Tegucigalpa, Honduras.- La detención en Bolivia del consultor político argentino Fernando Cerimedo reabrió el debate sobre el uso de cuentas automatizadas para influir en la conversación pública.
Cerimedo fue estratega digital de la campaña presidencial de Javier Milei en Argentina, asesoró al presidente boliviano Rodrigo Paz y trabajó con Nasry Asfura en Honduras, según publicaciones de Reuters y Folha de S.Paulo.
Durante un allanamiento realizado en Bolivia, investigadores encontraron equipos descritos por medios internacionales como una “minigranja de bots”. La defensa de Cerimedo sostiene que se trataba de teléfonos satelitales y módems, no de una infraestructura para manipular redes sociales.
El hallazgo desató sospechas sobre posibles operaciones de intervención digital. Incluso, la Cámara de Diputados de Chile creó una comisión para investigar la actividad política de Cerimedo. Pero ¿qué es realmente un bot y puede cualquier usuario detectarlo?
Operatividad
Un bot es un programa que ejecuta automáticamente acciones en una red social: publicar, compartir, responder, seguir cuentas o reaccionar a contenidos. Algunos cumplen funciones legítimas, como difundir alertas meteorológicas, noticias o información de servicio público.
El problema surge cuando una cuenta automatizada oculta su naturaleza, se hace pasar por una persona y forma parte de una operación para inflar artificialmente un mensaje, atacar adversarios o fabricar la impresión de que una postura posee un respaldo masivo.
Una “granja de bots” consiste en una infraestructura desde la cual se administran numerosas cuentas. Puede utilizarse para imponer etiquetas, multiplicar ataques, aumentar seguidores o hacer que una publicación parezca viral.
Sin embargo, encontrar varios teléfonos, módems o computadoras tampoco demuestra por sí solo la existencia de una granja de bots. Es necesario comprobar qué cuentas eran controladas, qué acciones ejecutaban y si actuaban coordinadamente.
Señales de sospecha
No existe una característica que delate automáticamente a un bot. Su identificación parte de la acumulación de indicios.
Una cuenta recién creada, sin información personal, con una fotografía genérica o robada y que sigue a miles de usuarios, pero posee pocos seguidores, merece una revisión más profunda.
También resulta sospechoso que publique durante las 24 horas, mantenga intervalos casi exactos entre mensajes o reaccione segundos después de cada publicación de una figura política.
Otra señal es la repetición sistemática: perfiles que solamente comparten un mismo tipo de contenido, utilizan las mismas etiquetas, publican enlaces idénticos o responden con frases que no guardan relación con la conversación.
Pero la mayor alerta aparece en el comportamiento colectivo: decenas de cuentas que difunden simultáneamente el mismo texto, enlace, error ortográfico o ataque contra una persona.
Meta denomina a estas redes “comportamiento inauténtico coordinado”, porque buscan engañar sobre quién dirige una campaña y cuán espontánea es la conversación.
También conviene revisar la fecha de creación de la cuenta, su historial de publicaciones, la procedencia de su fotografía y si conversa naturalmente o se limita a repetir consignas.
Ninguna de estas señales constituye por separado una prueba definitiva. Una fotografía genérica, pocos seguidores o una elevada cantidad de publicaciones pueden levantar sospechas, pero no demuestran que detrás de la cuenta exista un programa.
¿Puede detectarse con certeza?
No al 100%. Una persona puede publicar obsesivamente, programar mensajes o copiar consignas sin ser un bot. A la vez, los sistemas automatizados más avanzados pueden imitar horarios, lenguaje y conversaciones humanas.
Existen, además, cuentas híbridas: una persona las controla, pero automatiza una parte de su actividad.
Herramientas como Botometer analizan patrones y calculan la probabilidad de que una cuenta sea automatizada, pero no emiten veredictos infalibles. Sus resultados deben interpretarse como indicios y no como pruebas.
La certeza suele depender de información interna de las plataformas, como registros de conexión, direcciones IP, dispositivos utilizados y aplicaciones vinculadas, o de evidencia directa sobre quién controla las cuentas.
Por eso, para un usuario común, la conclusión responsable no debe ser “esta cuenta es un bot”, sino “esta cuenta presenta señales de automatización”. Sospechar es posible; demostrarlo exige una investigación.