Confundido y oscuro el subcampeón, Vida solamente ocupó 45 minutos para definir su suerte y aplastar 4-0 a Real España, el desconocido equipo de Marito Zanabria que “no llegó” al puerto y se regresó con la peor humillación de los últimos años...
Se dejó venir un tifón rojo
Poseído por un demonio de color rojo, la Máquina apenas era un sujeto desquiciado que, rápido, ya sentía cada uno de los clavos que martillaba el potente equipo de Carlos Martínez, el irreverente Vida que anoche se ha degustado tremendo banquete ante un rival al que no vencía en el puerto desde el 12 de enero de 2008 (ganó 2-1).
Repleta de “baches” con agua, la cancha del Ceibeño fue testigo de una inusual presencia de goles en la primera mitad: Romell Quioto, el reemplazante de Georgie Welcome en la H, retribuyó el llamado de última hora con dos goles, primero de cabeza a centro de Chestyn Onofre y luego de potente remate con derecha tras un “regalo” de Johny Calderón; Charles Córdoba, quien aprovechó un gran servicio de Francisco Pavón, se subió a la moto y “cajoneó” con sutileza ante la salida del uno Kevin Hernández y Orlin Peralta dio una cátedra de cómo hacer contragolpes con criterio y explosividad para establecer el 4-0 con el que finalizó el primer acto.
Juegazo del Vida, único habitante con vida en la cancha portuaria...
Se terminó en un tiempo
Con la tremenda dosis de efectividad demostrada al inicio, el Vida depositó las cuatro dianas a plazo fijo en el banco de la ciudad y, prácticamente, el encuentro finalizó mucho tiempo antes del último pitido del central Melvin Matamoros.
Quioto quería más y la Máquina sacaba fuerzas de flaqueza con dos balones al poste. Aún así, la vergüenza estaba consumada: 4-0.