San Pedro Sula, Honduras.- Eddie Hernández al desnudo, como nunca habló. El delantero de moda en la Liga Nacional está viviendo a sus 35 años un prime extra que la vida del fútbol y los goles le han regalado en el epílogo de su carrera. Regresó al balompié nacional tras ser menospreciado en el Municipal de Guatemala, pero lejos de apagarse, ha demostrado su poderío ofensivo y para muestra, los ocho goles en siete juegos que lleva con el Real España.
El 'Cañonero del Aguán' reveló en este mano a mano con EL HERALDO en el hotel Aloft de San Pedro Sula, situaciones en torno a su carrera que nunca las había mencionado, como el día que salvó del descenso al Platense en 2012 por su venta al Motagua, sus experiencias en el fútbol del extranjero siendo un auténtico trotamundos probando suerte en nueve ligas diferentes como Kazajistán, Irán, Arabia Saudita, India o China.
Contó, entre otras cosas, lo que sucedió en el camerino de la máquina tras caer estrepitosamente 1-6 contra Los Ángeles FC por la Concacaf Champions League, sus mentoresen el fútbol y lo más raro que le tocó pasar en esos países exóticos a los que la pelota lo llevó. "No me arrepiento de nada ni cambiaría nada de mi carrera", dice el de Trujillo.
Cierra el capítulo de la Selección de Honduras y afirma que la 'H' deberá de buscar convencer a Keyrol Figueroa para que se vista con los colores de la bicolor, como también confirmó que estuvo cerca del Cagliari y del Bari de Italia, pero que el Platense, en ese momento dueño de su ficha, se lo imposibilitó.
Entrevista con Eddie Hernández
—¿Te ha sentado bien tu regreso a la Liga Nacional?
Me siento muy feliz de regresar a la Liga Nacional. Es la primera vez que juego en San Pedro Sula, pero gracias a Dios estamos bien; me siento bien en lo personal y en lo grupal con el plantel, así que estamos muy felices.
—Eddie, sos de pocas entrevistas. Realmente es raro verte dar entrevistas, ¿por qué?
No sé, no es algo con lo que me sienta cómodo, por así decirlo. No es algo que me guste hacer y por esa razón trato de ser un poco más reservado. No soy cerrado a dar entrevistas, pero sí trato de evitarlas. Nunca he tenido una polémica con alguien, pero es algo muy personal.
—Llevas ocho goles en el torneo en siete partidos... ¿De dónde sigues sacando esa madera goleadora?
Bueno, gracias a Dios por la fuerza que me da y por la salud que me mantiene. Los ocho goles en parte son gracias al apoyo de mis compañeros; sin ellos no podría anotarlos. Más allá de que uno se mueva bien y esté dentro del área, si no tenés compañeros que te asistan y te den pelotas de gol, es muy difícil. Creo que es un trabajo mutuo, yo lo pondría 50–50 entre los compañeros y la finalización, que es la parte que me toca a mí.
—Si hacemos una retrospectiva y vamos a la tabla de goleadores históricos donde estás vos, nos encontramos con delanteros como Rubilio Castillo, Rony Martínez, Ángel Tejeda, Eddie Hernández. Da la impresión de que esa última camada, de la que sos contemporáneo, ha sido la última buena del fútbol hondureño.
Sí, y gracias a Dios que hay muchos hondureños. Somos contemporáneos, como lo mencionaste, y eso es importante: que sigamos activos en la liga y anotando goles. Al final nosotros somos delanteros, vivimos del gol, y los números hablan por sí solos. Para mí es un privilegio estar dentro de esa lista de máximos goleadores hondureños.
—¿Por qué ese contraste de venir de anotar 5 goles en 22 partidos, incluyendo uno en Copa Centroamericana con Municipal de Guatemala, a esta irrupción en Liga Nacional con 8 goles en la primera vuelta?
