SERIE 5/5
Por el río Suchiate, que sirve de división política entre México y Guatemala, en los puntos fronterizos de Ciudad Hidalgo-Tecún Umán y Talismán-El Carmen, ingresa el mayor número de inmigrantes provenientes de Honduras.
En este trayecto hay huellas de esperanza, ilusión y deseo de progreso. Sin embargo, muchas de esas historias se quedan en el camino. Tapachula es un fiel testigo.
Una gran cantidad de estos ilusionados migrantes son mujeres que se quedan en los municipios fronterizos a trabajar en los bares, cantinas y centros nocturnos.
Es un punto que carece de vigilancia policiaca, abierto a todo tipo de ilegalidad, por donde ingresan para ambos países diversos productos comestibles y de abarrotes de contrabando, drogas, armas e inmigrantes.
La frontera Talismán-El Carmen también es utilizada por el Instituto Nacional de Migración (INM) para expulsar del país a migrantes centroamericanos asegurados en territorio azteca cuando intentaban llegar a Estados Unidos.
“Sin ningún problema crucé a México por la frontera, compré mi boleto y me subí al bus, pero me agarraron en la primera garita de migración y me regresaron a Honduras”, recuerda Ximena, una ilusionada mujer que quiso encontrar en el norte el éxito que no halló en Honduras.
Le dije a mi mamá que lo volvería a intentar, así que tomé mi bus de nuevo... Estaba sola y sin conocer a nadie, empecé a buscar trabajo, pregunté en todos los lugares donde decía que se solicitaban muchachas, pero en todos me pedían papeles.
“Mi trabajo no es malo ni ofende a nadie, solo tengo que atender a las personas y ser amable con ellos”, asegura.
Ella dice que cada día que pasa en tierras mexicanas es como si fuera una tortura, pero por la nostalgia que le da no estar con sus dos hijos “cuando veo sus fotografías lloro…. Es muy difícil dejar la familia”.
Aquí también labora Vilma, de 34 años, otra hondureña originaria de La Ceiba, madre de dos niños de siete y cinco años de edad, quien relata que salió de su país debido a la pobreza y la inseguridad.
“Si tenés un negocito tenés que pagarles a los mareros y si no te matan”, lamenta.
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Las cifras
Pero la “suerte” que enfrentan estas dos hondureñas en territorio mexicano no es la de todas. En 2011, el INM regresó a sus países de origen a un total de 49,140 “sin papeles”, siendo 16,301 de Honduras, 25,013 de Guatemala, 7,236 de El Salvador y 590 de Nicaragua.
Según estadísticas del INM, en 2011, en el mes de enero, se repatrió a un total de 1,050 hondureños: 901 hombres y 149 mujeres; en febrero la cifra fue de 1,299. De ellos, 1,164 son del sexo masculino y 135 del femenino. para marzo el número de repatriados fue de 1,739, siendo 1548 hombres y 191 mujeres.
En tanto que en el mes de abril los deportados fueron 1,463, siendo 1,314 caballeros y 149 damas hondureñas; para mayo la cifra de expulsados de México ascendió a 1,700. De ellos, 1,485 son del sexo masculino y 215 del sexo femenino. en junio las autoridades migratorias repatriaron a 1,385 catrachos: 1,242 varones y 143 hembras.
Ese mismo año en el mes de julio el número de hondureños deportados fue de 1,379, de ellos 1,251 son hombres y 128 mujeres; para agosto el INM reportó la repatriación de 1,464, siendo 1,270 del sexo masculino y 194 del sexo femenino; en tanto que para septiembre los datos arrojaron 1,566 migrantes deportados, 1,383 hondureños y 183 hondureñas.
En octubre la dependencia federal señaló que la cifra de deportados de Honduras fue de 1,401, de ellos 1,240 eran hombres y 161 mujeres. para el mes de noviembre la cifra de hondureños deportados bajó a 1,180, con 1,056 hombres y 124 mujeres, y en el último mes de 2011 la cifra descendió a 710 expulsados de México, 618 hombres y 92 mujeres.
Por esta frontera han ingresado la mayoría de las mujeres hondureñas que hoy trabajan en gran cantidad de bares, cantinas y centros nocturnos establecidos en todo el corredor migratorio de Chiapas, que abarca un aproximado de 20 municipios de la zona del Soconusco e Istmo-costa.
En su resumen estadístico, el Instituto Nacional de Migración reporta que en los primeros siete meses del año se han repatriado 15,505 migrantes hondureños; siendo el mes de marzo el que vio mayor número de deportados, con dos 2,854 personas, 1,612 caballeros y 242 damas.
En el río Suchiate desde que amanece se observa el ir y venir de balsas construidas con neumáticos de tractor y tablas, llevando a bordo hombres, mujeres y niños que cargan sus mochilas en la espalda. Algunos van a laborar en plantaciones de mango, banano y café de municipios fronterizos, pero la gran mayoría son inmigrantes en busca del “sueño americano”.
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Punto clave
Para muchos de los “sin papeles” la pesadilla del “sueño americano” empieza al pisar territorio mexicano, donde son víctimas de extorsiones por parte de las autoridades y son asaltados por delincuentes, así como asediados por coyotes que les ofrecen llevarlos sin ningún problema y de manera fácil a la frontera norte, pero en el camino son abandonados o entregados a la delincuencia organizada para exigir rescate a sus familiares por su liberación.
Las mujeres que viajan solas y sin dinero, con la responsabilidad de ser el único sostén de su familia y por temor a perder la vida, ser abusadas sexualmente o secuestradas por el crimen organizado, optan por quedarse a trabajar como bailarinas exóticas, en el sexo servicio o de meseras, aunque un grupo muy reducido se emplea como trabajadoras del hogar, en restaurantes o fondas, con un sueldo menor al salario mínimo y haciendo largas horas de trabajo.
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