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sensible despedida para un ser humano ejemplar

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20.05.2015

Tegucigalpa. Dos enormes mantas con su fotografía y su famosa frase “ánimo y con más fe”, colgadas en el altar del Santuario de Suyapa, fueron el último homenaje que sus compañeros le dieron a Danilo Aceituno.

El comunicador y locutor católico fue despedido ayer en una emotiva eucaristía presidida por el obispo auxiliar de San Pedro Sula, Rómulo Emiliani, a quien le acompañaron los obispos de Copán, Darwin Andino y de Choluteca, Guido Chamborneau, presbíteros y diáconos.

En el interior del Santuario, su viuda Sandra Lorena ávila, acompañada de sus cuatro hijos, recibió las últimas frases de aliento de los fieles, que desde la muerte del comunicador, llegaron por decenas al templo de la patrona de Honduras.

En cada momento de la eucaristía los asistentes elevaban oraciones por su hermano, amigo o simplemente por la voz potente y llena de energía que les llevaba el mensaje de la Buena Nueva a través de Radio Católica o Suyapa TV.

En su homilía, monseñor Emiliani definió a Danilo como un hombre de sonrisa amplia y sincera, un hombre recto que vivió para servir a Dios y a la Iglesia. El esposo fiel y padre abnegado que amó a su familia.

El obispo narró cómo Danilo, en su lecho de muerte, no solo se puso en comunión con Dios, sino que renovó los votos de matrimoniales con la mujer con la que compartió 19 años de su vida y cuatro hijos. Emiliani resaltó cómo el comunicador, fiel a las enseñanzas de Jesús, goza ya de la presencia del Padre Celestial y espera como Lázaro la promesa de la resurrección.

Al concluir la eucaristía, donde se leyeron acuerdos de duelo y una carta enviada desde el Vaticano por el cardenal óscar Andrés Rodríguez, donde lo llamó hijo y recordó su vocación de servicio, su lucha en favor de la evangelización y su enorme sonrisa, la esposa del locutor, agradeció el apoyo recibido y reiteró su convicción de que su Danilo ya descansa en los brazos del Señor.

Luego de la bendición, el féretro fue cubierto de incienso y llevado fuera del templo, en medio de una valla humana de sus compañeros de Suyapa Medios, hasta su última morada en el cementerio San Miguel Arcángel, donde, entre cantos y globos blancos y amarillos elevados al cielo, el pueblo católico le dijo adiós a su hijo más querido, a la voz de Suyapa.

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