No quiero excusarme, pero la falta de continuidad en el equipo fue clave para que yo no pudiera ser constante en el juego y en los goles. Los minutos que tuve los aproveché. Si ves muchos partidos y pocos goles, pero analizás los minutos jugados y la cantidad de goles, el promedio es muy bueno. Al final el técnico era quien tomaba la decisión de mandarme al banquillo; independientemente de que en el partido anterior hubiera anotado, decidía no ponerme.
A cualquier jugador la confianza se la dan los partidos: no es hacer un gol y al siguiente ir al banco, es la constancia lo que te da confianza, y los delanteros vivimos del gol. Si hacés un gol, esperás seguir jugando el siguiente partido para continuar la racha. Ahora, en mi regreso a la Liga Nacional, hasta el momento ha sido 100% positivo, gracias a Dios las cosas están saliendo bien y esperamos mantenernos así.
—Es raro que un equipo grande se fije en un delantero que viene de pasarla mal y que además tiene 35 años. Decime algo: ¿dijiste alguna vez que querías jugar en Real España?
No, nunca dije que quería jugar en Real España. Tampoco he dicho que no. No he cerrado las puertas a ninguna institución y menos sabiendo lo que es Real España, un equipo grande. Los dos de San Pedro Sula son equipos grandes, históricos de la Liga Nacional, y uno siempre quiere estar en equipos grandes. Un jugador que diga que no quiere estar en un equipo grande, me atrevería a llamarlo mentiroso, porque uno siempre quiere pelear cosas importantes y campeonatos. Se dio la oportunidad; es cierto que para un jugador mayor venir a un equipo grande no es fácil, pero creo que mis números me avalan y eso dio la pauta para que la directiva confiara en mí. No es el primer torneo en el que me han querido traer ya que años atrás ha habido propuestas para venir y no se había dado, ahora por fin estamos aquí.
—¿Quién te llamó? ¿Cómo se dio ese fichaje por Real España? ¿Y cómo tomaste las críticas en redes sociales por tu fichaje con 35 años?
Mi contacto directo fue con Elías; él fue quien me habló. Antes me contactaba cualquier otra persona menos el presidente y al final no se cerraban las negociaciones. Esta vez sí fue él quien se comunicó directamente conmigo y hablamos. Para uno como jugador que el presidente te hable directamente es algo que valorás muchísimo, porque no hablás con terceros sino con alguien importante. Esa fue una de las motivaciones para venir, saber que el presidente se tomó la tarea de contactarme y llegar a buenos términos.
Sobre las críticas, sé que hubo muchas, pero decirte que las vi o las escuché sería mentir. No soy alguien que mira redes sociales ni que consume mucho fútbol. Hablábamos extracámara ese tema, que no consumo fútbol. Entonces, sea una nota positiva o negativa, no la voy a ver porque no soy de consumirlo.
—No consumir fútbol siendo futbolista, entrenando todos los días, suena raro. ¿Cómo es eso?
Sí, es algo raro sinceramente. No lo he compartido con muchas personas, pero la gente cercana sabe que no consumo fútbol. No te digo que sea cero, porque un partido importante de Champions, o una final de Liga Nacional, o un juego que haya que analizar, sí lo vemos. Pero que cada fin de semana me siente a ver partidos de Liga Nacional, no. Y sé que no es normal, aunque hay futbolistas que han dicho lo mismo: Carlos Vela, el mismo Ramón Núñez, comentaban que jugaban fútbol porque era su trabajo.
—Me llama la atención algo: ¿por qué nunca cambiaste de look, siempre temiramos con el mismo?
(Risas) Fíjate que al principio, cuando inicié mi carrera me dejaba crecer el pelo y me trenzaba, eso fue en Platense. No hay muchas imágenes, pero tengo algunas en mi teléfono de mi debut, de 2007 hasta 2009, con el pelo largo, afro. Mi pelo es así por parte de mi papá; se me hace afro y por eso tenía la tendencia a trenzarme. Soy de un pueblo donde el garífuna es parte importante, tengo familia garífuna y es muy normal trenzarse. Con el tiempo fui cambiando, normalmente he sido pelón, me tiro la cero o un corte bajo. Me he identificado y me ha gustado siempre ese look.
