Honduras

EL HERALDO regresa a casa con deportados

En un viaje histórico, EL HERALDO viajó en el
avión que trae de vuelta a compatriotas que despiertan del “sueño americano”. Fue un retorno singular y atípico, donde EL HERALDO acompañó a los
59 hondureños que regresaron a casa.

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07.04.2014

Para alcanzar el “sueño americano” Francisco Canales viajó 23 días por tierra. Pero para volver a la realidad, a Honduras, en condición de deportado, su vuelo tardó tres horas.

Fue un viaje singular y atípico. EL HERALDO, autoridades de Migración y del Centro de Atención al Migrante lo acompañaron (al igual que a 59 hondureños más), desde San Antonio, Texas, en este retorno a casa.

Con los rayos del sol pegándole en el rostro, a una temperatura cercana a los 40 grados centígrados, Francisco baja a la rampa aeroportuaria de uno de los tres buses que llegan a la terminal en Texas con 115 indocumentados que serán deportados hacia Guatemala y Honduras.

Con esposas en sus pies y manos, los pasos de Francisco son cortos y dificultosos. Eso, mezclado con el ambiente casi desértico del aeropuerto, su pelo desaliñado y la moral baja, parece que Francisco nunca dejó la ruta migratoria.

Sus zapatos deportivos van casi a rastras, por la inconveniencia de no tener sus ligas (cordones) y porque el paso con las esposas se reduce casi a la mitad de lo normal.

Seguridad obligada

Este connacional, originario de Copán, se encuentra a menos de 20 metros del avión que lo llevará de vuelta a Honduras, pero antes deberá hacer escala en Guatemala, para dejar cerca de 55 deportados de esa nación.

“No hay otra forma de hacer este proceso, todo es con el fin de garantizar la seguridad del vuelo”, explica un funcionario del gobierno estadounidense en torno al uso de esposas con los migrantes.

Antes de abordar todos los deportados, mujeres y hombres, son sometidos a una última inspección de seguridad para evitar que lleven cualquier artefacto, instrumento o arma que ponga en peligro el vuelo.

El proceso es observado a escasos 30 metros por autoridades de Guatemala y de Honduras que, a invitación del gobierno estadounidense, conocieron varios centros de detención de inmigrantes en Texas y viajaron ayer, por primera vez en la historia, en el mismo vuelo en el que regresan los retornados.

Cada uno de los 115 viajeros son colocados en asientos previamente definidos. Al menos una quincena de oficiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) se encargan de ordenar a los deportados en el interior del avión.

EL HERALDO le consultó al Director de Migración de Honduras, Venancio Cervantes, sobre las medidas de seguridad observadas y comentó: “Son procedimientos que cada país adopta para garantizar la seguridad de un vuelo, eso se respeta, sobre todo, cuando se nos da la oportunidad y la apertura de ver en el sitio el proceso completo”.

Cervantes, que también fue comandante de la Fuerza Aérea de Honduras (piloto), analizó que “nadie quiere que suceda un impasse en un avión y hay que considerar que no muchos vuelven felices de Estados Unidos, entonces se deben tomar las precauciones del caso... toda esta experiencia nos deja muchas lecciones”.

Dentro del avión

Antes del despegue se les ha indicado que no se les podrá quitar las esposas hasta que la aeronave alcance una altitud adecuada.

La única diferencia de este avión, con uno comercial, es que la alfombra que hay en medio de las filas derecha e izquierda de los asientos tiene bien marcados dos zurcos sucios, quizá creados por los inmigrantes al arrastrar sus pies por el uso de las esposas.

La mayoría de los deportados se duermen casi de inmediato. Otros, los más frágiles, piden asistencia médica para evitar mareos y vómitos.

Hay un silencio sepulcral de parte de los retornados. El bullicio viene de la parte frontal, de las primeras siete filas de asientos donde han sido confinados las autoridades guatemaltecas, hondureñas, EL HERALDO y la Radio HRN, los únicos medios de comunicación invitados para esta cobertura.

