Mañana se rinde honor a las abnegadas madres de Honduras. Y en este marco les rendimos tributo a todas en cualquiera de los ámbitos en los cuales se desenvuelven.
Hoy compartimos la historia de dos damas de la sociedad capitalina que se distinguen por tener hogares consolidados y ejemplos para las nuevas generaciones, pero también se les conoce por su labor altruista de manera silenciosa desde hace muchos años en organizaciones sin fines de lucro. Nolly Geadah Kafati y Regina Isabel Pinel viuda de Aguilar Paz comparten con nuestros lectores sus historias de amor y entrega.
Ambas son consideradas madres ejemplares que han logrado ser un modelo de abnegación, sacrificio y bondad no solo para sus seres queridos, sino para las madres de este nuevo siglo.
Para ellas no existe una sociedad bien constituida y cimentada si la familia no logra consolidarse. Estas damas, poseedoras de innumerables virtudes, coinciden también en que hay que dar un buen ejemplo para crear conciencia y las buenas costumbres dentro del círculo familiar.
Comparten dos cosas: su gran corazón por los desprotegidos y en tener ya una cuarta generación en sus familias.
Ellas han sabido llevar muy bien los papeles que la vida les deparó. Ser esposas, madres, abuelas y bisabuelas, pero sin olvidar que los demás personas necesitan de una mano amiga, por eso se han involucrado en actividad altruistas en instituciones como Arca de Honduras, Club Charter 100 y el Club de Jardinería de Tegucigalpa.
Doña Nolly Kafati
Es un rostro muy conocido dentro de la sociedad ,pero dentro de ella hay una verdadera representante de las causas sociales. Nos referimos a Nolly Geadah de Kafati.
Ella se describe como una madre completamente realizada que ha sabido combinar su tiempo perfectamente entre sus labores como mamá, esposa y militante activa en la Fundación Arca de Honduras y Club Charter 100.
“Cuando yo me casé me dispuse tener casi de inmediato mis hijos y Dios me lo cumplió, porque en pocos años me vi con cuatro hermosos niños que llenaron mi vida de amor y ternura. A la par de que ellos estudiaban yo traté de seguir mis estudios de diseño de interiores y logré culminarlos con éxito. Cuando ya mis hijos estaban adolescentes algunos y otros culminado estudios universitario, el Señor nos bendijo con un quinto retoño, que lejos de preocuparnos por su crianza, nos dio más energías y abundantes bendiciones. No puedo visualizar mi vida sin ser madre, esa es una experiencia que llena mi vida por completo”, manifestó nuestra madre altruista mientras contemplaba con mucha ternura fotos de su familia que se encuentran adornando cada estancia de su residencia.
Doña Nolly dice que el éxito de una familia es que la madre cumpla a cabalidad con su rol, que antes de cualquier decisión, tome en cuenta primero el bienestar de su esposo y de sus hijos.
“La familia lo es todo en esta vida y si por ellos trabajamos, eso no significa que los debemos descuidar. Siento que uno nunca deja de ser madre, los hijos aún ya grandes, profesionales y con sus familias bien establecidas, nunca dejan de necesitar de nosotras, y yo creo que he cumplido bien mi trabajo porque siempre estoy cuando me buscan y me necesitan”.
“A esta etapa de mi vida cuando me reúno con mi familia y veo que mis hijos son hombres y mujeres de provecho, sobresalientes empresarios, que han forjado familias sólidas, que mis nietos me quieren y que muchos ya han culminado sus estudios universitarios puedo estar tranquila y segura de que yo he cumplido mi misión de haber engendrado personas de bien y conscientes de que con sus acciones ayudan a sacar adelante esta segunda patria que los vio nacer, crecer y desarrollarse”.
Para ella su vida no podría estar completa sin las acciones que realiza en Arca de Honduras y Club Charter 100. Su juventud y su energía la llevaron a distribuir su tiempo de amorosa y dedicada madre con sus ganas de ayudar al prójimo.
Y es así como se interesa en colaborar con varias instituciones hasta que junto a un grupo de amigas dentro de las que sobresale Micky de Pineda fundaron hace 38 años Arca de Honduras.
Son muchas las anécdotas que tiene para compartir de sus acciones humanitarias, pero sin duda la que más la conmueve cuando la recuerda es la Asociación Hondureña de Servicios Legales, oficina dedicada a darle asesoría legal a los presos sin condena, actividad que sostuvo con el apoyo de su esposo, amigos y donaciones por casi veintidós años.
Esto lo logró mediante un convenio con las autoridades de la UNAH que tuvieron a bien apoyar el proyecto. Club Charter inicia también con ella hace ya más de quince años.
Esta organización se dedica a becar a niños de escasos recursos económicos.
La señora Kafati está convencida de que el predicar con el ejemplo ayudó para que miembros de su familia sean actualmente parte de instituciones de ayuda comunitaria como Infracnovi, de la cual su hija Dina es la presidente.