—¿De dónde nace el seudónimo de “Cañonero del Aguán”?
Todo lo que es el departamento de Colón se le llama la zona del Bajo Aguán. Cañonero viene por los cañones de Trujillo, por la fortaleza que hay en Trujillo. Me imagino que fue Orlando Ponce (narrador) el que salió con ese apodo y lo fue acuñando hasta que se quedó. Ya tiene varios años.
—¿Y te gusta?
Si me preguntás si me gusta, no te puedo decir que sí ni que no, porque mucha gente me ve en la calle y lo primero que me dice es eso, ni siquiera mi nombre. Pero ya es algo que se quedó.
—Volviendo al tema de Real España, me imagino que estás impregnado de lo que es el equipo, que tiene la racha más larga de su historia sin lograr un título. ¿Qué sentís que tiene de diferente este equipo respecto a los anteriores?
Es difícil hablar de los torneos anteriores porque cuando uno no está adentro no conoce a profundidad lo que pasa en la institución. Desde afuera veía y lamentaba que hacían muy buenas campañas y al final se caían en la parte más importante: semifinales, la triangular, incluso la última final que pierden contra Olimpia, donde estuvieron cerca, pero no lograron concretar. Tal vez desde afuera uno podía decir que había mucho joven y mucha inmadurez, porque el plantel de Real España es muy joven, con muchos cipotes, como decimos nosotros.
Ahora se han ido adaptando más, han ido creciendo y madurando, y eso es muy importante. En lo que llevamos del torneo el equipo se ha visto muy bien y ojalá podamos seguir con esa firmeza, asentándonos en cada partido para llegar bien en la parte mental y física a los tramos finales y conseguir ese ansiado título.
—Hablando de lo físico, te veo pleno, pero, ¿sentís que rendís mejor siendo titular o entrando de cambio? Porque viniendo de cambio has anotado varios goles.
Yo me siento cómodo de las dos formas. No soy de los que se molestan porque van a entrar de cambio. A esta edad uno aprende muchas cosas y no me voy a poner a hacer cosas de niño o de juvenil molesto. No lo he hecho y no lo voy a hacer en los últimos años de mi carrera, con una madurez mayor. Son decisiones que toma el técnico. Uno puede sentirse pleno, pero él ve otras cosas en los entrenamientos y decide si ponerte en el once inicial o guardarte para que entres de cambio. No tengo problema, gracias a Dios no he sufrido lesiones graves. Sí he tenido molestias que me han sacado uno o dos partidos, pero perderme mucho tiempo por lesión, gracias a Dios no.
—Eddie ¿qué tan duro fue caer en casa 6–1 contra Los Ángeles FC? ¿Qué tan golpeados se sintieron?
Mucho, fue difícil. Nunca te planteás un partido con ese resultado. Nos habíamos preparado bien y creíamos que estábamos en capacidad de competir, pero nos pasaron por encima; esa es la realidad. Pesaron mucho los goles tempraneros: que te hagan un gol de camerino es complicado y el equipo se vino abajo. En el 2–0 recuerdo que me acerqué al grupo y les dije: “Parémonos bien, no nos comamos una goleada, no nos comamos una humillación”, y al final así fue. Por más que quisimos replantearnos y pararnos mejor, el nivel de ellos era muy superior y se notó en fútbol y en goles. Dolió muchísimo y sigue doliendo, pero hay que darle vuelta a la página para que eso no nos afecte por mucho tiempo, porque estamos compitiendo en la Liga y no nos puede pasar factura.
—¿Cómo fue ese momento de intimidad en el mediotiempo y al final del partido? ¿Qué se dijeron?