En la séptima fila varios oficiales del ICE ( Immigration and Customs Enforcement o Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) conforman una especie de barrera humana, para evitar el tránsito de personas en ambas vías.

A las 11:40 AM, los oficiales de la ICE toman sus asientos, distribuidos de manera estratégica a lo largo del Boeing 437-400, de la compañía contratada para efectuar estos vuelos.

A José Emilio Tobillas, otro catracho que habló con EL HERALDO, no le simpatizó la idea de venir durante cierta parte del vuelo con las esposas.

El equipo de la ICE comenzó, después de media hora de haber salido de Texas, a repartir comida y bebidas a los repatriados. Era la hora del almuerzo.

Pequeños murmullos se fugan de la parte trasera del avión. Ahora casi todos están despiertos, comiendo.

“Me han deportado dos veces, yo sé que esta vez nos dieron comida porque venían ustedes, porque en el resto de los vuelos ni siquiera nos quitan las esposas, menos nos dejan ir a los baños”, afirmó Rolando Amaya un deportado que habló después de aterrizar en Toncontín.

Al filo de la 1:20 pm las esposas pasan a unas cajas plásticas, como las que usan los panaderos para movilizar su producto.

Fila por fila reciben autorización para usar el baño, antes de tocar suelo guatemalteco.

La rigidez estadounidense

El orden se respira en el ambiente. EL HERALDO, considerando la calma que predominaba en el vuelo, pidió autorización para pasar a la cola del avión para hacer fotografías.

Pero antes EL HERALDO firmó un compromiso de Respeto a la Privacidad que exige la normativa estadunidense respecto a cualquier persona que esté bajo su custodia. Debido a eso, las fotografías tomadas por EL HERALDO en Texas y durante el tránsito internacional del vuelo, deben tener censurados los rostros.

“Queremos que se respeten nuestras leyes y así como exigimos que se nos respete nuestras leyes migratorias, por lo que son retornados muchas personas, también queremos que se les respete su integridad mientras estén bajo nuestra tutela”, dijo una oficial de la ICE.

Para evitar cualquier situación “emocional” los oficiales de la ICE no permitieron que las autoridades de Guatemala o de Honduras crucen “la frontera” hacia la fila ocho y las posteriores.


“Yo quería hablar con alguno de ellos mientras veníamos en el vuelo, pero no me dejaron, por cuestiones de seguridad entiendo que no se podía”, comentó Sor Valdette Willeman, coordinadora del Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR).

A EL HERALDO le fue otorgado un par de minutos para cruzar hasta la cola, pero con la condición de no hablar con nadie y de respetar el Acuerdo de Privacidad.

En Guatemala, el avión permaneció cerca de una hora. El vuelo es retomado al filo de las 3:00 pm. Media hora después llegan a Toncontín.

“Bienvenidos a su país, catrachos... catrachos cinco estrellas”, les dice Willeman por el altavoz del avión, una vez que los connacionales deportados quedan bajo su responsabilidad.

Los hondureños aplauden y uno a uno son llamados. Primero las mujeres. Está vetado levantarse y abandonar el avión mientras su nombre no sea mencionado.

Las mujeres y hombres forman dos grupos en la pista de Toncontín. Una vez que todos han salido del avión, Willeman escolta a las mujeres.

EL HERALDO se mezcló entre el grupo para dialogar sin ataduras sobre su travesía.

Francisco comienza a relatar su historia. Una vez en el Centro del Migrante se lleva la mano al pecho y por sus ojos asoma el llanto. Francisco se quiebra en pedazos y su corazón parece que lo traiciona de nuevo, porque no deja de darse masaje en el pecho.


“Nos trataron como animales... cuando me detuvieron pasaron cinco días sin dejarme bañar, tampoco lavarme los dientes...

No nos permitían limpiar nuestras celdas, teníamos que convivir con el mismo papel que nos limpiábamos cuando hacíamos necesidades”, dice Francisco Canales. “Yo confié en ellos, pensé que me iban a ayudar, pero me tuvieron un año detenido”, lamentó.