También sus nietas apoyan Operación Sonrisa.
Doña Regina Isabel Pinel Vargas viuda de Aguilar Paz
Es una dama ampliamente conocida en el ámbito social capitalino y podríamos decir que su mayor carta de presentación es ese don especial que reina en su corazón para ayudar al prójimo, particularmente si se trata de niños que carecen de amor, protección y oportunidades para salir adelante.
Doña Regina Isabel Pinel Vargas viuda de Aguilar Paz, maestra de profesión, secretaria bilingüe y altruista de corazón, nos comparte el banquete de triunfos y experiencias hermosas que ha cosechado en su vida desde que se convirtió en madre.
Con una sencillez que adorna ese rostro angelical que la caracteriza y sentada en la comodidad de la sala de su residencia familiar, doña Regina nos comparte con enorme satisfacción sus experiencias como madre, abuela y ahora bisabuela. “Le doy gracias a Dios por la vida que me ha dado y por el tiempo valioso que me ha permitido ver a mis cuatro generaciones hasta la fecha”, expresa.
El privilegio de ser madre lo tuvo a sus 20 años, cuando dio a luz a su unigénita Regina María, un destello de luz que vino a alumbrar el hogar que había formado al lado de su esposo Rafael Aguilar Paz (QDDG). Junto al preciado retrato de su madre Mercedes Vargas Moreira (QDDG), a quien considera una de sus principales fortalezas para mantener esta admirable configuración familiar, nuestra entrevistada confiesa que el hecho de permanecer estrechamente conectada a ella le permitió conocer muchas pautas para lograr un equilibrio entre el trabajo, sus actividades de altruismo y su familia.
“Mi mamá ejerció la docencia durante 50 años y gracias a Dios su entrega al trabajo fue digna de especiales reconocimientos, algo que me llenó de mucha satisfacción porque de alguna manera esto fue un gran espejo en mi vida”, comenta.
Al verla junto a su hija Regina María, es muy fácil percibir que ambas están relacionadas por otro vínculo especial, ya que cuando su hija la honró con el privilegio de convertirla en abuela, con la llegada de sus dos nietos Juan Diego y Gabriela Zelaya, oportunamente estos dos nuevos miembros de la familia le dieron un giro total a su vida.
“Los niños me encantan y debido a un accidente que sufrí desde joven no pude procrear más hijos, pero yo siempre he amado a los niños y eso ha sido mi mayor inspiración para dedicar gran parte de mi tiempo a contribuir al éxito y la felicidad de otros pequeños a través de las diferentes organizaciones benéficas a las que pertenezco”.
A lo largo de su admirable trayectoria altruista, esta dama ha reafirmado sus valores familiares y al mismo tiempo ha construido un espacio para que sus generaciones también demuestren esta cultura de ayudar al prójimo con acciones de cariño, respeto y solidaridad hacia las personas que más lo necesitan.
Actualmente es la secretaria de la junta directiva de la Sociedad Amigos de los Niños, dirigida por sor María Rosa desde hace 41 años, le encantan las flores y esa ha sido la motivación principal para formar parte del Club de Jardinería de Tegucigalpa y también pertenece al Club Chater 100, organización que considera una ventana de oportunidad para estimular el crecimiento intelectual de los niños a través de las becas que se otorgan a los alumnos de excelencia académica y de escasos recursos.
Pero detrás de todas esas conmovedoras expresiones de ternura existen cuatro razones más que suficientes que las justifican, y es aquí donde doña Regina comienza a compartirnos otro hermoso capítulo de su vida: sus bisnietos. Santiago, Nicolás Enrique e Ignacio, hijos de su nieto Juan Diego Zelaya, y el cuarto integrante de esta nueva generación Rodrigo, hijo de su nieta Gabriela Zelaya, han coronado sus retos, sueños y triunfos como madre, abuela y bisabuela.
Visiblemente emocionada, la dama confiesa sentirse
muy orgullosa de ver como su única hija también se inclina por la vocación de servir a otros, ya que actualmente Regina dirige una “Escuela Mágica” en San Juancito donde se imparten talleres de arte a niños con carencia de recursos para este tipo de formación.
“Me siento feliz de ver que mi hija ha logrado sus metas y que con este tipo de iniciativas como la escuela taller ha contribuido a que muchos niños logren sus sueños al igual que ella”, agrega la matriarca.
Con letras mayúsculas y con su rostro lleno de felicidad, doña Regina se considera afortunada al tener una familia ejemplar, a la que ama y seguirá apoyando hasta que sus ojos se cierren, y a pesar de que cada uno de ellos ha optado por seguir caminos difíciles como el arte y la política, entre todos ellos reina la pasión y la verdadera vocación de procurar el bien de los demás.
Amor, confianza y respeto mutuo son bases fundamentales que han ayudado a construir
la familia ejemplar de esta honorable dama, un modelo a seguir para las futuras generaciones.