En el primer tiempo el profe Jeaustin fue quien tomó la batuta para hablar, pero al final no se pudo recomponer el resultado. Sí mejoramos mucho en el segundo tiempo, hicimos mejor fútbol y nos plantamos mejor, pero el marcador ya era abultado, íbamos 5–0. Después, con el 6–1, en el camerino había silencio; en esos momentos uno no quiere hablar porque podés decir algo mal, que se malinterprete y termine peor. Hicimos lo de siempre: cambiarnos, hacer la oración y nos fuimos para casa.
—Esa celebración de pedir calma, ¿a quién va dirigida? ¿O es emulando a Cristiano?
No, para nada. Fue más que todo por el momento, porque fue contra Platense. Ellos iban ganando y nos estaban cantando hasta el “olé”. Se me vino espontáneo, no fue algo planeado. Cayó el gol y se me vino la celebración pensando en lo que la afición contraria estaba haciend eso, que están en todo su derecho. Pero salió de forma espontánea.
—Justamente contra Platense, club con el que debutaste, ahora bien. ¿Qué equipo eras de niño?
Siempre lo he dicho, nunca me he escondido: de niño fui motagüense, hasta convertirme en profesional. Cuando llego a Platense con 16 años, al estar en una institución diferente uno se arraiga a ese equipo. Hoy por hoy, Real España es mi sexto equipo en la Liga y uno le toma cariño a todos. Si hoy me preguntás de qué equipo soy, no tengo uno definido como antes; de niño decía que era Motagua. Ahora esto es mi profesión, es mi trabajo, así que soy del equipo donde estoy; en este caso, Real España.
—Contanos cómo se dio esa salida de Platense y tu llegada a Motagua, imagino era un sueño para vos llegar al club azul.
Sin duda, por lo que te decía que era motagüense de niño. Cuando salgo de Platense para ir al exterior, el equipo desciende en ese torneo de 2012. Yo estaba en Suecia y al regresar mi idea era continuar en Platense unos seis meses más y conseguir mis papeles para poder salir libre. La directiva, por el descenso, quería comprarle la plaza a Necaxa y estaba también la negociación con Motagua por mi fichaje. Con el dinero que iban a recibir por mi traspaso pensaban comprar la categoría. Yo no quería, honestamente, no porque no quisiera que regresaran a Primera, sino porque quería salir libre y estaba en mi derecho.
Pero por agradecimiento nos sentamos a hablar con el profesor Hermelindo Cantarero, que en paz descanse, una persona que aprecié muchísimo por lo que hizo en mi carrera y en mi vida personal. Él me dijo: “Quizás estás molesto, pero dejale algo al equipo, no te vayas libre; de cierta forma el club te lo va a agradecer”. Al final opté por irme a Motagua, ellos hicieron la compra y con ese dinero compraron la categoría a Necaxa.
—¿Entonces salvaste la historia de Platense, o ese descenso se los evitaste?
No sé si salvé la historia de Platense, pero sí contribuí para que regresara a Primera. Creo que hoy ya no es válido comprar categoría, después de eso se abolió, pero en su momento fue una contribución mínima para la institución. No lo hice para que se dijera en los medios; han pasado 13 o 14 años y hasta hoy lo cuento. No me molesta que no se haya hablado de eso, porque no era el fin, sino que era ayudar al equipo.
—¿Cuánto valió tu ficha, o sea cuánto pagó Motagua a Platense en ese momento?
Han pasado muchos años, pero si no estoy mal, creo que Motagua pagó 250 mil dólares por ese traspaso.
—Tu experiencia en Motagua no fue tan buena en cuanto a títulos. ¿Cómo la tomás, tomando en cuenta que tuviste varios regresos y salidas al extranjero?
Tuve muchas salidas y etapas en el exterior. Mi llegada a Motagua me ilusionó muchísimo por lo que el club representó en mi niñez. Estar dentro de la institución fue algo muy bonito, defender los colores que de niño apoyaba pero ya como profesional me llenaba mucho. Lastimosamente no logré quedar campeón; perdí tres finales con el equipo. Las veces que Motagua salió campeón yo estaba en el exterior, por cosas del destino. No tuve la oportunidad de ser campeón con ellos, pero el tiempo que estuve lo disfruté y lo valoré muchísimo.
