Honduras

Hospital urge nueva unidad de quemados

Los pacientes corren el riesgo de contaminarse y hasta de morir porque la sala no cumple
con las normas de higiene necesarias.
Lleva 36 años sin ser remodelada.

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07.04.2014

La alegría que lo invadía por cumplir sus 24 años cambió de la noche a la mañana. Un trágico incidente marcó para siempre la vida de Omar Enrique Martínez Vallecillo.

El 20 de junio Omar Enrique celebraría a lo grande un nuevo año de vida, ahora sus razones para celebrarlo son aún más poderosas. Debe agradecerle a Dios que el accidente que sufrió no lo hiciera partir de este mundo.

Enrique es un humilde y amigable albañil originario del municipio de Orica, Francisco Morazán, y desde hace diez días tuvo un accidente laboral al electrocutarse con un cable de alta tensión mientras realizaba su trabajo.

Precariedad

Este joven es uno de los 18 pacientes que se vieron en la necesidad de ser operados la semana anterior en un quirófano improvisado, que se hizo para que una brigada estadounidense pudiera brindará sus servicios en el hospital Escuela.

La historia de Omar es parecida a la de muchos de los pacientes que ingresan a está sala que ha quedado desfasada debido a la gran demanda de internos.

Son cerca de 240 personas que anualmente son atendidos en esta unidad. Igualmente son alrededor de 30 o 40 los ingresos que mensualmente se dan de personas afectadas por quemaduras en diferentes grados, todos con un nuevo relato por contar.

Para conocer la historia de Omar Enrique, EL HERALDO ingresó a la sala de Quemados del hospital Escuela y de inicio se pudo constatar la precariedad de las instalaciones en las que son atendidos los internos, entre ellos el protagonista de esté relato.

El accidente

El jueves 7 de junio Omar ingresó a la sala de Emergencia del hospital, luego de haber experimentado un fatal accidente que cambió su vida por completo.

Según relató, el día del incidente se despertó temprano para salir a su trabajo en la zona de El Mayoreo en Comayagüela, lugar donde laboraba en la construcción de una casa.

“Ese día yo tuve un presentimiento raro, pensé en que algo podía pasarme. Me encomendé a Dios y le dije a mi esposa que orara por mí”, comentó.

Con su mirada fija en el suelo, como si tuviera pena de que vieran su rostro quemado y el vendaje que cubría sus manos y brazos lacerados, Omar relató su historia.

“No quería ir a trabajar, quería ir a visitar a mi hermana, la llamé a su celular más de cinco veces y nunca contestó, tuve que salir a mi trabajo aunque no quería”, dijo.

Sin tener otra alternativa más, Omar se dirigió a su trabajo, al llegar al sitio se cambió de ropa y se dispuso a desarmar un andamio que debía trasladar al tercer piso de los cuatro niveles de la casa. “Empecé a trabajar normal, pero estaba trabajando cerca de un cable de alta tensión, yo sabía que era peligroso y que tenía que tener mucho cuidado”, relató. Eran exactamente las 10:00 de la mañana, Omar ya tenía armado el andamio con la ayuda de uno de los ayudantes, sin saber que estaba a pocos minutos de enfrentarse a la peor tragedia.

Omar se quedó en silencio por un momento, miró sus manos y como pudo las juntó y con voz pausada continuó: “Estaba listo para construir una jardinera, tenía que medir a una altura de tres metros para que se distinguieran las plantas, cuando saqué mi cinta (métrica) empecé a medir, pero en ese momento ni se me ocurrió lo que me pasaría”, contó. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sus labios resecos parecían temblar, el solo hecho de volver a recordar el hecho que marcó su vida lo hizo sentir mal.

Después de un momento, Omar estaba listo para continuar: “Dios estuvo conmigo en ese momento, yo no estuviera aquí si no hubiese sido por él”.

“Empecé a levantar la cinta por toda la orilla, cuando el metro llegó arriba yo me dije ‘llegué’, porque era muy difícil, en ese momento sentí un descanso, pero de pronto la cinta se dobló hacia mí y atrás estaba el cable de alta tensión”.

La cinta métrica de Omar pegó con el cable de alta tensión y, aunque comentó que quiso soltarlo, fue muy tarde, la electricidad quemó su cuerpo y le causó quemaduras de tercer grado.

“Sentí un calambre por todo mi cuerpo, sentí que iba a caer en otros alambres que estaban abajo y me abalancé hacia la pared para no caer, vi mis manos, estaban totalmente quemadas y mi mano izquierda estaba sangrando”, relató. Omar comentó que, luego de ser trasladado al hospital, los médicos le aseguraron que llegaba en buen momento porque la brigada lo atendería y no correría el riesgo que a diario tienen los demás internos.

¿Riesgo?

¿Pero cuál era ese riesgo del que le advirtieron a Omar?

No solo se trata de las instalaciones precarias en las que son atendidos, sino que también de la falta de un quirófano dentro de la unidad.

Según Manuel Boquín, médico de la sala de Quemados del hospital Escuela, cada dos años una brigada visita el hospital y se crea un quirófano improvisado.

A nivel mundial se maneja la norma de que los quirófanos deben estar dentro de la sala para mantener apartados del ambiente a los pacientes.

Esta norma es violentada en esta sala, según Boquín, porque la unidad de quemados no cuenta con un quirófano dentro de las salas.

Normalmente el paciente es sacado de las salas y llevado por el ascensor desde el tercer piso hasta el segundo, exponiendo a la persona a infectarse.

“Esto es indebido, pero lo hacemos, el paciente tiene que trasladarse a los quirófanos y esto se hace en el mismo ascensor donde bajan cadáveres, suben comida o pacientes”, declaró.

Esto podría cobrarse la vida de un paciente. según el Galeno, “una bacteria que sea normal para cualquiera de nosotros que tengamos piel, para ellos es mortal porque no tienen piel y fácilmente se pueden contagiar en las ascensores”.

Desde la creación de la sala de Quemados, allá por 1976, no se ha realizado ninguna remodelación; el poco espacio con el que cuenta impide que se cumpla la norma de tener un quirófano dentro para evitar la infección el los pacientes.

Esta situación pone en riesgo la vida de los pacientes quemados que, en lugar de encontrar una mejoría para su condición, pueden hallar la muerte.

Boquín aseguró que urge una sala de quemados realmente funcional para poder atender la gran demanda que tienen la población.

Actualmente solo la sala de niños quemados cuenta con las normas debidas para el tratamiento.

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