probable la aceptación y circulación de narrativas falsas o engañosas.
En plataformas, Facebook concentró el 60.7% del odio documentado y X el 32.8%. En formato predominó la imagen, y en narrativa destacaron el insulto, el llamado a la acción y la difamación.
En severidad, el dato resume el riesgo: 70.5% de los contenidos fue clasificado como moderado o severo, y una porción significativa incluyó incitación a la violencia, un salto que tensiona la convivencia democrática.
El informe también describe quiénes empujan el flujo desinformativo. La mayoría provino de páginas, usuarios o grupos (72.9%), pero un segmento clave fue generado o amplificado por pseudomedios (20.8%), cuentas que imitan lenguaje y estética informativa para convertir una pieza falsa en “noticia creíble” durante horas críticas.
En menor medida, aparecen contenidos causados por políticos y suplantaciones a funcionarios, una alerta adicional: el ecosistema puede incorporar “voces autorizadas” incluso cuando esa autoridad es falsa.
Combate
Como respuesta, EH Verifica reporta una estrategia dual durante 2025: verificación y pedagogía pública, junto a educación mediática aplicada.
El resultado más tangible fue la alfabetización mediática de casi 400 personas mediante conversatorios y talleres, incluyendo capacitaciones a periodistas para verificar en tiempo real en un entorno de sobreabundancia informativa.
En conjunto, el informe coloca un punto de partida para Honduras: medir el fenómeno, identificar patrones y discutirlos fuera del país.
En Madrid, lo que se presentó no fue solo un diagnóstico, sino una advertencia basada en datos: cuando la desinformación se acumula, el impacto no depende de cuántos crean un bulo específico, sino del efecto agregado de normalizar la duda, erosionar la confianza y volver disputable cualquier resultado.