Sus vivencias en Kazajistán, Irán, India y Arabia Saudita
—Fuiste legionario por mucho tiempo, ¿en cuántos países jugaste?
No tengo el número exacto ahora, son nueve o diez países, por ahí.
—¿Qué tanta experiencia adquiriste en esos países?
Muchísima, porque se aprende de todo, no solo de fútbol. Son idiomas, religiones, costumbres, comidas diferentes; en cada país vivís algo distinto. Fue una experiencia de mucho aprendizaje para mi vida y no la cambiaría, a pesar de lo lejos que estuve de mi familia y de mi país; cada experiencia fue muy productiva.
—¿Te considerás el futbolista hondureño trotamundos?
Sí, creo que junto con Rambo de León estamos ahí, no sé si se me escapa alguno. También he estado en ligas exóticas como Kazajistán, India, China, Arabia Saudita, Irán, además de Colombia, México, Suecia... No sé cuántos jugadores de la Liga Nacional pueden tener un currículum tan extenso, pero sin duda que mi currículum está lleno de países.
—De esas aventuras, ¿qué es lo que más recordás? Por ejemplo, en Kazajistán sos el único hondureño en ir allá. ¿Cómo es la liga de Kazajistán?
A nivel de fútbol es muy buena y competitiva, con muy buenos jugadores. Hay muchos africanos y extranjeros que hacen que la liga tenga un nivel diferente. Quizás por el clima hay mucha nieve y los campos no son muy buenos; la grama se quema y es difícil jugar en esas condiciones, pero la liga es competitiva. Para uno que viene de estos climas decalor la pasa duro porque no estamos acostumbrados al frío y al final te pasa factura.
—Pero a tí cómo te fue en el Irtysh Pavlodar, ¿cuántos goles anotaste?
En Kazajistán hice un gol nada más, porque mi período fue corto; de hecho no terminé el primer torneo, aunque mi contrato era por un año. El técnico español que me llevó fue despedido a los 4 o 5 partidos por malos resultados. El nuevo técnico, un kazajo, me marginó. El gol lo hice con el anterior, y ahí empecé a darme cuenta de cosas dentro de la institución que no beneficiaban mi carrera. Hablé con el presidente y me moví a Irán.
—¿Qué fue lo más raro que te pasó en países exóticos como Irán, Arabia Saudita?
En Irán cuando las cosas van mal hacen sacrificios con animales, es algo normal para ellos, pero totalmente diferente para nosotros. Llegué cuando el torneo ya iba por 3 o 4 fechas, jugué dos partidos que empatamos, y dijeron que había que hacer un sacrificio. Llevaron un cordero vivo y ahí mismo, en el acto, con su ritual y oración, lo sacrificaron. La sangre tiene que correr hacia abajo, en un desnivel como una rampa, y todos pisan la sangre al pasar. Yo me negué, éramos tres extranjeros y fui el primero en decir que no, por mis creencias religiosas: creo en Dios y nada más. Respeto lo que hace cada quien, pero no lo quise hacer. Ellos entendieron y respetaron mi decisión; las cosas siguieron igual, no cambió nada. Pasaron 5 o 6 partidos y nada mejoró (risas).
—¿Y en India qué tal fue la experiencia?
Muy buena. Quedamos campeones y ascendimos a Primera. Fue difícil en lo personal porque estuve solo 8 meses; mi familia vino 20 días, de los cuales compartí 11, y estuvimos 8 o 9 días de viaje. Al principio me chocó la cultura, las comidas y ver tanta gente en la calle sin orden, a diferencia de China, que es aglomerado pero ordenado. India es muy desordenada y sucia, pero lo futbolístico reemplazó todo eso.
—¿Qué hacías en tu tiempo libre en India?
