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Dramáticos casos de violación en Honduras: “Él abusaba sexualmente de mí estando embarazada”

La mitad de las víctimas de violación son niñas y adolescentes de entre 10 y 19 años, quienes en muchos casos señalaron que su agresor estaba dentro de su circulo familiar
22.07.2022

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Ana -nombre ficticio- recuerda cada detalle de la primera vez que su expareja la golpeó. A su memoria se vienen los rostros de aquellos niños, entre ellos su primogénita, mirando a través del vehículo cómo aquel hombre -al que juró amar toda la vida- la agarraba por la fuerza, la amenazaba y le gritaba “arrodillate y pedime perdón”.

“Me tocó hacerlo... Ese fue el primer abuso”, relató.

La joven de 28 años contó al equipo de EL HERALDO Plus y La PRENSA Premium que ese día su marido se fue a tomar y la corrió de la casa solo porque ella le pidió que volviera a la vivienda. Sin poner resistencia, decidió empacar algunas cosas, subió a su hija y dos sobrinos al vehículo y comenzó a conducir. No pudo llegar a su destino pues su expareja la siguió y la obligó a estacionarse en plena vía.

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“Aquí te vas a morir, aquí te voy a matar”, le gritaba de forma iracunda, pero Ana no pensaba en ella sino en los niños que la miraban desde el carro. “Esa fue la primera vez”, volvió a decir.

En ese entonces no lo denunció porque “él tenía la habilidad de convencerme o me manipulaba fácilmente”.

Aunque sí pensó en hacerlo, la manipulación y los contactos que su expareja tenía en la Policía evitaron que fuera un caso más de las 8,546 denuncias de violación interpuestas en el Ministerio Público desde 2017 hasta junio de 2022.

EL HERALDO Plus y La Prensa Premium analizaron estas alarmantes cifras, que muestran que el 77% (ocho de cada 10) de las víctimas fueron mujeres. Para la Organización Mundial de la Salud, estas cifras ponen en evidencia que la violencia contra la mujer, y especialmente la violencia sexual, es un “grave problema de salud pública”.

Signos del abuso

La relación de Ana con su expareja parecía ir color de rosa, hasta que en 2020, cuando la pandemia del covid-19 golpeó a Honduras, se enteró que estaba embarazada. Al contarle al padre del bebé, este le exigió que lo abortara. En su momento, la joven estuvo decidida en hacerlo, pero una amiga cercana la hizo entender que debía tener al bebé.

“No sé cómo consiguió legalmente sacar permiso de un arma... Cada vez que llegaba a la casa era para amenazarme que me iba a matar con una pistola”, lamentó entre lágrimas la hondureña.

La relación cada vez se tornó más violenta, al punto que abusó sexualmente de ella durante el embarazo.

“A veces uno cree que porque es pareja de alguien no es abuso, pero él abusaba sexualmente de mí porque era a la fuerza, estando embarazada, como si le quería hacer daño al bebé”, lamentó la joven de 28 años.

Peligran niñas y jóvenes

El 11% de las víctimas de violación reportadas en Honduras desde 2017 hasta junio de 2022 (cinco años y seis meses) fueron mujeres de entre 20 a 29 años, el rango de edad en el que está Ana, quien después de decenas de maltratos decidió denunciar a su agresor.

Aunque parece un número bastante preocupante, este rotativo detectó que hay una epidemia silenciosa de violaciones en niñas y jóvenes de entre 10 y 19 años, pues las denuncias constatan que más de la mitad de las víctimas estaban entre estas edades.

Para Cristina Alvarado, integrante de Visitación Padilla, este grupo es uno de los más vulnerables, especialmente porque muchos de los casos ocurren dentro del mismo círculo familiar.

“Tenemos que hacer distinción entre esa violencia sexual sistemática y silenciosa que ocurre en casa, a la violencia que puede ser víctima una mujer o una niña en la calle, que es un hecho esporádico, que marca la vida, que deja traumas, pero no en la dimensión que puede dejar el incesto”, puntualizó.

La experta se refirió al 68% de los casos, según cifras del Ministerio Público, en los que el agresor no tenía ninguna relación con la víctima, es decir, eran personas completamente desconocidas. El problema es que hay decenas de casos en los que la responsabilidad penal recae sobre un familiar o conocido.

Por ejemplo, en el cinco por ciento de los casos de violación, la víctima señaló que su agresor era su compañero de hogar o padrastro. También hubo 203 denuncias en las que mencionan al padre como el responsable de cometer abuso sexual y 175 casos en los que el agresor era el primo.

En la enorme lista también aparecen tíos, vecinos, hermanos, cuñados, compañeros y excompañeros de hogar, como el caso de Ana, quien después de suplicarle a Dios no seguir en ese círculo vicioso de violencia, tiene varios meses de no saber de su marido. Desapareció.

“Ahora yo tengo paz, duermo tranquila”, dijo con mucha firmeza, aunque de sus ojos aún rodaban lágrimas.