La mayor parte sí, en el complejo donde vivía, que era bonito y tenía gimnasio, piscina y varias cosas. Compartía con un compañero argentino y con él salíamos a comer y a lugares turísticos, que sí tiene la India en variedad.
—¿Y en Irán y Arabia Saudita, países con problemas bélicos, cómo fue?
Gracias a Dios me tocó en un tiempo donde empezaban a complicarse las cosas, pero no me afectó. En Irán no podía andar en shorts ni camisas escotadas porque es ofensa; hay multas y policías religiosos con látigos para advertir y castigar. El equipo me advirtió y nunca me pasó ni lo vi. En Arabia era más con mi esposa ya que no podíamos tomarnos de la mano ni darnos muestras de cariño como un beso en la calle. Hay lugares solo para parejas o familias, si vas solo, aunque sea para comprar algo exclusivo, no te dejan entrar.
—¿Qué te quedó de todos esos choques culturales?
Darme cuenta de que cada país es una cultura diferente. Gracias a Dios nunca tuve un problema que me afectara. Más allá de creencias u origen, el respeto prevalece en cualquier parte del mundo, y si sos buena persona te tratan bien.
—De esos nueve países, ¿dónde disfrutaste más jugar, donde no querías irte?
Me pasó en China, por todo: la economía, la cultura, la comida y lo bien que me hicieron sentir. Tenía ilusión de quedarme. En México también quería quedarme, pero no se dio por ser préstamo y tener contrato con otra institución.
—¿Estuviste cerca realmente de llegar al Cagliari de Italia, o fue solo de medios?
Sí hubo posibilidad, tanto para Cagliari como para Bari cuando se fue Édgar Álvarez. Él nos contactó estando de vacaciones en Honduras, llegó a los entrenamientos de Platense para hablar conmigoy con Edgar Flores Crisanto, no sé si lo recuerdas, entonces habló con el profe Cantarero y nos dijo que había hablado en Italia para que fuéramos él y yo. La directiva de Platense no nos dio la oportunidad, no sé si por temas económicos u otra razón.
—Después de tantos años siendo legionario volviste a Honduraspara firmar con Olimpia, donde no eras titular fijo pero fuiste campeón. ¿Qué tal esa experiencia?
Muy bonita. Ya estaba adaptado a Tegucigalpa y pasar de una institución grande como Motagua a otra como Olimpia fue lindo. Somos pocos los que hemos pasado de Motagua a Olimpia y viceversa. Fue una transición bonita: conseguí títulos, pero a veces titular, a veces no, pero siempre aportando goles.
—¿Cómo es Pedro Troglio como técnico?
Muy exigente, yo te diría que de los técnicos que tuve en mi carrera, lo pondría en el top 3 de los que tuve. Te habla mucho, te comprende y busca tu mejor versión. Tenés libertad para hablarle de posiciones, minutos y eso hizo que Olimpia tuviera éxito con él.
—¿Cuál es ese Top 3 de técnicos para Eddie Hernández?
Primero el profe Héctor Vargas, fue el que me diolaoportunidad de debutar y con él aprendí muchísimo, fue uno de mis mentores sin duda junto con el profe Hermelindo Cantarero. De ahí Troglio y Primi Maradiaga, en ese orden.
—¿Qué tanto significaban en tu vida Hermelindo Cantarero y Héctor Vargas?
Mucho. El profe Hermelindo se tomaba el tiempo de ir a pueblos y municipios buscando talentos; radicaba en Tocoa y yo soy de Trujillo. Hizo un partido contra nuestra Sub-15, ganamos 5-1 con tres goles míos. Por mi estatura resaltaba del grupo y al final del partido me dijo que él estaba en Platense en Puerto Cortés y si quería probarme, eso fue en 2006 y el técnico era Roque Alfaro, pido permiso a mis padres, me lo dieron también en el colegio y me vengo, pero como estaba en tercero de ciclo, pero el profe Alfaro me dijo que me regresara a estudiar.
A mí me estaban dejando por Costly porque los dos llegamos en esa misma pretemporada. El profe me dijo que me dejaba a mí porque el otro era mayor porque Costly llegó como de 24 años. Como no me quedé por estudios, lo dejaron a él 6 meses, reventó y se fue a Polonia. A los 6 meses, al terminar el ciclo común, Platense me llamó de nuevo por medio del profe Cantarero y ahí empecé mi carrera profesional con el profe Vargas al frente.
—Siguiendo con el tema de Olimpia. Se va Troglio y llega Pablo Lavallén, ¿qué pasa?
La llegada de Lavallén fue de transición y de cambios para nosotros en Olimpia. Algo que pesó en el plantel fue que él quisiera cambiar radicalmente cosas a las que estábamos acostumbrados con Troglio y eso chocó bastante. Él cambió todo, nosotros veníamos de ganar los primeros cuatro campeonatos, de jugar con un 4-4-2 y él cambió toda la alineación e incomodaba. Respetamos, pero nadie se sentía cómodo. Al final eso pesó mucho y no logramos el pentacampeonato, a pesar de ser el mismo plantel.
Tema Selección Nacional de Honduras:
—En el proceso a Rusia 2018 con Jorge Luis Pinto, ¿sentís que ahí se te valoró más?
Sí, sin duda. Fue la eliminatoria con más participación mía y goles, estuvimos cerca de clasificar. El profe Pinto me dio mucha confianza. Recuerdo y lo mencionaba con varios compañeros que antes de irme a China me dijo en un hotel que contaba conmigo y no me fuera y le expliqué que ya había firmado y me dijo que sería difícil convocarme sin ver mis partidos.
Pero no dejó de hacerlo, de hecho, cuando no me convocaba me llamaba para avisarme: “Eddie, no te voy a tomar en cuanta porque quiero ver a fulano de tal, pero te aviso”. Cosa que no tenía por qué hacerlo porque él era el técnico y uno respeta las decisiones, pero lo valoro muchísimo. En las eliminatorias siempre me dio confianza y qué lástima que nos quedamos por poquito para clasificar, pero fue una eliminatoria bonita.
—¿Los entrenamientos eran extenuantes como dicen?
Sí, muy exigentes, largos y pesados. Creo que eso fue uno de las cosas que nos perjudicó como grupo, porque trabajábamos y nadie se paraba en los entrenamientos, pero mentalmente nos cansamos porque queríamos hablar con él y no era flexible hasta cierto punto y creo que eso generó fricción. Al final nos reunimos como plantel y dijimos: “Dejémoslo, que haga lo que quiera y enfoquémonos en clasificar”. Pero creo que reaccionamos muy tarde, faltaban dos o tres partidos y nos quedamos en el camino.
—¿Seguís soñando con la Selección a tus 35 años?
Honestamente no. Tengo 35 años y es tiempo de darle paso a los jóvenes. Hay que empezar de cero, están resurgiendo buenos jugadores que demuestran en liga y exterior, como Dereck Moncada. Hay otros que quizá desconocemos pero hacen bien las cosas. Es tiempo de abrirnos paso nosotros y darles oportunidad a los jóvenes con el nuevo entrenador y que comiencen de cero.
—¿Y a Keyrol Figueroa lo llamarías?
Claro que sí, por supuesto, está en Liverpool por sus condiciones, no por ser hijo de Maynor Figueroa. Hay que seguir a chicos que están en ligas superiores, como Leonardo Posadas, hay que darles seguimiento porque están en Europa en ligas superiores a las nuestras. Al final lo que uno quiere es seguimiento y confianza para desarrollarse. Es tiempo de un nuevo reto con jugadores nuevos.
—Regálame los 5 mejores delanteros del fútbol hondureño en la historia, o los que consideres...
Primero Carlos Pavón; segundo Costly; tercero Wilmer “Matador” Velásquez; cuarto Jerry Bengtson; y quinto yo.